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LA DESAPARICIÓN FORZADA DE LOS NORMALISTAS DE AYOTZINAPA.

A cinco años de los asesinatos, secuestros y graves violaciones cometidos el 26 de septiembre de 2014 en la ciudad de Iguala, estado de Guerrero, las madres y padres de los 43 estudiantes desaparecidos siguen exigiendo una investigación sin obstáculos ni falsificaciones y señalan claramente que el esclarecimiento definitivo de esos crímenes y el castigo a los culpables de todos los niveles, pone a prueba a la llamada “Cuarta transformación” con que se identifica el gobierno de López Obrador.

Por CST-México

Muchos miles se manifestaron este 26 en la ciudad de México y llegaron hasta el Palacio de Gobierno en el Zócalo capitalino.También hubo numerosas marchas y actos en casi todas las grandes ciudades del país. Lo más importante: la mayoría de los que salieron a las calles fueron jóvenes y en especial estudiantes; y que hubo paros en muchas Universidades y escuelas secundarias, surgidos por iniciativa de los estudiantes. Esto es un reflejo del profundo sentir del conjunto de las masas mexicanas, que no olvidan ni perdonan estos y muchos otros crímenes aberrantes que durante largas décadas impusieron el terror en la sociedad. 

Ayotzinapa marcó un cambio en la situación del país     

Aquel ataque a los normalistas en el 2014 causó una inmediata, masiva y activa reacción de repudio. Las movilizaciones de cientos de miles se prolongaron mes a mes hasta el año siguiente y los “Padres de los 43” se convirtieron en un símbolo de la lucha contra el podrido régimen del PRI-PAN-PRD, como representante político de la oligarquía dominante, asociada a las grandes corporaciones imperialistas.

Desde ese momento las masas no dejaron de movilizarse y ganar fuerzas. En el 2016 se dio la gigantesca oleada de luchas de maestros, pueblo trabajador y pueblos originarios contra la “mal llamada” reforma educativa y otras de corte neoliberal y recolonizador. También allí la movilización enfrentó la represión y masacres como la de Nochixtlan en Oaxaca. El 2017 se inició con la colosal movilización nacional contra el “Gasolinazo” (aumento del precio de gasolina), en la cual se desarrollaron embriones de autoorganización de las masas y enfrentamientos con el régimen que colocaron en el orden del día la caída del entonces presidente. La consigna “¡Fuera Peña Nieto!” era coreada en las calles por millones.

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En esos días el actual presidente dijo “No deseo la renuncia de Peña Nieto ahora, porque no quiero recibir un país en llamas”. La oligarquía había entrado en pánico. Apeló entonces a la vía electoral como una tabla de salvación y comenzó a ver con simpatía a candidatos “confiables” que daban garantías de evitar un colapso revolucionario y sostener el régimen. La historia posterior es conocida: 1 de julio de 2018, transición con cogobierno para firmar el T-MEC con Trump… Y ahora luchas obreras y populares empiezan a irrumpir en la escena política nacional y, de a poco, van desnudando ante las masas el carácter del actual gobierno y su partido Morena. Pero, a pesar de la coyuntural “esperanza”, en lo esencial la correlación de fuerzas entre las clases no cambió. El empuje de las masas no se disipó con la válvula de escape electoral y la euforia del triunfo de AMLO. Al contrario, muchas de esas expectativas se tradujeron en demandas y voluntad de lucha.

Eso es lo que explica que el ahora presidente se declare confiado en que “se esclarecerá el caso Ayotzinapa porque ya no hay impunidad”. Ese es el motivo para que el primer mandatario aparezca con la camiseta conmemorativa del 5° aniversario de la desaparición de los normalistas que le regalaron los Padres durante su reunión días antes en el Palacio Nacional. 

Las evidencias de crímenes involucran a todas las instituciones del régimen

Vistiendo la misma camiseta y con la misma retórica del presidente, el subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, Alejandro Encinas, reconoció tener “la certeza de que se trató de una desaparición forzada cometida por agentes del Estado”. ¡Fuerte revelación! Sin embargo, en esa frase hay mucho de abstracto: porque es de conocimiento público que los normalistas estuvieron en manos del ejército en las instalaciones del 27 Batallón de Infantería, cuando los militares tomaron el control de Iguala la noche del 26 de septiembre. Hasta ahora la Secretaría de la Defensa Nacional se negó a poner a disposición al personal militar que estaba activo ese día. Ahora dicen que “estaría dispuesta a colaborar con la investigación”.

Pero las evidencias ya publicadas sobran, en revistas y hasta libros como el reciente “La verdadera noche de Iguala, cuya autora, la periodista Anabel Hernández dice: “Los militares del 27 Batallón, al mando del coronel de infantería José Rodríguez Pérez, habrían actuado por órdenes de un capo narco para recuperar un cargamento de heroína de 2 millones de dólares alojado en secreto en los autobuses tomados por los estudiantes”.

Marcha sobre Paseo de la Reforma. Foto Luis Castillo

¿Cómo se explica que con semejantes oficiales genocidas las instituciones militares tengan con el gobierno AMLO una jerarquía y consideración inéditas en régimen? ¿Y que sea el ejército el que esté al mando de la reciente creación de la Guardia Nacional?… Replantear la investigación involucra a todos los altos mandos militares (muchos en actividad actualmente) y al ex presidente y comandante en jefe, Peña Nieto. Será interesante ver hasta qué nivel llega la “ausencia de impunidad”. Porque todas las recompensas ofrecidas son para capturar a subalternos o policías municipales. Y más grave aún, algunos acusados de torturas o abusos en este caso ya fueron puestos en libertad. Con todo, lo que se evidencia cada vez más es la estrecha relación entre esas instituciones militares y el narcotráfico.

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La movilización: único camino para que se sepa toda la verdad y se castigue a TODOS los culpables

A López Obrador le gusta repetir que “el régimen anterior ya cayó”. La actual podredumbre institucional demuestra que eso es falso. Al contrario, evidencia meras reformas “cosméticas” del viejo régimen. Todos los poderes siguen siendo una cueva de bandidos, que se han reciclado saltando de un partido a otro y de una institución a otra. Y eso atañe no sólo al PRI, PAN y al ahora casi disuelto PRD, sino también a Morena, infestado de ex viejos priistas y panistas. Por más que vistan “camisetas conmemorativas” nuestra confianza está en la permanente movilización de los Padres de los 43 y todos los familiares de desaparecidos, asesinados y torturados, rodeados del apoyo activo e incondicional de todos los movimientos sociales, de trabajadores, campesinos y estudiantes para terminar realmente con la impunidad.

¡Ayotzinapa vive, la lucha sigue!