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Peña Nieto, con aquella sonrisa de vendedor, falsa y forzada, nos dice que es maravilloso.

Por: Grupo Socialista Obrero – México

Después de 21 años de TLCAN, el gobierno nos impone un nuevo tratado, el Acuerdo Transpacífico de Asociación Económica (TPP -Trans-Pacific Partnership).

En los años noventa cuando se nos anunció que se firmaría el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), tal cual hoy se hace con el TPP, se decía que se trataba de una propuesta innovadora y benéfica a México. Todavía, 20 años después el PIB Mexicano creció sólo 2.1 por ciento al año , lo que representa la mitad de los otros países latinoamericanos, además, la tasa de disminución de la pobreza en toda América Latina fue de unos 50% mientras en México fue de menos de 25%. El salario mínimo, ajustado a la inflación, de 1994 a 2012, se redujo en un 26.3 por ciento.

En la agricultura hubo una caída del 19 por ciento en el empleo agrícola o, sea, de aproximadamente 2 millones de empleos. La pérdida se centró en el trabajo que ejercían las familias empleadas en el sector de la agricultura familiar. El trabajo estacional (de menos de 6 meses) aumentó en torno a 3 millones de empleos, pero eso no fue suficiente para compensar la pérdida de 4.9 millones de empleos en el sector agrícola familiar.

Otro hecho es que desde 1994 hasta 2000, el número anual de emigrantes mexicanos a los Estados Unidos se disparó un 79 por ciento.

Una consecuencia nefasta para el país en esos 20 años de TLCAN es que se perdió la autosuficiencia alimentaria. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) considera que hay vulnerabilidad alimentaria cuando 25 por ciento de alimentos proviene del exterior, y México está en un 60 por ciento de importación de alimentos.

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El resultado final, por lo tanto, ha sido décadas de fracaso económico en casi cualquier indicador económico o social.

¿Qué pasará con TPP?

Para que México sea parte oficialmente del TPP es necesario que Peña Nieto lo firme y el Senado lo apruebe y se incluya como parte de nuestra legislación, pero las negociaciones ya se cerraron. El TPP no es una simple “asociación”, sino un pacto en el que Estados Unidos impone las condiciones y el resto de las naciones involucradas (México, Australia, Brunei, Chile, Japón, Malasia, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Vietnam y Canadá).

El tema no es menor, ya que el TPP contiene estipulaciones que lesionan los derechos a la salud, educación, libertad de expresión y acceso a la información. Entre otras cosas, el TPP endurece el sistema de patentes farmacéuticas obstaculizando la producción de medicamentos genéricos, y permite que empresas multinacionales demanden a los países miembros por cualquier conducta o legislación que consideren contraria al tratado.

En la agricultura ese tratado podrá ser el tiro de gracia para miles de pequeños productores de leche, café, carne, etc.; que tendrá que rivalizar contra productores mucho más competitivos de Nueva Zelanda, Australia y Vietnam.

La verdad es que estamos nuevamente delante de un tratado que reafirma nuestra condición de colonia de la más grande economía del mundo: Estados Unidos.

Es necesario un balance por parte de los trabajadores de los dos últimos decenios y desde ahí elegir las formas de garantizar empleos dignos, autosuficiencia alimentaria, salud y niveles avanzados de desarrollo.

Por eso decimos: Fin de TLCAN! No al nuevo tratado de dependencia, el TPP!

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Artículo publicado en La Resistencia n.° 11, noviembre de 2015.-