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El acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), anunciado con bombos y platillos por Bolsonaro y festejado por la prensa, reafirma la sumisión del país a los grandes grupos económicos internacionales. Y profundiza el papel del Mercosur y del Brasil como colonias proveedoras de recursos naturales para el mercado mundial.

Por: Ricardo Ayala

La prensa y el gobierno dicen que el tratado va a permitir al Brasil tener acceso a un mercado de 750 millones de personas. Eso es una mentira para vender la subordinación del país. Con ese criterio, el Brasil debería hacer un acuerdo de libre comercio con China, que tiene casi dos mil millones de habitantes.

Decir que el Brasil tendrá “acceso a un mercado” no pasa de una idiotez, pues quien exporta e importa no es el Brasil sino, sí, las multinacionales instaladas aquí, y asociadas a empresas brasileñas. A esa gente no le importa nada el Brasil. Lo que quieren es aumentar sus ganancias.

El sueño de consumo de los exportadores de carne, pollo, azúcar, soja y otros productos que dependen de tierra abundante y barata es tener acceso al mercado europeo. Pero había dos grandes obstáculos para este “acuerdo de libre comercio”.

Para comenzar, los campesinos europeos, particularmente los de Francia, mantenían una fuerte movilización contra el aumento de la importación agrícola, en la medida en que cada país de la UE tiene reservada una determinada cuota de producción. Para eso, reciben subsidios para impedir la caída de los precios de los productos agrícolas. Un acuerdo comercial llevaría a esos campesinos a la ruina.

Además, un segundo obstáculo es el hecho de que, actualmente, la importación de productos agrícolas en la UE tiene una cláusula de prioridad para con las ex colonias europeas en África y en Asia.

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Con la salida de Inglaterra de la UE y la guerra comercial de Trump contra China, el anuncio del acuerdo reafirma a la UE como la defensora del “libre comercio” contra el “proteccionista Trump”. Pero mucha agua va a correr todavía bajo ese puente, toda vez que el acuerdo aún precisa ser aprobado por el parlamento de los 28 países que componen la UE y por los parlamentos regionales de Bélgica.

Volviéndonos colonia: consecuencias del acuerdo

Hoy, las mercaderías del llamado “agronegocio” del Mercosur entran en la UE limitados por cuotas. O sea, hay un límite para la compra de productos agrícolas (menos la soja) y las carnes. El acuerdo prevé el fin de estas cuotas de importación y la eliminación gradual de las tarifas. Este era el principal blanco de los últimos gobiernos brasileños en la negociación, desde Fernando Henrique Cardoso (FHC), pasando por los gobiernos petistas, hasta Bolsonaro.

El sector industrial instalado en el Brasil no tiene nada para ganar con esta historia, pues no tiene la mínima condición de competir con las industrias europeas. A cambio de la promesa de abrir el mercado de la UE al agronegocio del Mercosur, las tarifas de los productos industrializados, mercaderías que entran como componentes para la producción industrial, como autopartes, también tendrían una reducción de tarifas hasta la tarifa cero.

Ocurre que las industrias instaladas aquí importan la mayoría de los componentes que utilizan. Un ejemplo es el sector productor de mercaderías de alta y media tecnología. En 2016, el sector fue responsable por 33% de la producción industrial brasileña y fue responsable por 70,8% de la importación total de bienes. Pero, para producir eso tuvo que importar 71% de insumos y componentes.

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Más desempleo

En caso de que la tarifa para los insumos industriales entre en vigencia, empresas con sede en la Unión Europea, como Volkswagen, Renault, entre otras, podrán importar libremente la mayoría de los componentes. El resultado es que solo montarán aquí el producto final. Eso hace que la mayoría de los empleos del sector industrial, que paga los salarios más altos, simplemente dejen de existir.

Pero, ¿los automóviles producidos aquí pueden ser exportados para Europa? No pueden, pues tienen menos avances tecnológicos incorporados y no cumplen las normas sobre la emisión de gases invernadero. Ellos seguirán siendo vendidos en los países del Mercosur, como ocurre hoy.

Para el agronegocio, en cambio, el acuerdo será un buen negocio, pues amplía las exportaciones de materias primas. Para las multinacionales europeas instaladas aquí, el acuerdo también será óptimo.

Además, el acuerdo será mortal para el carro-jefe de toda la producción industrial capitalista: la industria de bienes de capital, que fabrica máquinas y equipos y que exige una fuerza de trabajo con nivel técnico y salarios mayores. Ese sector va a ser sustituido por las importaciones.

Todo eso es lo que explica el porqué, desde el punto de vista de la burguesía, de las reformas laborales y de la previsión. Los empresarios quieren aumentar la explotación de los trabajadores; transformar el Brasil en una gran colonia que exporte soja, caña y minerales; destruir los empleos que exigen más inversiones en la educación, y pagar salarios aún más bajos. ¡Bienvenidos al siglo 19!

Los presidentes de cuatro de los países miembros del Mercosur, en ocasión de su firma en 1991.

¿Qué es el Mercosur?

Fundado en 1991, el Mercosur es una especie de plataforma de exportaciones para las multinacionales; cerca de 95% del comercio entre los países del Mercosur son realizados completamente libres de barreras tarifarias. Actualmente, el Mercosur está formado por cinco miembros plenos: Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Venezuela (que está suspendida del bloque desde diciembre de 2016), y cinco países asociados: Chile, Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú.

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Traducción: Natalia Estrada.