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La pandemia del Covid-19 con su estela de muerte está desnudando cada vez más las lacras del perverso sistema capitalista, dominante en el mundo entero. Y la velocidad de propagación del virus muestra hasta qué punto son absurdos los muros y barreras con que los gobernantes pretenden segregar y marginar a los más vulnerables, amenazados por la falta de techo y sustento. Y, también, hasta qué límites genocidas son ineptos los “sistemas de salud pública” para cumplir con la función que anuncia su nombre, convertido en una burla macabra. Y hasta qué punto la salud, convertida en mercancía por la privatización, tampoco ampara a los que pagan cuantiosas sumas por los seguros médicos. La refracción en México de esta degradación social, tiene rasgos particulares –aunque no únicos ni originales– que la hacen especialmente repudiable: la hipocresía del gobierno ante la insultante desigualdad social.

Por CST-México

La frase del título expresa el razonamiento irresponsable que se vino repitiendo en los mensajes del presidente AMLO y del Subsecretario de Salud, el Doctor Hugo López-Gatell Ramírez –que también atendió la crisis por la influenza AH1N1 durante la presidencia de Felipe Calderón en 2009. López-Gatell ya cobró notoriedad como vocero oficial del supuesto combate al Covid-19 y, en especial, por sus polémicas afirmaciones públicas[1].

El Doctor López-Gatell sentenció: “No perdamos de vista que cada país tiene una realidad distinta. El 50 por ciento de la población vive en condiciones de pobreza, esto significa que la mitad de la población vive al día” … “familias enteras se pueden ir a la quiebra si tomamos medidas extremas”. Y añadió “si asfixiamos a la economía del país puede tener consecuencias devastadoras, más que la epidemia del coronavirus”. Es realmente extraño y paradójico que el responsable directo de la promoción de salud y el combate a la pandemia haga apocalípticas declaraciones sobre la economía del país y los peligros de una recesión –un tema que, en todo caso, le corresponde al Secretario de Hacienda– para justificar que no se debe declarar una cuarentena con suspensión de actividades.

Magnate banquero salió en persona a la palestra pública

La extrañeza por los pronósticos socio-económicas de López-Gatell duró poco. Fue hasta tener esta semana el testimonio directo y explícito de Ricardo Salinas Pliego, uno de los autores intelectuales, que dictan estas expresiones “tranquilizadoras” de AMLO y sus secretarios, que llamaron a “no entrar en pánico” e ir a comer a restaurantes y fondas para no dañar la economía. Este multimillonario magnate y presidente de Grupo Salinas, dueño mayoritario del Banco Azteca (a través de cual fluyen los subsidios oficiales a grupos sociales vulnerables), de TV Azteca, Italika y de la cadena Elektra de ventas de electrodomésticos y vehículos livianos en casi todo el país, entre otras numerosas empresas. Salinas Pliego es miembro del Consejo de Asesores Empresarios del actual presidente. Digamos de paso, que con estos datos queda en evidencia la absoluta falsedad de la “separación del poder económico y el poder político”, que fue uno de los famosos “postulados electorales” de AMLO.

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Salinas Pliego salió furioso al cruce de las medidas obligadas al entrar en México en la Fase 2 de la epidemia, adoptadas a partir del 26 de marzo por la expansión acelerada del coronavirus. Según éstas, se recomienda el distanciamiento social, cerrar comercios no preponderantes y evitar acudir a lugares de trabajos concurridos. Afirmó que con estas acciones «pronto México morirá de hambre», por lo que llamó a la gente a no entrar en pánico y salir a trabajar. Durante esa conferencia señaló que «la vida tiene que continuar» y que el país no puede darse el lujo de tener todos sus lugares vacíos por un «virus que no es de alta letalidad»… «Como van las cosas, parece que no vamos a morir de coronavirus, pero sí de hambre. En México, la inmensa mayoría de la población no vive de un sueldo, de sus ahorros o del gobierno, la mayoría viven al día. Si esa población deja de generar ingresos hoy, mañana no tiene qué comer, como tampoco tendrán qué comer si paralizan todas las actividades de tajo. Eso desatará pronto la delincuencia, la rapiña y el caos porque el estómago no sabe esperar» (https://www.mediotiempo.com/otros-mundos/coronavirus-mexico-salinas-pliego-habran-muertes-hambre). 

El apasionado y elocuente llamado a “salir a trabajar” de uno de los más ricos capitalistas de México, evidencia que está muy al tanto de la pobreza extrema en que vive la mitad del pueblo mexicano. Desnuda su pánico patronal a las masas hambrientas “porque el estómago no sabe esperar” y también desenmascara su repentina y falsa filantropía, cuando define a la lucha social como “la delincuencia, la rapiña” …

Sin embargo, no consta en su confesión pública que, tanto él como Carlos Slim y su Grupo Carso, Banco Inbursa y Telmex, como Bailleres y su Grupo minero Peñoles, Palacio de Hierro y otros oligarcas mexicanos, junto a las transnacionales financieras, petroleras y mineras beneficiadas por el T-MEC, son las responsables de la miseria y desamparo en que apenas subsisten 60 millones de mexicanos. Sólo la familia Slim, la que más acumuló de todos ellos, declara una fortuna de más de 60 mil millones de dólares. Salinas Pliego acumuló más de 11 mil millones (según la revista Forbes). Toda esa “mafia del poder” junta controla más de 120 mil millones de dólares. Salinas ocultó en su apocalíptico discurso que en México, en manos de esa “minoría rapaz” hay mucho dinero, muchas, muchas riquezas a costa de la espantosa miseria y al hambre de “la inmensa mayoría de la población… que “viven al día”… que “mañana no tiene qué comer”…

¿“Para bien de todos, primero los pobres”? 

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Ya vemos que en México hay muchos recursos para declarar una cuarentena general para frenar de tajo los contagios, y no caer en el plan genocida de Salinas Pliego. En México hay recursos de sobra para hacer masivamente los test de contagio gratis. En México hay recursos para instalar camas y equipos de Terapia Intensiva necesarios con respiradores mecánicos y no la burla actual –Tres mil Unidades de Terapia Intensiva, cuando según el cálculo más austero son necesarias veinte mil para la población que tiene este país–, que se está colapsando a medida que aumenta el número de casos.

Hay muchos recursos. Sin embargo, lo que pasa es que esos recursos están en manos de los oligarcas y todos los capitalistas. Y ellos nos quieren mandar de “carne de cañón” al matadero de la producción, para que no se achiquen sus colosales ganancias, para que no se asfixie su economía, aunque nos asfixien las neumonías de su pandemia.

“Para bien de todos, primero…”. ¿Dónde quedó esa famosa frase electoral con que AMLO se ganó la confianza y el entusiasmo de las masas? ¡Basta de farsa! Todo lo que ha hecho y hace hasta ahora desvirtúa bastante esas expectativas de millones de trabajadores.

Ante la emergencia del coronavirus debemos unirnos todos los trabajadores, los explotados y oprimidos, todos los “condenados de la tierra” y luchar por nuestra subsistencia, por la vida y la salud de nuestras familias, nuestros niños, de nuestros adultos mayores, que tantas décadas han dado todo y han recibido casi nada. Y unirnos para exigir al gobierno que disponga esas enormes fortunas, acumuladas a costa de la explotación de millones y del saqueo del patrimonio del país, al servicio del combate a la pandemia:

  • Impuesto de emergencia a todos los grandes capitales de la oligarquía y las empresas multinacionales. Suspensión temporal de los pagos externos a los usureros internacionales y al Banco Mundial, etc.
  • Test gratuito para toda la población de contagio por Covid-19. Atención universal sin exclusiones de salud pública y gratuita para todos los habitantes e inmigrantes.
  • Poner todos los hospitales y clínicas privadas a disposición de la Salud Pública y a todos los hoteles de turismo –que hoy está paralizado– para la atención y aislamiento de los contagiados y el alojamiento de las mujeres amenazadas por la violencia de género.
  • Dispensar del trabajo –por el período de la cuarentena con salario pleno y prestaciones– no sólo a los grupos de riesgo ya definidos, sino a todos los que no tienen tareas en la producción o en servicios esenciales.
  • Suministro de protección especial, aumento salarial y reducción de jornadas a todos los trabajadores de la salud, transporte, de servicios esenciales y de alimentación básica.
  • Subsidios estatales a todos los trabajadores autónomos y préstamos a tasa cero a micro empresarios de la ciudad y el campo.
  • Provisión gratuita de despensa, alimentos y medicamentos a todos los sectores vulnerables de la población nativa e inmigrante.
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Nota:

[1] Durante su conferencia matutina del 16 de marzo, el presidente Andrés Manuel López Obrador fue cuestionado por el contacto físico que mantenía con personas de comunidades durante sus giras y cuando se haría una prueba de COVID-19. A esto, López-Gatell respondió que “La fuerza del presidente es moral, no es una fuerza de contagio, en términos de una persona, un individuo que pudiera contagiar a otros… El presidente no es una fuerza de contagio… o al revés…”.