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La semana pasada, el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO) visitó a su par estadounidense Donald Trump en el marco de la puesta en marcha del T-MEC (Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá).

Alejandro Iturbe

El T-MEC reemplazó el anterior tratado entre esos países, llamado NAFTA por sus siglas en inglés, vigente desde 1994 hasta ahora. Este cambio fue impuesto por el gobierno de Trump. En un artículo que acaba de ser publicado en esta página, la CST (Corriente Socialista de los Trabajadores, organización simpatizante mexicana de la LIT) analiza extensamente el significado de esta visita y del propio T-MEC[1].

El artículo describe el servilismo de AMLO frente a Trump y cómo se deshizo en elogios y agradecimientos hacia este, como si fuera un “benefactor” de la nación mexicana y su pueblo.

Al mismo tiempo, el contenido profundo del acuerdo acaba siendo sintetizado en una parte de su discurso: “México, tiene algo sumamente valioso para hacer efectiva y potenciar la integración económica y comercial de la región, me refiero a su joven, creativa y responsable fuerza laboral buenos obreros que se destaquen por su imaginación, su talento y su mística de trabajo… durante la Segunda Guerra Mundial, México ayudó a satisfacer la necesidad de Estados Unidos de materias primas y los respaldó con mano de obra de los trabajadores migrantes que fueron conocidos como braceros, desde entonces hasta la fecha…”.

En otras palabras: ofreció mantener y aumentar la superexplotación de los trabajadores mexicanos a ambos lados de la frontera y el saqueo por parte del imperialismo yanqui de los recursos naturales mexicanos.

Un componente esencial del régimen político

Hay un aspecto del significado del T-MEC, analizado por el artículo de la CST, que queremos destacar.

“El T-MEC es una de las instituciones fundamentales del Estado semicolonial mexicano. Es imposible definir el régimen político de México sin tomar como referencia a esta institución imperialista. Incluso, leyes mexicanas fueron reformadas para ser aceptadas por EEUU, en sintonía con cláusulas del T-MEC. Un tratado que no es de mera índole comercial, pues reglamenta, restringe y establece controles e inspecciones en México por parte de EEUU. Y en ese marco de dominación imperialista, no podemos soslayar otra institución vigente desde el 2008: la Iniciativa Mérida que rige a las instituciones de seguridad, policiales, migratorias y de comunicación y transporte, colocándolas bajo el control de la DEA.”

La Iniciativa Mérida (a veces llamada Plan Mérida o Plan México) es un tratado internacional de seguridad, establecido entre los Estados Unidos, México y los países centroamericanos, con el supuesto objetivo de “combatir el narcotráfico y el crimen organizado”. El acuerdo fue votado por el Congreso de los Estados Unidos y activado por el ex presidente George Bush, el 30 de junio de 2008.​

Un proceso latinoamericano

Esto no ocurre solo en México. El dominio semicolonial estadounidense, e imperialista en general, sobre Latinoamérica se expresa cada vez más en una serie de tratados, acuerdos y leyes que adquieren un rango verdaderamente constitucional y que marcan el contenido profundo de esos regímenes.

En una serie dedicada al avance de este dominio estadounidense publicada en esta página, analizábamos:

“Una profundización que lleva a la aparición de rasgos coloniales: presencia militar permanente, renuncia de la soberanía jurídica, supervisión rígida de la política económica y monetaria, etc. Por eso algunos autores hablan de un “proceso de recolonización” o de una situación “neocolonial”.

Lo cierto es que los gobiernos y los regímenes políticos de los países latinoamericanos ya no son expresión de la “independencia política nacional” a la que se refería Lenin y tienden, cada vez más, a ser instituciones políticas, jurídicas y militares que expresan una completa subordinación al imperialismo. Más allá de la categoría con que denominemos esta situación (y el grado de avance que se haya dado en cada país), existe una contradicción antagónica entre los intereses y necesidades de los trabajadores y el pueblo de los países latinoamericanos, por un lado, y esos gobiernos y regímenes (sean autoritarios o electos por el voto), por el otro”[2].

El caso argentino

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Para defender sus intereses, el imperialismo yanqui ha operado a través distintos tipos de gobiernos burgueses en los países latinoamericanos. Algunos se reconocen, sin ambigüedades, de derecha y admiradores de Trump, como el de Jair Bolsonaro en el Brasil; otros pasaron de un progresismo retórico de la campaña electoral al servilismo explícito, como el de AMLO, en México.

Pero esto es válido también para aquellos gobiernos que pretenden seguir presentando una imagen de  “progresistas” y “populares”, como el de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner (CFK), en Argentina. Un carácter proimperialista que queda al desnudo en la actual renegociación de la deuda externa que está llevando a cabo con el FMI y los demás acreedores internacionales.

La deuda externa argentina da un gran salto entre 1976 y 1982, bajo la última dictadura militar: entre 1976 y 1982 pasa de 7.900 a 46.000 millones de dólares. Las beneficiarias fueron unas 70 grandes empresas nacionales y extranjeras que se dedicaron a la especulación financiera con ese dinero. En noviembre de 1982, la dictadura militar argentina (ya en proceso de derrumbe) “estatizó” por decreto la deuda de las empresas privadas (es decir, la pasó a cargo del Estado y de toda la población). Desde entonces, todos los gobiernos burgueses electos (sean radicales, peronistas o de derecha neoliberal) se negaron a investigar esta estafa y pusieron como su prioridad en el plano económico la renegociación y el pago de esta deuda.

A finales de 2001, en medio de una situación de default, estalla la moneda argentina, mientras los bancos y las grandes empresas fugaban los dólares del país con camiones a través de la frontera, mientras se expropiaban los dólares depositados por los pequeños ahorristas.

El gobierno de Néstor Kirchner, al igual que los anteriores, se negó a investigar el origen de la deuda que en 2004 llegaba ya a cerca de 180.000 millones dólares. Tampoco cuestionó la renuncia a la “soberanía jurídica” sobre controversias referidas a la deuda externa, establecidas en las renegociaciones anteriores.

Pagó los 9.500 millones de dólares de deuda remanente con el FMI y aprovechó la situación de default para abrir una negociación con los poseedores privados de los bonos de la deuda externa. En esos momentos, esos bonos se cotizaban en los mercados internacionales entre el 20% y el 40% de su valor en los papeles. Pero esa renegociación les reconoció alrededor de 60% (¡el doble del valor del mercado!). Fue un gran negocio para los bonistas, que mayoritariamente aceptaron el canje, salvo un sector de “fondo buitres” que inició juicios y los ganó en los Tribunales de Nueva York.

Hubo sí una caída nominal del valor total de la deuda entre 2004 y 2005, y una cierta estabilidad hasta 2010, en el marco del reconocimiento de Cristina Kirchner, entonces presidente del país, de que sus gobiernos habían sido “pagadores seriales” de la deuda externa, en el marco de los altos saldos favorables de la balanza comercial argentina [3].

Una bola de nieve

Desde 2010 hasta ahora, la deuda externa argentina continuó creciendo, incluso bajo el segundo gobierno de CFK: a finales de 2015 cuando acabó su mandato, ya llegaba a 250.000 millones de dólares.

A partir de 2016, el gobierno neoliberal de Mauricio Macri tuvo una política de pedir y recibir grandes “ayudas” del FMI a la espera de una reactivación económica que nunca llegó. Ese dinero fue utilizado por la gran burguesía argentina para la especulación financiera y, esencialmente, la fuga de capitales. A finales de 2019, la deuda externa ya acumulaba más de 330.000 millones de dólares.

Una vez que ese flujo de dólares se terminó, el gobierno de Macri no pudo ocultar el fracaso de su política ni la crisis estructural que intentaba esconder: la economía se derrumbó y la moneda argentina se “licuó”, cayendo a casi un tercio de su cotización con respecto al dólar, en el marco de un proceso con dinámica hiperinflacionaria.

El cuadro abajo permite ver la evolución de esta deuda desde el año 2001[4].

 El gobierno actual

Alberto Fernández y CFK recibieron el gobierno en una situación de default de hecho. Al igual que lo hizo en 2004 el gobierno de Néstor Kirchner, no quieren cambiar ninguna regla del juego: no investigan la deuda, no cuestionan la renuncia a la soberanía jurídica, y están obsesionados por pagar esa deuda.

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Se limitan a pedir plazos mayores de pago, algún préstamo stand by para “ir tirando” y lograr una reducción nominal pero mucho menor incluso que la que negoció Néstor Kirchner. Pero dejemos que sea el propio Alberto Fernández el que lo explique: “Hicimos una oferta donde los acreedores no pierden, solo ganan menos. De los 100 que debemos pagamos 95”[5]. Esto en un momento en que los bonos argentinos se cotizan a menos de 50% de su valor nominal[6].

En ese marco, el servilismo profundo de este gobierno se expresa en los elogios de Alberto Fernández al FMI: Este Fondo parece tener una mayor comprensión. Quiero ser prudente, pero pareciera ser que tenemos la suerte de tener un Fondo distinto al que hubo en el pasado”[7]. ¡Un Fondo Monetario “distinto” y comprensivo”! Sin palabras.

La pandemia de Covid-19

En el marco que estamos analizando queremos incorporar algunos elementos del impacto de la pandemia de coronavirus. No vamos a profundizar su efecto en la economía que, en el caso argentino provocará una caída estimada del PIB de casi 10%[8]. O los ataques a los trabajadores, sus salarios, sus conquistas, el empleo y el nivel de vida que impulsan todos los gobiernos desde Bolsonaro hasta Alberto Fernández, pasando por AMLO.

Queremos sí referirnos a dos aspectos. El primero es que la dinámica de la pandemia muestra una clara tendencia a trasladar sus epicentros desde los países imperialistas a los países semicoloniales (la excepción es Estados Unidos), golpeando especialmente a los trabajadores y sectores populares.

Cuadros elaborados por la página Nexo – Boletim Coronavirus sobre la base de datos extraídos del ECDC (European Centre for Disease Prevention and Control), muestran que las curvas de crecimiento del número de contagios y muertes en el Brasil, México y Argentina se ubican entre las más empinadas del mundo en el último mes, aunque parten de cifras globales muy diferentes. Brasil presenta 740 contagios y 51 muertos por millón de habitantes; México 264 y 26, y Argentina 128 y 7. Pero en los tres casos el ritmo se ha acelerado muchísimo[9].

Esto es el resultado de muchos años y diferentes gobiernos que han atacado y deteriorado el sistema de salud pública, en función de impulsar la salud como negocio privado, de la falta de las inversiones necesarias para librar hoy una verdadera guerra contra la pandemia y, finalmente, de haber cedido a las presiones del imperialismo y las burguesías nacionales de “normalizar” la economía, aunque eso condene al contagio y a la muerte a miles de trabajadores. Algo que se expresa también dentro de Estados Unidos ya que la tasa de mortalidad por coronavirus en la población latina es el doble que la de los “blancos”.

El segundo aspecto deriva de ese deterioro del sistema de salud pública a que nos hemos referido, como parte del impulso a la salud como negocio privado. Por ejemplo, tanto Argentina como Brasil poseen instituciones estatales de gran tradición en el tema de la biomedicina, desarrollo de vacunas, antídotos: el Instituto Malbrán y el Instituto Butantan, respectivamente. Incluso científicos argentinos de dos universidades públicas desarrollaron un test rápido, a través de tiras reactivas, que permiten el diagnóstico de personas infectadas con síntomas o sin ellos, cuatro veces más rápido que los testes tradicionales. Prentaron un plan de producción de 80.000 pruebas mensuales[10].

Pero el Instituto Malbrán lleva décadas siendo destruido, con muchos de sus mejores científicos dejando la institución, como César Milstein, Premio Nobel de Medicina en 1984, que emigró a la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido[11]. Por su parte, el Butantan ve reducido su presupuesto por el gobierno Bolsonaro y, cada vez más, tiende a los acuerdos con los grandes laboratorios internacionales[12].

La burguesía brasileña y la argentina renunciaron así a un desarrollo genuino de una biomedicina pública, y la salud de su población es profundamente dependiente del control y de las patentes de los grandes laboratorios de los países imperialistas.

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Esta situación se expresa con claridad frente a la pandemia de Covid-19. Argentina será campo de experimentación de la vacuna desarrollada por el laboratorio Pfizer, gran laboratorio imperialista con sede en Estados Unidos, asociado con la empresa alemana de biotecnología BioNTech[13]. Esto ha sido presentado como un gran privilegio por el gobierno de Alberto Fernández ya que, a cambio, recibiría ventajas en el proceso de compra y en su precio [14]. Pero nada puede ocultar el hecho de que, en la práctica, su gobierno ha aceptado que el país sea utilizado como “conejillo de Indias” de estas grandes multinacionales de la biomedicina.

En el caso del Brasil, su pueblo también será “conejillo de Indias”. En este caso, de la vacuna desarrollada por investigadores de la Universidad de Oxford y por el conglomerado farmacéutico sueco-británico AstraZeneca Plc. Con sus palabras, los científicos británicos intentaron justificar esta “prueba exterior” diciendo que “necesitan un lugar con más contagios, como Brasil, para demostrar la eficacia del fármaco”[15]. Es importante recordar que Gran Bretaña tiene casi 300.000 casos registrados (cuarto lugar en el mundo) y cerca de 45.000 muertos (tercer lugar)[16].

Algunas conclusiones

En el último de los artículos de la serie ya citada sobre la dominación imperialista expresamos que no serían las burguesías nacionales latinoamericanas las que llevasen a cabo la tarea de una segunda y definitiva independencia que la creciente dominación imperialista nos impone. Estas burguesías son “parte del problema” porque cada vez se hacen más sumisas a esta dominación y ponen sus regímenes políticos y gobiernos al servicio de ella.

Dijimos que solo la clase obrera, liderando a los sectores populares y oprimidos de la ciudad y del campo, podía encabezar y llevar hasta el final esta lucha, y que esta lucha debía ser también contra las burguesías nacionales y sus gobiernos. Afirmamos que la lucha debía de ser continental, tanto por el carácter similar de los problemas que enfrentan nuestros pueblos como por el hecho de enfrentar a un poderoso enemigo común[17].

En ese artículo presentamos un esbozo de programa y tareas para la lucha por esta segunda independencia, que creemos mantiene su vigencia. Lo que nos parece necesario es agregar a esos ejes y tareas señaladas un nuevo capítulo sobre un verdadero combate obrero y popular al coronavirus y cómo golpea a los trabajadores. Por la importancia del tema, la LIT-CI ha publicado un “Programa de Emergencia contra la pandemia y la crisis económica”[18].

Notas:

[1] https://litci.org/es/menu/mundo/latinoamerica/mexico/eeuu-mexico-mayor-explotacion-y-saqueo-colonial/?fbclid=IwAR19j_5aYJ5mjdyF2rFjOmmCK1Ce7vG2eWDsBlPFVkTVQB3Pw9_A7D7O008

[2] https://litci.org/es/menu/mundo/norteamerica/estados-unidos/latinoamerica-avance-del-dominio-imperialista-parte-3/

[3] Sobre el tema de la deuda externa latinoamericana, y la argentina en particular, ver las partes respectivas de los artículos: https://litci.org/es/menu/mundo/norteamerica/estados-unidos/latinoamerica-avance-del-dominio-imperialista-parte-1/ y https://litci.org/es/menu/mundo/latinoamerica/venezuela/fracaso-del-nacionalismo-burgues-parte-2/

[4] Tomado de https://www.dw.com/es/qu%C3%A9-pas%C3%B3-con-la-deuda-p%C3%BAblica-argentina-desde-el-default-de-2001/a-53843691

[5] https://www.infobae.com/economia/2020/05/12/alberto-fernandez-sobre-la-negociacion-de-la-deuda-si-hay-una-contraoferta-que-los-bonistas-la-digan/

[6] https://www.infobae.com/economia/2020/03/06/tension-en-los-mercados-colapsan-los-bonos-argentinos-y-el-riesgo-pais-supera-los-2500-puntos/

[7] Ver nota [5].

[8] https://www.infobae.com/economia/2020/06/24/el-fmi-empeoro-su-pronostico-para-la-argentina-ahora-estima-que-la-economia-caera-99-en-2020/

[9] Ver https://www.nexojornal.com.br/boletim-coronavirus/ y https://www.ecdc.europa.eu/en/covid-19-pandemic

[10] https://www.infobae.com/salud/2020/06/13/coronavirus-cientificos-argentinos-desarrollaron-un-test-que-detecta-covid-19-hasta-cuatro-veces-mas-rapido/

[11] Sobre este tema ver, entre otras páginas: http://asclepio.revistas.csic.es/index.php/asclepio/article/view/546 y http://rasp.msal.gov.ar/rasp/articulos/volumen31/43-44.pdf

[12] Sobre este tema ver, entre otras páginas: https://www1.folha.uol.com.br/educacao/2019/09/orcamento-de-bolsonaro-para-2020-tira-metade-dos-recursos-do-mec-para-pesquisa.shtmlhttps://www.cartacapital.com.br/sociedade/butantan-se-afasta-da-saude-publica-e-mira-em-grandes-laboratorios/

[13] https://www.dw.com/es/argentina-elegida-para-probar-vacuna-contra-covid-19/a-54135100

[14] https://www.pagina12.com.ar/277706-coronavirus-por-que-probaran-la-vacuna-en-argentina

[15] https://www.primicias.ec/noticias/sociedad/cientificos-oxford-brasil-vacuna-coronavirus/

[16] https://www.rtve.es/noticias/20200713/mapa-mundial-del-coronavirus/1998143.shtml y https://www.bbc.com/portuguese/internacional-51718755

[17] https://litci.org/es/menu/mundo/latinoamerica/debate-lograr-la-segunda-independencia-latinoamericana/

[18] https://litci.org/es/menu/economia/programa-de-emergencia-contra-la-pandemia-y-la-crisis-economica/