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Honduras experimenta un ascenso de la lucha de clases, como pocos en su historia reciente, el referente más cercano es la lucha contra el Golpe de Estado en 2009. Sin duda alguna, estos episodios no son rayos en cielo sereno. Al contrario, el golpe es la respuesta de la burguesía hondureña ante los avances y conquistas que venía obteniendo el movimiento obrero, popular y social.

Por  Comité Central del PST-Honduras

Este proceso de ascenso popular venía acumulando fuerzas desde 2001, y experimentó un pico en 2008 cuando se realizaron tres Paros Cívicos organizados por la entonces Coordinadora Nacional de Resistencia Popular, CNRP, máxima organización construida durante esta etapa. La mayoría de las organizaciones de la CNRP fueron cooptadas por Manuel Zelaya Rosales en la segunda parte de su mandato, con la ayuda del castro-chavismo, y a punta de míseras concesiones a través de la adhesión de Honduras a Petrocaribe y el ALBA. Todo esto, la cooptación de buena parte del movimiento popular, provocó un descenso en las movilizaciones que se venían dando. Pese a eso, los núcleos de esas organizaciones fueron determinantes para dar vida al Frente Nacional de Resistencia Popular, FNRP.

La organización de la resistencia se da el mismo día del Golpe, y en un inicio funciona con la misma metodología de la CNRP, aunque ésta fue cambiando producto de la nueva composición social –ingresaron los liberales en resistencia- y por los objetivos del nuevo espacio. Por un lapso de cinco meses convivieron los dos espacios, hasta que el nuevo se impuso. Pocas organizaciones dimos la batalla en su defensa y perdimos. La razón política es que el FNRP dirigido por Mel Zelaya desde el exilio, respondía a una lógica de negociaciones y pactos con los golpistas, y no confió nunca en la fortaleza y lucha del pueblo.

Antes de seguir, es muy importante destacar que, la resistencia contra el golpe de Estado alcanzó dimensiones no vistos en la historia de este país, por el números de luchadores, por los cuatro meses de duración de movilización diaria y desde luego por las represiones a la que fue sometida durante la dictadura de Roberto Micheletti; pese a todo lo mencionado, eso no quiere decir que sea el más avanzado que ha tenido el país. Ese sitio está reservado para la Huelga de 1954, más conocido como la huelga bananera, cuya influencia en la vida de la clase trabajadora hondureña trasciende hasta nuestros días.

Las acciones de la Resistencia no sólo fueron sumamente nutridas, también logró poner en aprietos a la dictadura michelettista. Podemos fácilmente mencionar tres de ellos: el primero es el 5 de Julio, día en que se esperaba la llegada de Manuel Zelaya en el aeropuerto y el ejército no permitió que la aeronave lograra aterrizar. Ese día se registró también oficialmente el primer asesinato en plena movilización, el de Isis Obed Murillo. Como no debe sorprendernos, las direcciones se encargaron de intentar contener a la gente; la multitud era tal que los aparatos represivos caminaban entre ella y por más que intentaron no había forma de detener esa marea humana.

El segundo gran momento que metió en crisis al régimen de Micheletti fue durante el 26 y 27 de agosto, días durante los cuales se anunció el ingreso de Zelaya por la frontera con Nicaragua de Las Manos. Durante estos días sucedió una masiva peregrinación de la Resistencia hacia dicha frontera. Este hecho encrudeció la crisis debido a que el régimen tuvo que cubrir un nuevo frente de lucha, las montañas hondureñas por donde peregrinaba el pueblo, lo cual combinado con las permanentes movilizaciones en las ciudades, metieron en crisis a los aparatos represivos que no se daban abasto para tan amplio despliegue geográfico que daba la Resistencia.

El tercer momento álgido, y el que más similitud tiene con los hechos que suceden hoy día, se produjeron el 21 y 22 de septiembre cuando Manuel Zelaya ingresó al país y se instaló en la Embajada del Brasil. Esos días algunos barrios se insurreccionaron, se saquearon algunos centros comerciales y la policía fue enfrentada y derrotada. Sin embargo, otra vez, la dirigencia maniobró para desmovilizar, convocando al día siguiente a una concentración en Casa Presidencial. Si bien, los tres picos más importantes de la movilización están ligados con el retorno o el intento de retorno del ex presidente Zelaya, lo que nos interesa destacar son las lecciones que las masas aprendieron y que en este momento se necesitan recordar.

La represión y las negociaciones

La dictadura de Micheletti hizo un despliegue total de los órganos represivos que superó la capacidad presupuestaria del Estado. Compró, principalmente al Estado de Sionista de Israel, tanquetas, cargamentos de gas lacrimógeno, gas pimienta y demás materiales. Se gaseaba desde helicópteros a las manifestaciones y a las colonias en lucha, y además lo hacían en las instituciones donde los manifestantes se refugiaban. Tristemente famoso es el episodio donde una Universidad fue gaseada mientras en su interior contaba con ancianos y niños que participaban en las protestas. El gas penetró todo el refugio y algunas personas terminaron muriendo en los hospitales asfixiados por el gas lacrimógeno. Mismo escenario sucedía en las calles, en las salidas de las ciudades y en todo lugar donde el ejército o la policía emboscaban a los manifestantes. Capturas masivas, golpes, torturas y asesinatos eran el pan de cada día.

Pese a la brutalidad de las represiones, no fue ese el motivo de la paulatina desmovilización. Cada muerto moralizó a los luchadores, y luego de cada represión el pueblo volvía con más ahínco y en mayor cantidad. Lo que explica la desmovilización fue la política de la dirección; los acuerdos a espaldas de las masas resolvieron el conflicto a favor de los golpistas, dándole pequeñas tajadas a la dirección oportunista de la resistencia, pero nada al pueblo hondureño El balance de ese proceso de lucha claramente fue una derrota. Y esta es una de las grandes lecciones aprendidas: el caudillismo de Manuel Zelaya y la claudicación de las direcciones populares jugaron un papel decisivo en la derrota de las masas.

El retorno definitivo de Zelaya en mayo de 2011 es producto del Acuerdo de Cartagena, quizá el más importante que firmó a espaldas del pueblo resistente –firmado ante la venia de Juan Manuel Santos de Colombia, Hugo Chávez de Venezuela y Óscar Arias de Costa Rica-. Lo que viene a partir de ese pacto es la desmovilización total de la resistencia y, en consecuencia, los golpes más duros a la clase trabajadora. Dicho pacto fue cumplido a cabalidad por el melismo, no así por el gobierno quien se consolidaba cada día más. Mientras echaban por el suelo las conquistas históricas del pueblo, en el terreno político había una reconfiguración y nuevas expresiones político-electorales. Mientras el otrora gran Partido Liberal se hundía en la más profunda desgracia, resultado de su nefasto papel en el Golpe de 2009, el Partido Nacional, en el gobierno en ese momento, se erigía como el máximo mandamás de la política de nacional. Este ascenso fue en buena medida gracias al surgimiento y consolidación de nuevas figuras, como Juan Orlando Hernández, quien encabezó el Congreso Nacional durante el gobierno de Porfirio Lobo. Desde ese momento JOH ya mostraba su calaña, y es desde ese poder del Estado, controlado por él, que se lideró la ofensiva neoliberal impuesta por el departamento de Estado norteamericano.

Por la importancia que tuvo el Congreso Nacional en esa etapa, no sería una exageración decir que JOH gobernaba el país desde ese momento, o por lo menos ya era consciente que pavimentaba el camino para su próxima etapa presidencial. Aprovechándose de una absoluta mayoría de diputados de su partido, tuvieron una legislación tan abusiva que desde entonces ya  lo hacían al margen de la Constitución de la República. En gran medida se envalentonaron tanto porque sabían que además tenían a Zelaya y a su proyecto en formación, el Partido Libertad y Refundación LIBRE, amarrado por los Acuerdos de Cartagena. En esta etapa lo que quedaba de la Resistencia dentro de LIBRE se limitó a tibias denuncias que no le hacían cosquillas al régimen, e incluso estas cosquillas disminuyeron cuando de a poco fue comprando a muchos de estos dirigentes.

A pesar de todo ese retroceso, algunos sectores enfrentaron al gobierno de manera directa y por fuera de la dirección de LIBRE, entre estas luchas sobresalen los movimientos indígenas liderados por Berta Cáceres en contra de las represas, muchas expresiones territoriales liderados por OFRANEH y MADJ, la del estudiantado universitario contra la privatización de la Universidad Nacional UNAH liderada por el Movimiento Estudiantil Universitario MEU, y el Movimiento de Antorchas de los Indignados contra el saqueo del Seguro Social. Estos dos últimos son una clara expresión del vacío de dirección del movimiento de masas y al mismo tiempo del desbordamiento de una juventud decepcionada del papel de la burocracia del entonces FNRP, y del hoy LIBRE. Son direcciones que, sin tener una trayectoria de lucha reconocida, se pusieron coyunturalmente contra el régimen; pero su inexperiencia terminó siendo su principal debilidad. Ambos movimiento estaban plagado de dirigentes oportunistas pequeños burgueses, que sin un programa político claro terminaron pactando a la primera oportunidad que tuvieron. Pareciera que lo único que buscaban era erigirse como futuras figuras electorales.

Todas estas luchas también sirvieron para definir un sentimiento anti JOH. Desde el ascenso de Juan Orlando a la presidencia, toda lucha se relacionaba directamente con la presencia de él en la dirección del gobierno, al punto de colocarlo como una consigna central, tanto de los luchadores como de la población en general, el “fuera JOH” ha sido coreado en eventos de todo tipo, y al no ser canalizado por nadie en el terreno de la movilización popular directa, debido a la crisis y ausencia de dirección popular consecuente, este sentimiento se terminó expresando en las elecciones de noviembre de 2017. Son los jóvenes anti JOH los que defendieron el voto en las urnas, son el sector que lideran las luchas hoy día y quienes mayoritariamente defienden las barricadas en esta insurrección.

Cómo se sostiene el gobierno de JOH

A lo largo de 8 años, Juan Orlando se ha ganado el repudio general de la población. Esto debido a que su comportamiento es la de un emisario del FMI, más que la de un gobernante de la nación. Su prioridad siempre ha sido cumplir el acuerdo con ellos; y para quedar bien con el imperialismo y seguir recibiendo cheques del FMI, ha estado claramente dispuesto a reducir los presupuesto de salud y educación, despedir a 25,000 empleados públicos, entregar los recursos naturales, vender las empresas públicas, privatizar las carreteras, vender todos los territorios que le pidan y una batería de medidas similares. Todo esto de la mano de un torbellino de violencia que ha convertido a Honduras en el país más violento del mundo con tasas de homicidios diarios similares a las que viven los países en guerra civil. Al mismo tiempo de estos ataques, ha endeudado al país como nunca y junto a varios dirigentes de su partido ha participado directamente del latrocinio del Seguro Social y otras instituciones de previsión social.

Con el apoyo de las familias más poderosas, principalmente del sector financiero, a los cuales retribuye con fideicomisos y concesiones de todo tipo, y con fondos del endeudamiento interno y externo, JOH ha comprado la institucionalidad del Estado para garantizar su proyecto reeleccionista. Al mismo tiempo reparte migajas a los sectores más empobrecidos en un país en el que el 70 % de la población es pobre y el 44% es indigente. El gobierno se aprovecha de la necesidad de las personas y les paga públicamente lo equivalente a 2 dólares para que lo acompañen a sus actividades reeleccionistas. Además, como gobierno burgués que es, JOH se sostiene en los momentos más álgidos en aparatos represivos y por eso uno de sus proyectos ha sido siempre el aumentar el presupuesto para defensa, además de priorizar la presencia de una guardia pretoriana exclusivamente a su servicio, la Policía Militar y del Orden Público, PMOP.

En su momento, incluso, JOH intentó darle un rango constitucional a esta PMOP, pero este proyecto fue detenido por la Oposición Parlamentaria que compone el Partido Liberal, el partido LIBRE y el antiguo partido de Nasralla, el PAC. Esta derrota parlamentaria a JOH, la única lograda en 4 años para esa Oposición, dejó a entrever otro hecho relevante: los partidos parlamentarios pudieron, de haber querido unirse, hacer retroceder muchas medidas del gobierno. El hecho que no lo hicieron en estos años se explica sencillamente porque, en el fondo, todos estos partidos tienen, en mayor o menor medida, acuerdos con los rasgos centrales del proyecto neoliberal definido para el país. Es así que mientras, por un lado, JOH se apoya en sus fuerzas represivas y en el imperialismo para sostener su régimen, por el otro lado, la oposición le ha ayudado a cogobernar el país impulsando el proceso de desmovilización canalizando la fuerza de la clase obrera organizada hacia el terreno electoral, y como no podía ser de otra forma, votando a favor de muchos proyectos de JOH en el parlamento, cada uno de los partidos en momentos diferentes, traicionando así, los intereses de la clase trabajadora.

El triunfo electoral de la Alianza de Oposición y la insurrección

El caldo de cultivo que dio ventaja a Salvador Nasralla es toda la indignación contra el proyecto reeleccionista de JOH y el repudio acumulado en todos estos años de postergación y miseria impuesta al pueblo. Este repudio va más allá de su propia figura, puesto que tiene sus bases materiales en la realidad de privatización y muerte que ha aquejado al pueblo durante años, y que explicábamos líneas arriba. El sentimiento de revancha contra el gobierno se ha mantenido durante años, pese a las múltiples derrotas sufridas por culpa de la política de las direcciones. La presencia de este sentimiento de revancha y el hecho que las masas nunca han sido aplastadas se terminó juntando y evidenciando en el voto masivo para la opción que se presentaba con mayores posibilidades de ganar, la Alianza de Oposición Electoral de Nasralla con el partido LIBRE de Manuel Zelaya. Pese a que las masas siempre supieron que había amplias posibilidades de fraude, las direcciones las convencieron que éste iba a ser derrotado únicamente con el voto masivo, sin necesidad de una presencia popular en las calles, previo incluso al proceso electoral.

La concreción de este fraude, lo único que hace es desbordar la olla de presión que sostenía la paciencia de las masas, superando incluso a las direcciones lo suficiente como para no caer en la Trampa del Tribunal Supremo Electoral. Esta vez no es que Nasralla y Zelaya se hayan vuelto progresivos, sino, que no han podido controlar la situación. Tampoco es que sean más firmes con sus posiciones; en realidad lo único que ha evitado que el Tribunal declare ganador a Juan Orlando, hasta el momento que escribimos estas líneas, es precisamente la lucha de las masas a nivel nacional.

El PST, sección hondureña de la LIT está del lado de las masas, advierte que todos conspiran contra la voluntad del pueblo y es por eso no confiamos en el proceso electoral de conjunto, ni en sus actores contendientes y tampoco en los observadores. Por el contrario, denunciamos las maniobras de la OEA, la Unión Europea, y demás observadores, representantes directos del imperialismo, quienes siguen llamando a la calma y a la confianza del pueblo hondureño.

Al juntarse todo lo anterior, lo que ha traído como resultado es una terrible represión, con varios muertos en una semana y la suspensión de las garantías constitucionales, que no es otra cosa que la excusa para que los cuerpos represivos asesinen a discreción. Por eso estamos permanentemente levantando la necesidad de la salida inmediata del gobierno de JOH, sin esperar siquiera que termine su período electoral. Para esto, estamos llamando a la organización de un Gran Paro Cívico Nacional Indefinido e Insurreccional en todo el país, que se ampare en asambleas democráticas de los barrios, colonias y aldeas que sostienen hoy días las luchas, los cuales son principalmente las de mayor presencia obrera y popular.

También hacemos un llamado a los organismos de Derechos Humanos y a las organizaciones sociales y populares de ámbito internacional para realizar acciones en las Embajadas de Honduras en sus respectivos países. Así como también exigirles a sus respectivos gobiernos, especialmente a los que se denominan progresistas o por lo menos democráticos, a retirar sus embajadores y representantes en el país, así como el cierre de las embajadas en Honduras. Así como el gobierno de JOH mantiene el Estado de Sitio al pueblo hondureño, le pedimos a la clase obrera mundial sitiar a este gobierno corrupto e ilegal para colaborar en el proceso de insurrección nacional.