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La imagen que se tiene de los haitianos es la de la miseria en que este pueblo vive. Esta es apenas una parte de la verdad. La otra, sólo puede ser entendida si conocemos la historia de Haití: este también es un pueblo rebelde y altivo, con un histórico ejemplar de luchas y victorias en su pasado. 

Por Eduardo Almeida
 
Al conocer su historia y ver la miseria actual, se puede esperar una nueva rebelión, ahora contra la dominación imperialista garantizada por las tropas brasileñas.
 
Entre 1791 y 1804, los esclavos haitianos derrotaron a las tropas de las mayores potencias coloniales de la época y proclamaron la independencia de Haití. Los esclavos rebelados derrotaron a España, después a Inglaterra y finalmente a la Francia de Napoleón Bonaparte (la primera gran derrota de Napoleón). Fue un hecho militar notable, semejante a la victoria de la Revolución Rusa contra todas las potencias imperialistas entre 1918 y 1921.
 
Nunca antes en la historia, los esclavos habían vencido una revolución. La más famosa revuelta de este tipo conocida, la de Espartaco (74 años antes de Cristo), terminó en una masacre, con los cuerpos de los esclavos diseminados por las calles alrededor de Roma. Después de Haití, nunca más otra revolución dirigida por esclavos fue victoriosa, tornando a aquella una experiencia única en la historia.
 
Fue también la primera revolución anticolonial victoriosa de América Latina. Esa es una parte olvidada de la historia. Menos para el imperialismo, que nunca la olvidó. Hicieron a ese pueblo pagar esa tradición revolucionaria tornando a Haití uno de los países más pobres del mundo.
 
El desarrollo desigual y combinado
 
A finales del siglo XVIII existían 30.000 blancos, 25.000 mulatos y medio millón de esclavos en Santo Domingo (nombre con el que era conocida la Isla). Pero no se trataba del mismo tipo de esclavos de los tiempos de Espartaco. El libro más importante sobre la revolución haitiana, “Los jacobinos negros”, de C.L.R. James, un trotskista jamaiquino, describe así la situación de los trabajadores:
 
“Los esclavos trabajaban la tierra y, como los campesinos revolucionarios de cualquier lugar, deseaban el exterminio de sus opresores. Pero, trabajando y viviendo juntos en grupos de centenas, en los enormes ingenios de azúcar que cubrían la planicie del norte, ellos estaban más próximos de un proletariado moderno que de cualquier otro grupo de trabajadores de aquella época, y el levantamiento fue, por esa razón, un movimiento de masas enteramente preparado y organizado”.
 
La historia haitiana tiene características originales, siendo un fantástico ejemplo del desarrollo desigual y combinado definido por Trotsky.
 
Esos esclavos, que se asemejaban más a un proletariado rural moderno, derrotaron a los grandes propietarios blancos de tierras en Santo Domingo. Pero para conquistar la independencia de Francia, derrotaron también tanto a la decadente monarquía feudal francesa como a la burguesía victoriosa con las tropas de Napoleón Bonaparte.
 
La revolución haitiana fue concomitante con la revolución francesa. Cada período de ascenso y reflujo de la revolución en la metrópoli tuvo consecuencias en la colonia rebelada.
 
La colonización en América Latina
 
Para entender cómo se dio eso es necesario tener claro la forma en que se produjo la colonización de América Latina. Existe hasta hoy una polémica alrededor del carácter de la colonización española y portuguesa y de la producción realizada en este continente.
 
Durante muchos años prevaleció la interpretación de una colonización feudal, que justificaba la estrategia sustentada por el stalinismo sobre la necesidad de una revolución “anti-feudal”, una revolución democrático-burguesa en la que el proletariado debería unirse a la burguesía.
 
Contra ese tipo de evaluación se levantaron George Novack y Nahuel Moreno, que defendieron una interpretación opuesta. Veamos lo que dice Moreno sobre ese tema:
 
“El marxismo latinoamericano se educó bajo la influencia de un pseudo-marxismo basado en las fuentes de los historiadores liberales. Estos pregonaban una supuesta colonización feudal por parte de España y Portugal, que habría sido el origen de nuestro atraso con respecto a Estados Unidos de Norteamérica…
Fui uno de los primeros, si no el primero, que desde el año 1948 vengo luchando en los medios marxistas latinoamericanos contra la teoría de la colonización feudal, que en su momento levantaba el stalinismo como justificación teórica para su política de hacer una revolución anti-feudal y constituir frentes populares con la burguesía “anti-feudal” y “liberal”…
Sin emplear la expresión de combinación de distintas formas y basándome en Marx, que definió la colonización esclavista de Estados Unidos como “capitalismo feudal”, mi interpretación fue esencialmente la de Novack, que es a su vez la de Marx, aunque sin citarlo.
En la Tesis II de mi trabajo ‘Cuatro tesis sobre la colonización española y portuguesa’, publicada repetidas veces desde 1948 e impresa por primera vez en 1957 en ‘Estrategia’, digo categóricamente:
La colonización española, portuguesa, inglesa, francesa y holandesa en América fue esencialmente capitalista. Sus objetivos fueron capitalistas y no feudales: organizar la producción y los descubrimientos para conseguir ganancias prodigiosas y para colocar mercaderías en el mercado mundial. No inauguraron un sistema de producción capitalista porque no había en América un ejército de trabajadores libres en el mercado. Es así como los colonizadores, para poder explotar de forma capitalista a América, se ven obligados a recurrir a relaciones de producción no capitalista: la esclavitud o una semi-esclavitud de los indígenas. Producción y descubrimientos por objetivos capitalistas; relaciones esclavas o semi-esclavas; formas y terminologías feudales (igual que en el capitalismo mediterráneo) son los tres pilares en que se asentó la colonización de América.”
 
Esa es la base para entender la estructura social haitiana en la época de la revolución. Grandes propiedades producían azúcar para el mercado mundial, siendo, por lo tanto, empresas capitalistas. Pero se apoyaban en mano de obra esclava, o sea, en relaciones de producción pre-capitalistas.
 
Santo Domingo era en aquella época la principal colonial de todo el mundo y el azúcar, la principal mercadería, una especie de petróleo de aquel momento. La isla producía 40% de todo el azúcar del mundo, siendo por eso la más importante colonia del planeta. Era la principal base de acumulación para la burguesía mercantil, la fuerza económica más importante de Francia en aquella época, clase dirigente de la revolución.
 
Los frutos de la explotación colonial de Santo Domingo alimentaban la Montaña [en francés: Montagne], ala derecha de la revolución francesa. Bordéus, Nantes y Marsella, ciudades mercantiles, eran los centros económicos de esa burguesía y de la relación con Santo Domingo.
 
La revolución haitiana se combina con la francesa
 
Cuando la revolución estalló en París en 1789, con la caída de La Bastilla, se produjo una fuerte conmoción en las clases dominantes en Santo Domingo. La burguesía latifundista blanca en la colonia se puso en movimiento para conseguir mayor control de la Isla frente a una Francia sin monarquía.
 
Los esclavos aprovechan la crisis en las clases dominantes e inician una revuelta en 1791. Primero, con métodos típicos del campesinado, como la revuelta de Bouckman, que usaba tácticas de guerrilla. Esa primera fase de rebelión fue derrotada.
 
Después, los negros concentrados en las grandes haciendas se levantaron en revueltas que posibilitaban la formación de verdaderos ejércitos negros. Eran dirigidos por generales brillantes que se equipararon a los mayores genios militares de la época. El mayor de ellos fue sin duda Toussaint L’Ouverture.
 
C.L.R. James cuenta cómo la revolución haitiana se combinó con la francesa. El ascenso de la revolución en la metrópoli va haciendo que su dirección se desplace hacia la izquierda terminando por pasarse para el ala jacobina de Robèspierre –la expresión de la pequeña burguesía urbana– entre mayo de 1793 y julio de 1794.
 
Es un momento clave de la historia, tanto para Francia como para la colonia de Santo Domingo. Hasta aquel momento, aun con la aprobación de resoluciones políticas democráticas revolucionarias no se había tocado un tema clave para Santo Domingo como la esclavitud. La burguesía mercantil no quería saber de la abolición del tráfico que le rendía enormes lucros. Sólo el pasaje del poder para los jacobinos posibilitó la abolición de la esclavitud, resuelta en 1793.
 
Esa expresión del auge de la revolución en Francia tuvo consecuencias fundamentales en Santo Domingo. Toussaint L’Overture, se aliaba hasta aquel momento con los españoles que le abastecían armas contra la dominación francesa. Con la abolición de la esclavitud por la revolución en París, asumió la bandera francesa. En los siete años siguientes, Toussaint expulsó a los ejércitos españoles e ingleses y se transformó, de hecho, en el único gobierno en Santo Domingo.
 
Sin embargo, la derrota de los jacobinos marcó el cambio de la revolución francesa hacia su reflujo. El gobierno fue pasando cada vez más a la derecha hasta que Napoleón Bonaparte dio el golpe del 18 Brumario, instituyendo el consulado en 1799, y coronándose emperador en 1804. El retroceso político de la revolución francesa mantuvo, no obstante, los cambios fundamentales de la revolución burguesa como la reforma agraria, la abolición del feudalismo y sus privilegios, el principio de la igualdad ante la ley.
 
El desarrollo de las revoluciones francesa y haitiana alcanzó un nivel claramente desigual: el reflujo en Francia se combina con su fortalecimiento en Santo Domingo. Las victorias militares de Toussaint y de los otros generales negros llevaron a los ejércitos negros a asumir el papel de principal factor de poder en la Isla.
 
Toussaint vio crecer su fuerza mientras aumentaba su desconfianza con los rumbos franceses. Proclamó una nueva constitución en 1801, en la cual no existe ningún poder por encima del suyo en la Isla. Pero no declara la independencia de Francia.
 
Eso se daba casi cincuenta años antes del Manifiesto Comunista y setenta años antes de la Comuna de París. Si el semi-proletariado rural de Haití era la vanguardia de la revolución en este país, el proletariado a nivel internacional no tenía aún un papel independiente en las luchas, y menos aún una formulación programática propia.
 
La vanguardia indiscutida de la revolución haitiana llegaba al poder y mostraba sus límites. A partir del control del poder comienzan a desarrollarse en Haití las nuevas clases dominantes negras a partir de los generales, que pasaron a controlar las grandes propiedades expropiadas a los franceses. Al mismo tiempo, se diferencia un ala izquierda, apoyada en pequeños propietarios, los cimarrones, que tenían en el general Moise, sobrino de Toussaint, su principal referencia.
 
Toussaint, en medio de sus desconfianzas, mantenía su expectativa en Francia, que era, en aquel momento, la referencia democrático-revolucionaria en todo el mundo, con los ideales de libertad, igualdad, fraternidad. Su enemigo principal ya no era una monarquía feudal sino la burguesía francesa que aceptaba el régimen de Bonaparte para consolidar su poder económico.
 
Napoleón, con sus guerras, buscaba extender la revolución francesa al resto de Europa, teniendo un papel claramente progresivo en aquel continente. En relación con Santo Domingo, no obstante, Bonaparte demostró, en una de las primeras manifestaciones de la historia, lo que sería el imperialismo burgués. Envió setenta mil soldados a Santo Domingo para retomar el control directo de la Isla e imponer nuevamente la esclavitud. Napoleón era progresivo en Europa y contrarrevolucionario en las colonias.
 
Toussaint no creía que Bonaparte llegase a eso. Para evitar un enfrentamiento con Francia a través de una declaración de independencia, no preparó la guerra inevitable contra Bonaparte.
 
Un levantamiento en el norte del país, comandado por Moise, tenía por objetivo la independencia de Francia y la división de las grandes propiedades para hacer una reforma agraria que contemplase a los campesinos. Toussaint derrotó la rebelión y fusiló a Moise, su sobrino y la mayor expresión del ala izquierda de la revolución.
 
Una coincidencia cruel mostró los límites de Toussaint: Moise fue ejecutado el 21 de noviembre de 1801, la misma fecha de la partida de la expedición militar de Napoleón para reconquistar Santo Domingo.
 
Toussaint, que había demostrado inteligencia e iniciativa geniales en términos militares –suficientes para derrotar dos imperios– mostró sus límites por sus horizontes ideológicos. Sólo acreditó en la realidad al ver con sus propios ojos los navíos franceses entrando en la bahía de Le Cap. Por eso, los ejércitos negros sufrieron pesadas derrotas en el inicio de la invasión de Bonaparte.
 
La burguesía francesa, defensora del iluminismo y de la democracia, mostró sus garras. Para reconquistar Santo Domingo utilizó métodos salvajes y bárbaros contra los negros, con masacres y genocidios tanto o más violentos que las monarquías feudales de antes. Miles de hombres, mujeres y niños fueron fusilados, quemados vivos y ahogados para aplastar y desmoralizar a los esclavos rebelados. La burguesía quería mostrar el lugar que reservaba a los negros en la sociedad.
 
Una vez más, no obstante, la revolución se impuso. Las fuerzas negras se recompusieron, combinando tácticas de guerrilla con enfrentamientos abiertos de los ejércitos. Comenzaron a imponer derrotas cada vez más pesadas a los franceses. La fiebre amarilla ayudó a diezmar miles de soldados de las tropas de Bonaparte. Una derrota humillante se aproximaba para Napoleón.
 
En ese momento, Toussaint, una vez más, mostró cómo sus límites ideológicos perturbaban su genio militar. Propuso un armisticio al general francés Leclerc, con tres condiciones: libertad para todos, mantención de los cargos y funciones para los oficiales negros, y garantías para Toussaint. El general francés aceptó el acuerdo, sorprendido y aliviado. En la inminencia de una derrota, el enemigo le ofrecía un empate, que luego se transformaría en victoria.
 
Dos meses después, Leclerc traicionó el acuerdo. Convocó a Toussaint para una reunión, lo tomó prisionero y lo despachó para Francia. Napoleón determinó que no fuese ejecutado, pero que muriese por malos tratos en la prisión. La atención médica fue suspendida, así como la imprescindible calefacción frente al riguroso invierno en los Alpes franceses.
 
En 1803, Toussaint L’Ouverture murió de frío, solo en una prisión. El mayor líder revolucionario de los esclavos moría así. Derrotado, no por fuerza de la contrarrevolución sino en función de sus propios límites.
 
La revolución negra no se detuvo. Un nuevo levantamiento se extendió al conjunto de Santo Domingo. Comandados ahora por Dessaline, uno de los generales de Toussaint, los ejércitos negros derrotaron a los franceses devolviendo la crueldad demostrada por ellos. Fueron muertos todos los franceses en la Isla y quemadas sus propiedades.
 
Los haitianos al final proclamaron su independencia en 1804. Los esclavos alcanzaban su primera y única victoria en la historia hasta el día de hoy. Fue la primera revolución anticolonial victoriosa en América Latina. Se transformó de inmediato en la referencia revolucionaria para todo el continente.
 
Un preludio de revoluciones futuras
 
Comparando las revoluciones anticoloniales en Haití y en los Estados Unidos, George Novack afirma: “El siglo XX, dominado por el capital monopolista e imperialista, fue la era de la revolución colonial por excelencia. Dos rebeliones especialmente notables de este tipo ocurrieron antes del siglo XX, cuando reinaba el capital comercial en los dominios comerciales de Inglaterra y Francia. Ambas rebeliones se dieron en América, una en el litoral del Atlántico Norte y la otra en la Isla de Santo Domingo.
“Ambas revoluciones compartían una característica común: su resistencia y subsecuente victoria sobre la dominación imperial europea. Pero también tuvieron características muy diferentes. Las clases involucradas pertenecían, considerándolas de acuerdo con la evolución histórica, a niveles diferentes de desarrollo. La rebelión de Santo Domingo era parecida con las rebeliones de la Roma antigua, aunque se enfrentaba con latifundistas burgueses y no contra opresores patricios. La guerra de independencia norteamericana fue dirigida por una coalición de comerciantes del norte con hacendados del sur. Estos últimos eran esclavistas y, por supuesto, impidieron con éxito la participación de los esclavos en la guerra.
“Mas, a pesar de su heterogeneidad social, ambas naciones coloniales vivían bajo el imperio de un solo mercado mundial, del cual eran parte integrante y, además, muy importante. Sus movimientos insurgentes fueron la consecuencia de la misma dinámica de los imperios comerciales europeos.”
 
Los comerciantes y hacendados norteamericanos, fuerza social dirigente de la revolución en este país, eran parte de las clases dominantes en términos económicos, en 1776. Sus diferencias en relación con las relaciones de producción pre-capitalistas esclavistas llevaron a la guerra civil de 1864, la segunda revolución burguesa de los Estados Unidos. Pero se trataba de diferencias entre las clases dominantes. La burguesía que emergió de las revoluciones norteamericanas moldeó el país a su imagen y semejanza, abandonó cualquier postura revolucionaria y asumió un papel contrarrevolucionario en escala mundial, que detenta hasta hoy.
 
Ya en Haití, los esclavos se enfrentaron con los propietarios de tierras burgueses en la Isla y con la burguesía emergente en Francia. Vencieron a todos, pero no tenían un proyecto social y político propio.
 
El sujeto social de la revolución era un semi-proletariado rural y tenía como enemigos principales a la burguesía nativa y a la francesa. Pero aún era la época de un ascenso de la burguesía comercial en todo el mundo. No existían las condiciones para la transformación de la revolución anticolonial en socialista, como se daría con el transcurrir del siglo XX.
 
El proletariado en todo el mundo no tenía una participación independiente en los procesos revolucionarios. Las primeras expresiones socialistas –como Babeuf en la revolución francesa, que defendía la abolición de la propiedad privada– se chocaban aún con el débil desarrollo de las fuerzas productivas también en Francia. El desarrollo político del proletariado pasaría todavía por una fase intermedia conjunta con la burguesía en varias revoluciones en el siglo XIX, en que ya tenía una fuerza para tener un papel propio, pero no tenía desarrollo suficiente para dirigir la revolución, como en la revolución alemana de 1847.
 
El Manifiesto Comunista fue escrito en 1848 como primera expresión internacional del programa científico del proletariado. La Comuna de París, el primer ejercicio del poder por el proletariado se dio en 1871. La Revolución Rusa de 1917 ocurrió más de cien años después de la revolución haitiana.
 
Eso explica los límites de la revolución haitiana. Al no poder avanzar hacia una revolución socialista, terminó por retroceder. Pero debe inscribirse no sólo como la única revolución triunfante de los esclavos en la historia, como la primera revolución anticolonial de América Latina, sino también como uno de los preludios de la revolución proletaria en todo el mundo.
 
Traducción: Natalia Estrada.