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En el mundo entero causó consternación la masacre de El Paso, Texas, los primeros días de agosto, las muertes y el terror se reiteraron en Odessa, Texas este 1 de septiembre. Sin embargo, los actos de terror que se dieron el 7 de agosto contra la comunidad inmigrante latina no tuvo tanta difusión mediática. Esta vez sucedieron en 7 plantas procesadoras de alimentos para animales en Bay Springs, Carthage, Canton, Pelahatchie, Sebastopol y Morton en Mississippi. En los operativos participaron 600 agentes de ICE, con helicópteros y varios autobuses para transportar a los detenidos, también estuvo presente el fiscal general de ese estado Mike Hurst, supervisando el desarrollo del operativo en Morton. Se dice que capturaron a 680 inmigrantes, en su mayoría latinos, convirtiéndose en el más grande operativo implementado por ICE hasta ahora en un solo Estado.

Por Corriente Obrera (EEUU), La Voz de los Trabajadores (EEUU), Corriente Socialista de los Trabajadores (México)

Estos actos represivos que sucedieron en la compañía Koch Foods Inc., en Morton, Mississippi, arrojan datos de particular importancia. ¿Quiénes son sus dueños? Los multimillonarios hermanos Charles y David Koch –con una fortuna estimada de cada uno de ellos en 60 mil millones de dólares. Según la revista Forbes, se ubican en un octavo lugar de los más ricos del país. Familia muy influyente en la política de Washington porque Koch Industries es la segunda mayor empresa privada del país y tienen muy diversos intereses que van desde el petróleo hasta las toallas de papel.

Estos señores tienen el “mérito” de ser quienes ayudaron a Trump a llegar a ser presidente, aportando enormes cantidades de dinero. Financian organizaciones que niegan la existencia del cambio climático, también respaldan económicamente a los que atacan a los sindicatos de trabajadores.

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Sobre estos personajes el profesor de la American University, Charles Lewis ha señalado que los hermanos Koch son la empresa política más activa y poderosa, que invierten millones para que los políticos en Washington apoyen las propuestas conservadoras y medidas para la desregularización de la economía, como así también las políticas de odio contra los inmigrantes.

Es decir, los trabajadores inmigrantes capturados estaban trabajando para estos señores, millonarios corporativos que odian a los inmigrantes y a la clase trabajadora. Cuando su inmensa fortuna se generó con las jugosas ganancias, producto de la súper explotación diaria de los mismos obreros, a quienes terminaron “pagándoles” con redadas, cárceles y deportaciones.

Estos hechos de persecución y discriminación muestran el trasfondo: la confrontación entre la clase trabajadora y los patrones, entre pobres y ricos, entre explotados y explotadores.

Y ese trasfondo nos debe servir para comprender que la crisis que afecta a los trabajadores inmigrantes, no es un problema que se da sólo por la falta de un sistema migratorio amplio y humanitario, sino que el centro de todo esto está en la naturaleza del sistema capitalista y la voracidad creciente de las corporaciones para obtener más ganancias de forma más rápida. Y esa insaciable codicia no apunta solamente contra los trabajadores inmigrantes, sino contra todos los trabajadores, incluso los de raza blanca y raza negra nacidos en el país. Pero que, por el momento para engañarles, dividir y facilitar la explotación, se le da una cobertura de ser sólo contra los inmigrantes latinos a quienes criminalizan cada vez más. El objetivo es que los otros sectores de la población no salgan en su defensa.

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Para esta campaña de odio se monta entre las masas una falsa ideología, que poco a poco ha venido ganando espacio: ser inmigrante indocumentado y querer trabajar es considerado un crimen no solo por el gobierno, sino también por el ciudadano común. Este planteo no existía antes y fue propuesto primero por Jimmy Carter y aprobado después por Ronald Reagan, lo que nos lleva a ver cada vez con más claridad: los diferentes gobiernos demócratas y republicanos han discriminado y criminalizado al obrero inmigrante. Pero no así las ganancias millonarias que ellos produjeron. Nadie discrimina las fortunas que las empresas obtuvieron por la explotación de los trabajadores inmigrantes. Nadie explica quiénes son los que se benefician con el “delito” de los trabajadores sin documentos.

A esto se suman las crecientes masacres cometidas por racistas, supremacistas blancos, nazis y fanáticos religiosos, que son amparados por la retórica oficial y tienen fuertes vínculos con el poder económico y político. Cuentan con el apoyo de un sector de los millonarios del país y también de altos mandos de las instituciones armadas, cuerpos policiales, el Pentágono y el Congreso.

Para combatir esta cínica maraña de discriminación, opresión y explotación es que continuamos llamando a salir en defensa de los inmigrantes y a UNIR a los trabajadores de todas las razas, orígenes y religiones para rechazar las políticas brutalmente represivas del gobierno Trump.

¡Alto a las redadas contra los inmigrantes en todo el país! ¡El ataque contra uno, es un ataque contra todos! ¡Derechos plenos para todos los inmigrantes, DACA, TPS, e incluir la reunificación familiar! ¡Ni un solo ser humano es ilegal!