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Tras el abandono, el régimen usa la tragedia como negocio.

Por GSO-México

Como si le faltaran calamidades y sufrimientos al pueblo de México, la noche del 7 de septiembre un terremoto de magnitud 8.2 en la escala Richter –con epicentro cerca de la costa de Chiapas–  sacudió a la mayor parte del territorio del país. Los estados más afectados fueron Chiapas y Oaxaca donde están la mayoría de los muertos que ya ascienden a casi 100, y los heridos se cuentan por centenares. Son decenas de miles de viviendas destruidas. Cada día aparecen más datos sobre la enorme destrucción en esas regiones. Se calcula 1 millón y 200 mil damnificados en el Istmo de Tehuantepec.

Pero este sacudón de las placas tectónicas de la corteza terrestre, puso en evidencia de inmediato la grandiosa solidaridad y la conmovedora generosidad que anidan en los corazones de los trabajadores y los pueblos de México. Lo demuestran los masivos acopios de despensas, ropas y medicamentos por todo el país. También será inolvidable el apoyo de los centroamericanos, de paso por México, que atrasaron su partida para ayudar en todo lo necesario.

El indignante gobierno del PRI

Pero a la vez, la tragedia está desnudando una vez más las brutales carencias de los más elementales servicios de salud e infraestructura y la podredumbre del régimen y el gobierno. Oaxaca y Chiapas son de los estados más pobres de México. Indigna la hipocresía del gobierno de Peña Nieto y Osorio Chong y del odiado Aurelio Nuño que, con sus visitas intentan lavarse sus manos, manchadas en la sangre de Nochixtlan y la brutal represión en la ciudad de Oaxaca, dos días antes del terremoto. Ahora quieren mostrarse abnegados “para la foto”, paseando entre los pobres e instalando su “Puesto de Comando”, cuando en realidad quieren montarse en la inmensa voluntad solidaria del pueblo trabajador y hacer sus negocios: con empresas constructoras y políticos corruptos.  En el “lavado de imagen” participan otras instituciones odiadas como el ejército y los federales, que ayer repartían balas y granadas de gas y ahora reparten víveres y cobijas. No olvidamos el pueblo de Guerrero, damnificado por dos huracanes en 2013, el abandono del gobierno después de sus parodias oficiales de “ayuda”.

Todo apoyo a los acopios y la solidaridad de los trabajadores

Exigimos la acción inmediata del gobierno mexicano en los esfuerzos de reconstrucción, pero no depositamos ninguna confianza en estas instituciones podridas como canalizador de la solidaridad popular. No debemos dejar en manos de los partidos y políticos oficiales la ayuda que surge del esfuerzo de los trabajadores. En Veracruz, Yunes, ‘aprovechó’ la destrucción causada por el huracán Katia para regalar bolsas de víveres con nombre, nada más asqueroso. Por eso valoramos y apoyamos con todas nuestras modestas fuerzas todas las iniciativas autoorganizadas de sectores de trabajadores como la CNTE que hacen la colecta y canalizan la ayuda a la sección 22 de Oaxaca y las secciones 7 y 40 de Chiapas.

El saqueo colonial del TLCAN

Mientras tanto, los tecnócratas que sirven al capital aprovechan para seguir el saqueo. Cuando la atención de la mayoría de la sociedad se centra en los daños sufridos con el desastre, en silencio y oscurito, en algún lugar de la ciudad de México se cerró el 6 de septiembre la segunda ronda del TLCAN, para seguir entregando nuestras riquezas según dictan Trump y los capitalistas gringos. 

¿Qué hacer?

Pero es mucha la destrucción y las pérdidas de millones de humildes habitantes. Son muchos los recursos necesarios para garantizar la ayuda urgente para paliar las consecuencias del desastre, indemnizar a pequeños agricultores y reconstruir miles de viviendas, hospitales, escuelas y rutas. Y deben estar disponibles y ser transparentes en el FONDEN (Fondo de Desastres Naturales). Por eso, al mismo tiempo, es urgente exigir al gobierno Federal y a todos los de los Estados de la Unión que:

  1. ¡No al pago de la DEUDA EXTERNA! Dejen de destinar recursos públicos a pagar la millonaria y fraudulenta deuda externa a los usureros multinacionales.
  2. Dejen de financiar el derroche en las campañas electorales y gastos de los partidos del régimen.
  3. Implanten un impuesto de emergencia a todos los grandes capitalistas, bancos y corporaciones locales y extranjeros.
  4. Plan de obras públicas para reconstruir viviendas y construir nuevas y hospitales y escuelas, empleando trabajadores de todas las regiones afectadas.