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Hemos escuchado infinidad de veces los discursos de AMLO, criticando a los anteriores gobiernos neoliberales, denunciando la política económica que beneficia a la “minoría rapaz” y subrayar que su administración es diferente, que la 4T, “Cuarta Transformación acabará con la corrupción y será la base del desarrollo para la sociedad mexicana”. Sin embargo, la resonante renuncia del Secretario de Hacienda, Carlos Urzúa ha expuesto las incongruencias del gobierno de López Obrador, ha revelado sus grandes limitaciones y evidenció el fracaso del intento de “conciliar lo irreconciliable”.

Por Itze Roque, colaboradora

Por un lado, el presidente ha dado en su gobierno una decisiva influencia a empresarios y tecnócratas, metidos hasta la cocina del gabinete, como son: Alfonso Romo, Jefe de la oficina de gobierno, Esteban Moctezuma, Secretario de Educación, el ex secretario de Hacienda Carlos Urzúa y el propio Arturo Herrera, que era subsecretario y actualmente Secretario de Hacienda y otros. Todos ellos garantizan la aplicación de políticas “recomendadas” por los organismos financieros internacionales en beneficio de la alta burguesía. Por otro lado, ha hecho muchas promesas a sus votantes. Entre ellas crecimiento anual del 4%, incrementos salariales, inversión en refinerías y programas sociales para las clases más desprotegidas. El nombre del Secretario de Hacienda, sea Urzúa o sea Herrera, no cambia absolutamente en nada la esencia de las irresolubles contradicciones al interior de la 4T, ya que la política económica sigue siendo la misma. La disputa es por conflicto de intereses: ahora es otro grupo el que se beneficiará mayoritariamente, pero para el resto de la sociedad, sobre todo para las clases trabajadoras, el panorama es la depresión.

Desde su discurso el 1° de julio de 2018 AMLO dejo un claro mensaje para los centros imperialistas: “se respetará la autonomía del Banco de México [BANXICO]; el nuevo gobierno mantendrá disciplina financiera y fiscal; se reconocerán los compromisos contraídos con empresas y bancos nacionales y extranjeros.” Con lo cual, deja prácticamente intocada la política macroeconómica de administraciones anteriores. La autonomía de BANXICO implica seguir con tasas de interés altas, lo que deprime la economía y la inversión productiva nacional, sostienen el peso a un tipo de cambio que favorece a los importadores, manteniendo el control salarial (bajos salarios).

Tras 100 días de gobierno de la 4T, especialistas valoraron que, “ha habido un manejo responsable de las finanzas públicas, en línea con la disciplina y austeridad plasmadas en el Paquete Económico 2019. Ya que se cumplió el compromiso de mantener un superávit primario de casi 16 mil millones de pesos, cifra que está en línea con la meta anual de uno por ciento del PIB.”[1] El celoso cumplimiento de la receta neoliberal ha sorprendido, ya que ni las economías más conservadoras o con mayor disciplina en sus finanzas, como la Unión Europea, que tiene un margen del 3% del PIB en su déficit, se ha sometido a tal regla.

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Garantizar el superávit implica que la inversión y gasto público sean menores a sus ingresos, en otras palabras, limita la participación del Estado en la generación de riqueza, empleo y transferencias sociales. Los gobiernos progresistas y de “izquierda” se habían caracterizado por un incremento en el gasto y una distribución social. Este gobierno, que dice ser progresista, aplica la ortodoxia fiscal y financiera más moderada promovida por organismos internacionales.

Lo evidente del diseño fiscal de AMLO, es que los ingresos son a toda luz insuficientes para las promesas de campaña hechas a las bases: puesta en práctica de programas sociales e inversiones en infraestructura. Desde enero la recaudación de IVA cayó 12.3 por ciento real[2].  La fórmula mágica de la “austeridad republicana”, compuesta parcialmente por el “combate a la corrupción y la abolición de privilegios” pretende redireccionar hasta 400 mil millones de pesos de ingresos, desprendidos de recortes y salarios de altos funcionarios hacia: la implementación de programas sociales; la construcción de la refinería Dos Bocas (en Paraíso, estado de Tabasco), para la cual se estima una inversión de 160 mil mdp y la rehabilitación de otras refinerías que ya operan, por 49 mil mdp.[3] Sin contar los programas de salud y educación. Es evidente que la austeridad republicana es una “solución” muy superficial e insuficiente. Adicionado a lo anterior, la política fiscal de la 4T afirma que no es necesario subir impuestos a las ganancias (al menos por tres años) ni siquiera a las grandes empresas. Y AMLO ahora se conforma con que esos grandes capitales, que tenían como norma la evasión fiscal consentida por los gobiernos anteriores, ahora los paguen.

Durante décadas, Petróleos Mexicanos (PEMEX) fue la caja chica de distintas administraciones para financiar el gasto gubernamental. Según anuncia AMLO, una de las pretensiones del actual gobierno es “rescatar” a la paraestatal Pemex. Pero irónicamente, lo hará mediante la política que le dio el “tiro de gracia”. Es decir, cumpliendo sus compromisos con las corporaciones privadas, manteniendo contratos leoninos, por ejemplo, para construcción de gasoductos o refinerías. Es evidente que la intervención dominante de capitales privados no cederá, debido a que el gasto en Inversión de PEMEX se ha centrado en algunas de sus 60 filiales privadas.[4]

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Se podría pensar que el crédito solicitado al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) por 20 millones de dólares permitiría la Inversión que tanto ha vociferado la 4T. Sin embargo, cabe considerar las condiciones del mismo: además de pagar intereses, tiene como destino la inversión en infraestructura para la construcción del muro fronterizo y para militarizar puntos estratégicos (por medio de la Guardia Nacional) del país, para contener el flujo migratorio. La 4T, vergonzosamente se muestra al servicio de la política migratoria del presidente Donald Trump, lo cual implica a una mayor dependencia económica, política y social y, por si fuera poco, lo pagaremos todos de nuestros bolsillos. El Secretario de Estado estadounidense hablando de política migratoria, mencionó: “hemos ganado en diez días (con la actual administración) más que en diez años con los anteriores gobiernos” ¿Así o más neoliberal?

La austeridad republicana es un espejismo que ya se está financiando con recortes en los ingresos de las clases medias y bajas (despidos masivos, reducción salarial de mandos medios…). Los privilegios y la corrupción se mantienen, pero en otras manos, por ejemplo, en el gabinete empresarial (Alfonso Romo). Permanecen intactas las exorbitantes ganancias de los oligarcas y se mantiene la misma política impositiva para con las transnacionales. No se ha modificado una coma de las reformas estructurales promovidas por el Consenso de Washington en los años noventa del siglo pasado (disciplina fiscal, desregulación de mercados y reducción de la Inversión económica pública).

Debido a las políticas restrictivas, se complica concretar el crecimiento prometido. Pues no hay Inversión en desarrollo, en generación de riqueza propiedad del estado, no hay acciones claras para incentivar el mercado interno. En cambio, se agudizan recortes como el de ciencia y tecnología. Los proyectos de inversión en puerta son de propiedad privada, algunos son enclaves coloniales como el Tren Maya, que insistimos, generarán beneficios para los grandes capitales privados participantes.

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La única transformación de la 4T es el cambio de algunas manos en los grupos de poder, ya que no hay ninguna alternativa de fondo en la estructura económica. La política económica (fiscal, financiera, monetaria, laboral y comercial) sigue siendo la misma de los gobiernos neoliberales. Se puede decir que su “mérito” es la ampliación de algunos programas sociales, con la trasferencia de una parte de los recursos de la austeridad republicana a los sectores sociales más necesitados. Pero éstos tienen por trasfondo el corporativismo, son dádivas para frenar las contradicciones de clase, producidas por la insultante desigualdad social. El verdadero cambio se dará con la recuperación de la estructura productiva, los recursos naturales y los medios de producción en manos de las y los trabajadores, para ello es imperiosa la organización consiente, para generar y madurar condiciones subjetivas para una verdadera transformación revolucionaria, ya que las condiciones objetivas están dadas.

Notas:

[1] Flores, Zenzayen (2019), Expertos ven disciplina fiscal a 100 días de AMLO. Periódico El Financiero. Recuperado de: https://www.elfinanciero.com.mx/economia/expertos-ven-disciplina-fiscal-a-100-dias-de-amlo

[2] Ibíd.

[3] Hernández, Fernanda (2018), Las 12 promesas económicas de AMLO. Revista Expansión. Recuperado de: https://expansion.mx/economia/2018/11/26/estas-son-las-12-promesas-economicas-de-amlo

[4] Flores, Nancy (2019), Pemex gasto 86 mil millones en 27 de sus 60 empresas privadas extranjeras, Revista Contralínea. Recuperado de: https://www.contralinea.com.mx/archivo-revista/2019/02/21/pemex-gasto-86-mil-millones-en-27-de-sus-60-empresas-privadas-extranjeras/