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Ayotzinapa sigue en la mira del México y el mundo. Esta tragedia ha dado voz a quienes anteriormente estaban ignorados.

Padres de los 43 desaparecidos y varios estudiantes normalistas han salido en diferentes medios narrando su sentir y dando testimonios de la ignominia cometida por el gobierno mexicano los días 26 y 27 de septiembre, sin embargo, desconocemos lo que piensan los profesores de la Normal Rural Isidro Burgos.

El domingo 7 de diciembre se celebraba una Asamblea Nacional Popular encabezada por la Coordinadora Estatal de los Trabajadores de la Educación en Guerrero (CETEG) en el comedor de la Normal Isidro Burgos, entre los oradores había alumnos normalistas, miembros del Sindicato Mexicano de Electricistas y miembros de diferentes organizaciones civiles de México, pero no había profesores normalistas. ¿Quiénes eran? ¿Qué pensaban? ¿Por qué no estaban presentes? Tales interrogantes nos llevaron a preguntar su parecer sobre esta problemática tan delicada a un docente de Ayotzinapa, hasta la fecha, sector ignorado por la mayoría de los medios de comunicación mexicanos.

“Rogelio”, como le llamaremos, es uno de los tantos profesores de Ayotzinapa, lleva más de 20 años formando generaciones de normalistas y aún no acepta lo sucedido a sus alumnos, de los 43 estudiantes él conocía a 30, todo un grupo perdido a manos de los elementos del Estado.

De estatura media, vestido de forma sencilla, con sombrero, morral y sin faltar los huaraches tan utilizados en esa región, tanto por profesores como normalistas, nos responden a la entrevista de manera educada y tranquila, sin reserva alguna.

Después de lo sucedido, la Normal pasa tiempos duros, la matrícula de estudiantes ha disminuido y el Estado les ha retirado el subsidio, las clases están suspendidas desde finales de septiembre y todo esto hace que la escuela vaya a tener una larga y difícil recuperación. Aunque el panorama se vislumbra gris y en el ambiente se percibe una calma tensa, Rogelio nos contesta amablemente las preguntas.

—¿Cómo se ha vuelto la vida en la Normal a raíz de que desaparecieron 43 estudiantes?

—Triste, nos ha afectado en todos los aspectos, hay chicos que tienen miedo y no saben si seguir aquí o regresar a sus comunidades.

—¿Cuántos alumnos estudian en la normal?

—Un número de aproximadamente de 500 alumnos, más los 150 profesores y profesoras que laboramos aquí.

—¿Qué piensa del hallazgo de Alexander Mora Venancio?

—Es un suceso muy triste, cuando me enteré de ello me encontraba en la Ciudad de México, asistí a la marcha del día 6 de diciembre que se hizo hacia el Monumento a la Revolución, la verdad no lo podía creer, no sabía qué sentía exactamente hasta que vi llorar a una señora mayor que venía a mi lado, entonces sí me sentí muy mal, comencé a llorar también.

—¿Alexander había sido alumno suyo?

—Sí, al igual que la mayoría de los 43 desaparecidos, pero no los conocí mucho, pues solo les di clases por un mes, todos eran de nuevo ingreso.

—Debió ser duro perder a todo un grupo de la noche a la mañana.

—Claro que sí, si un alumno duele, imagínense tantas bancas vacías. Pero eso no se compara al dolor que sienten los familiares del muchacho.

—¿Conoce a los padres de familia de los desaparecidos?

—Sí.

—¿Sabe qué dificultades atraviesan en la búsqueda de sus hijos?

—Además de la emocional, tienen muchas dificultades económicas. Todos los padres de los desaparecidos ya han perdido su trabajo, yo creo que sería bueno que el gobierno los indemnizara mas no que los sobornara, algo que se confunde mucho, pues hace poco les ofreció a cada uno de ellos un millón de pesos (70 mil USA dls. aproximadamente) para que se olvidaran de sus hijos, los padres no aceptaron, ellos ya han dicho “no queremos dinero, queremos que nos los devuelvan”. Por otra parte, ellos –los padres– tienen que ir a varios lugares y no tienen un medio de transporte, la normal tiene un camión pero no está a disposición de los padres.

—¿Usted cómo vivió la noche del 27 de septiembre?

—Yo me enteré de lo sucedido desde mi casa, vivo aquí en Tixtla, la noche de la desaparición de los 43, varios alumnos salieron de la escuela, se subieron a una camioneta y empezaron a vocear lo que había sucedido y pidieron ayuda de la gente. A mí me despertó el altavoz, después de eso me quedé sentado en mi cama, ya no pude volver a dormir, estaba preocupado de que la policía se los hubiera llevado, y aún no sabíamos que los iban a desaparecer.

—¿A quién culpa de esta tragedia?

—Al gobierno, claro está. Aunque sinceramente, como padre y profesor, no me parece que los muchachos estuvieran boteando a altas horas de la noche, y menos si eran de nuevo ingreso, creo que los arriesgaron demasiado al no coordinarlos bien. Sobre todo si para el gobierno de Guerrero esta escuela representa un problema.

—Explíquenos eso…

—Miren, los muchachos que egresan han obtenido una formación contestataria, además son respetados en las comunidades donde ejercen como profesores rurales. Además, la normal Isidro Burgos es una de las pocas escuelas en el país que discute los planes de estudio enviados por la Secretaría de Educación Pública (SEP) del gobierno estatal; cuando los tratan de implementar, los profesores y alumnos se reúnen en un consejo para discutir qué materias sirven y cuáles no, enseguida se elabora un resolutivo que se envía a las autoridades de la SEP, entonces comienzan las discusiones y muchas veces es muy difícil estar de acuerdo.

—¿Y cómo han reaccionado los pobladores de Tixtla? ¿Se han solidarizado?

—Bastante, la población quiere mucho a los normalistas, ellos les han echado la mano en inundaciones, en las cosechas y cuando Tixtla tiene problemas ellos son de los primeros en llegar. Tixtla los apoya con cobijas, ropa y alimentos, las mujeres que sirven comida allá en la cancha son voluntarias que se turnan. También las universidades nos han apoyado, la UNAM nos trae víveres constantemente, incluso algunas escuelas les han dado apoyo económico a los padres de los normalistas.

—¿Entonces la escuela ya no tiene apoyo estatal?

—Así es. El gobierno nos quitó el subsidio porque a raíz de los días 26 y 27 muchos padres de familia sacaron a sus hijos de aquí, y con justa razón, tienen miedo de que se repita algo parecido.

—¿Y los alumnos qué opinan?

—Algunos tienen miedo y han preferido estar al margen de lo que aquí sucede, otro de plano no apoyan, incluso hay profesores que también han decidido mantenerse alejados por razones de seguridad personal

—¿Por qué los profesores de la Normal Isidro Burgos no participan en las asambleas ni en los medios de comunicación?

—Es una decisión que han tomado los muchachos y los padres de familia, nosotros la respetamos, ellos se han encargado de todo hasta la fecha. Además hace poco nos hemos enterado que algunos profesores y grupos de apoyo a la Normal están pactando con el gobierno, ellos compran su silencio y poco a poco se retiran de aquí.

—Por último ¿No asiste a las asambleas que se hacen en la Normal para definir el futuro de la normal como movimiento?

—Sé que hay asambleas pero no sé a qué horas.

—A estas horas se está realizando una (aproximadamente las 3 de la tarde)…

—Qué bien, pero ¿puede entrar cualquiera?

La última respuesta intriga, ¿acaso en la Normal hay una posible división dentro de sus partes? o ¿el movimiento no se ha logrado unificar y esto lleve a la exclusión de algunos sectores? Tampoco es comprensible el hecho de que los profesores, siendo una parte importantísima de esta escuela, no se pronuncien oficialmente y no tomen parte activa en el movimiento desprendido de la tragedia acontecida hace casi tres meses.

Ayotzinapa es una bomba social lista para estallar en algún momento, las fiestas decembrinas solo lograron establecer una tregua temporal con el gobierno mexicano para continuar en el mes de enero, se acercan tiempos difíciles para México y la unión de todas sus partes en una sola dirección es de suma importancia, así como el llamado a una Asamblea Estudiantil, Civil, Indígena y Campesina, asamblea en donde todos los sectores sociales tengan relevancia, en caso contrario, el movimiento corre peligro de aislarse.

Mientras, en la cancha, donde hace tiempo ya nadie juega un partido de básquetbol, 43 sillas de las aulas de 1º A y 1º B continúan esperando el regreso de quienes alguna vez las ocuparon.

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