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Crónica del día en que aparece Alexander, uno de los 43 normalistas desaparecidos

Se anunció días antes por medio de las redes sociales y fue difundida masivamente; la invitación era para toda la ciudadanía y decía: “6 de diciembre toma simbólica de la residencia oficial de Los Pinos, la Cámara de Diputados y El Congreso de la Unión”.

En un solo día obtuvo miles de likes y cientos de comentarios a favor; varios acudimos al llamado. Esa fecha pronto será doblemente importante.

Desde las once de la mañana ya se escuchan los gritos de protesta en Paseo de la Reforma, una de las avenidas más transitadas de la Ciudad de México, punto clave en las marchas, oficial de Los Pinos. Los manifestantes se dirigen al Monumento a la Revolución, algunos vestidos de charros y chinas poblanas; tienen dos finalidades: conmemorar los 100 años de la toma de la Ciudad de México por los revolucionarios Francisco Villa y Emiliano Zapata, y por supuesto, pedir justicia para los 43 normalistas desaparecidos.

Desafortunadamente, lo que debiera ser un día de gozo por recordarnos esta hazaña sucedida en 1914, se ve empañada por los acontecimientos de los días 26 y 27 de septiembre y por las detenciones arbitrarias de estudiantes sucedidas el mes de noviembre, pero los concurrentes no tienen miedo, saben que en algún momento llegará la policía de la ciudad de México pero ya la esperan, la población ha aprendido de los errores de décadas anteriores y regresa a las calles armada con una estrategia de seguridad, su finalidad es repeler cualquier agresión o detención arbitraria.

“Si la marcha es a las 4, ¿por qué llegan tan temprano?”, pregunta una mujer a un hombre alto, rollizo y blanco, vestido como el mismo Pancho Villa, él le responde: “Porque desde aquí (Monumento a la Revolución) vamos a esperar a los compas de las otras organizaciones”. La mujer vuelve a preguntar: “Oiga, ¿y no tiene miedo?”, el hombre contesta “¡Yo no! ¡Miedo debería tener el presidente y su bola de bandidos!”.

Las cuatro de la tarde en Palacio Nacional transcurrieron como cualquier día de diciembre, repleto de gente que ya empezaba las compras de navidad y se aglomeraba en torno a las entradas del metro Zócalo para regresar a sus hogares, algunas estaban molestas por “los pinches fierros de Mancera”, que era como le nombraban a las estructuras de la pista de hielo que ocupan la plancha del Zócalo y así impiden la llegada de los manifestantes.

Pero esta normalidad no duró mucho, sobre todo en la zona de Bellas Artes que colinda con las avenidas Benito Juárez y Eje Central, pues allí llegó la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación, célebre organización de profesores. Fue entonces cuando cientos de policías se movilizaron cerrando las principales calles que llevan a Palacio Nacional: 5 de mayo, Franscisco I. Madero y 16 de septiembre; por lo tanto, quienes quedaron atrapados entre el contingente de granaderos tuvieron que dar una vuelta enorme por calles aledañas para llegar a Bellas Artes en donde encontraron a cientos de policías rodeando a los docentes. El ambiente comenzó a tornarse pesado y caminamos hacia Paseo de la Reforma por Avenida Juárez, en donde se podían escuchar las consignas de “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”, “¡Fuera Peña, fuera Peña!”.

Una de las recomendaciones previas a la marcha era no llevar niños, ancianos y mascotas, para no ponerlos en riesgo, sin embargo, era sorprendente el número de organizaciones que entre sus filas llevaban a familias enteras, incluyendo a los perros quienes también cargaban en sus lomos pancartas con la leyenda “Peña asesino”. Protegidos con un cordón de seguridad, celulares y tablets en mano para grabar cualquier incidente, las personas animaban a reforzar la tan importante seguridad colectiva, incluso quienes iban solos se sentían seguros.

Son aproximadamente las 5 de la tarde cuando se hace correr la voz de que atraparon a unos infiltrados en el contingente de la CNTE, pronto se escucha un clamor de indignación, la gente ya está cansada de tanta provocación pero también se encuentra feliz de que la organización los haya atrapado, cosa que nunca antes se había visto en la historia de las manifestaciones en México, y es que los concurrentes ya no tienen miedo.

La noticia nefasta

Llegando al Monumento a la Revolución, profesores de la CNTE, oradores de varios Estados y los padres de los estudiantes de los desaparecidos hablan de la urgencia de la renuncia de Peña Nieto y la importancia de las movilizaciones estudiantiles, sin embargo, lo más impactante del día fue la confirmación oficial de la muerte del estudiante Alexander Mora Venancio, uno de los 43 detenidos.

Aquella noticia es una bomba para todos los presentes, algunos hombres y mujeres no pudieron soportar el llanto, otros sólo bajaron la cabeza en señal de resignación, pues a pesar de qué ya se sospechaba, todos saben algo: nunca se está preparado para recibir las peores noticias.

Por su parte el antiguo compañero de estudios del hoy fallecido Alexander, Omar García culpó al Estado del asesinato y desaparición de sus compañeros, además de afirmar que comenzará a revelar los nombres de las personas involucradas en este crimen.

Ya circulan por internet las fotos del normalista asesinado, confirmada su identidad por los mismos peritos argentinos y el propio padre, de nombre Ezequiel Mora.

En las redes sociales, el Facebook de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos emitió el siguiente comunicado a nombre de su compañero fallecido:

Compañeros, a todos los que nos han apoyado, soy ALEXANDER MORA VENANCIO. A través de esta voz les hablo, soy uno de los 43 caídos del día 26 de Septiembre en manos del narcogobierno. Hoy 6 de diciembre le confirmaron los peritos argentinos a mi padre que uno de los fragmentos de mis huesos encontrados me corresponden. Me siento orgulloso de ustedes que han levantado mi voz, el coraje y mi espíritu libertario. No dejen a mi padre sólo con mi pesar, para él significo prácticamente todo, la esperanza, el orgullo, su esfuerzo, su trabajo y su dignidad. Te invito a que redobles tu lucha. Que mi muerte no sea en vano. Toma la mejor decisión pero no me olvides. Rectifica si es posible pero no perdones. Este es mi mensaje.

Hermanos hasta la victoria.

SOY ALEXANDER MORA VENANCIO DE EL PERICÓN, MUNICIPIO, DE TECOANAPA, GRO

Lo anterior abre una nueva brecha entre gobierno y sociedad civil, si en días posteriores se confirman que los demás restos pertenecen a los otros 42 desaparecidos, esto conduciría al país hacia una crisis política y social. La muerte de Alexander Mora es un llamado urgente a la sociedad a ir más allá de las manifestaciones y las acciones espontáneas; aunque es un suceso doloroso, también es una excelente oportunidad para que las organizaciones sociales dejen a un lado sus diferencias y se unan en una sola dirección, pues ahora ya no se trata sólo de los 43 normalistas sino del futuro de México.

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