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Está terminando el mandato de la Minustah (Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití); las tropas brasileñas y de otros países están dejando Haití, y serán sustituidas por la Minusjusth, con menos contingente.

Por: Eduardo Almeida

La prensa burguesa hace un balance positivo de la Minustah, manteniendo la versión de que habría tenido un papel “humanitario” y para evitar la “violencia” en el país. Muestran fotos de soldados sonrientes, junto a niños haitianos.

Es todo una farsa. Una gran mentira más para cubrir uno de los episodios más vergonzosos de la historia latinoamericana. El gobierno Lula, con apoyo de los otros gobiernos de “centro-izquierda”, como Evo Morales y Bachelet, fueron los brazos armados del imperialismo norteamericano en esa invasión militar al país más pobre del continente.

Es necesario que los activistas, las organizaciones de los trabajadores, los medios alternativos, divulguen la verdad sobre la ocupación militar de Haití.

La farsa “humanitaria”

En una de las veces en que estuve en Haití, en medio de una palestra para estudiantes de una universidad, hablé de que la justificación dada en el Brasil para la ocupación militar era que se trataba de una misión “humanitaria”.

La reacción fue una carcajada, y después una indignación general. Me llevaron para ver un gran cartel escrito por ellos con letras irregulares. Las letras eran formadas con las cápsulas de las bombas de gas lacrimógeno, lanzadas contra ellos por los soldados brasileños. En el cartel estaba escrito “Fuera Minustah”, la misma frase muy leída en los muros de Puerto Príncipe.

No hubo mejora social con la Minustah. Ninguna obra en las áreas de la salud, red de alcantarillado, educación, transporte, hecha o dirigida por las tropas. La situación de los haitianos hoy es peor de lo que era hace 13 años. Por eso, los estudiantes rieron de la acción “humanitaria”.

La acción de las tropas en los grandes desastres que se abatieron sobre el país fue desastrosa. No hizo prácticamente nada en el terremoto de 2010, y trajeron el cólera para Haití.

En enero de 2010, un terremoto 7,0 en la escala Ritcher destruyó 70% de la capital de Haití, matando a cerca de 300.000 personas y dejando 1,5 millones de desamparados. Poco más de un año después, un terremoto –8,9 en la escala Ritcher– alcanzó el Japón, matando a 6.000 personas. Basta comparar los números para ver que la dimensión del desastre no tiene que ver solo con la naturaleza sino con la situación social del pueblo de Haití.

Los haitianos se quejan que enseguida después del terremoto las tropas se dedicaron esencialmente a proteger los cuarteles contra la población hambrienta. Todos cuentan cómo el pueblo buscaba rescatar a las víctimas usando las propias manos, con palas improvisadas, sin ningún auxilio. Por eso fueron rescatadas apenas cerca de 200 personas con vida. El terremoto aumentó enormemente el odio de los haitianos con relación a las tropas.

Después de eso, centenas de millones de dólares fueron enviados de todo el mundo para “acciones humanitarias” que nunca llegaron al pueblo haitiano. Muchos gobernantes y ONGs se enriquecieron con esos dólares. Hasta hoy, pasados ya siete años, Puerto Príncipe aún parece una ciudad arrasada, con muchos edificios destruidos y campamentos de desamparados.

La epidemia de cólera, que vino enseguida después, mató a 30.000 personas y dejó 700.000 enfermos. La propia ONU tuvo que admitir que fueron las tropas de la Minustah –los soldados de Nepal– que trajeron el cólera para Haití.

Otro ideología para justificar la ocupación militar es que era fundamental para combatir la “violencia”. Según esa otra versión, los haitianos son muy violentos, y fue necesaria la presencia de las tropas para “pacificar” el país.

Esa es otra mentira. El índice de homicidios –un dato tradicionalmente usado para comparar la violencia en distintas regiones– era en 2007 de 5 por cada 100.000 habitantes en Haití, debajo de la media global de 7 por cada 100.000. En el Brasil, en el mismo año, era de 25,2 por cada 100.000 habitantes, y hoy es de 30,5 (más de seis veces el índice de Haití).

Mi experiencia personal indica lo mismo. La primera vez que fui al país, andaba por las villas de emergencia de Puerto Príncipe con equipo de filmación y fotografía en las manos, como no andaría en muchas ciudades del Brasil.

La verdadera misión de las tropas

Las tropas fueron a Haití para reprimir al pueblo, por eso, reprimieron el levantamiento por hambre de 2008, la huelga de los obreros textiles de 2009. La universidad en que di la charla también fue invadida en 2009. La represión era el día a día de las tropas en las incursiones en las gigantescas villas de emergencia del país, como Cité Soleil. En esa comunidad, en 2005, las tropas hicieron una masacre, con 27 muertos.

Algunos estudiosos, como Claudio Silveira, afirman que la experiencia que el Brasil adquirió en Haití contribuyó para originar en 2008 las llamadas Unidades de Policía Pacificadora (UPPs), que ahora están fracasando también en Rio de Janeiro.

Existen más de 2.000 denuncias de abusos sexuales de los soldados de la Minustah contra mujeres, niños y niñas haitianos.

Desde la caída de la dictadura de Baby Doc en 1986, la burguesía haitiana no consiguió restablecer el Estado, como se hizo en el resto de América Latina.

En todos los otros países del continente, después de la caída de las dictaduras, la burguesía consiguió recomponer el Estado, en general a través de un régimen democrático burgués. Fue así en el Brasil, en Argentina, Chile, Uruguay, y en los otros países en que existieron dictaduras.

Pero eso no ocurrió en Haití. La explosividad social del país –con su historia de revoluciones– y la fragilidad de la burguesía parasitaria haitiana no permitieron eso. Las fuerzas armadas del país fueron disueltas en 1995 por el gobierno Aristide, después de haber sido base para la ultraderecha golpista.

Desde entonces, la burguesía nunca consiguió recomponer las fuerzas armadas y un régimen político que pudiese estabilizar el país. La dominación burguesa en Haití viene apoyándose en tropas extranjeras. En los últimos 13 años, por la Minustah.

Una historia que tiene que ser conocida

Los trabajadores y el pueblo negro de todo el mundo precisan conocer la historia de Haití. Ese pueblo rebelde protagonizó una de las más espectaculares revoluciones de todos los tiempos.

Realizaron la primera y única revolución de esclavos victoriosa de la historia, en 1804. Esa fue también la primera revolución anticolonial victoriosa de las Américas.

La revolución haitiana fue una victoria militar fantástica. Los esclavos derrotaron todos los ejércitos dominantes de la época, incluyendo el español, el inglés, y el francés de Napoleón.

El imperialismo no podía dejar que la semilla de la revolución haitiana se extendiese. Por eso impuso un durísimo bloqueo económico al país, que acabó por destruir su economía.

La brutal devastación del país no tiene nada que ver con la naturaleza. Es consecuencia del pillaje imperialista que sigue existiendo hasta hoy.

Los nombres de Toussaint L’Ouverture y Dessaline (dirigentes de la revolución) están extendidos por todas las plazas y monumentos del país. El pueblo negro haitiano, tan explotado y oprimido, tiene una historia de la cual se enorgullece hasta hoy. Las seguidas ocupaciones militares extranjeras indican que el imperialismo teme que un día ella pueda ser retomada.

El papel vergonzoso del gobierno Lula

En febrero de 2004, los Estados Unidos hicieron su tercera invasión militar en Haití. Agentes de la CIA y fusileros navales norteamericanos invadieron el palacio de gobierno, arrestaron al presidente electo Aristide y lo deportaron para la República Centroafricana. El mismo día, el Consejo de Seguridad de la ONU respaldó la invasión, votando una resolución de emergencia que incluía a los militares norteamericanos como parte de una fuerza multinacional que “estabilizaría” el país.

Pero eran los tiempos de la ocupación a Irak, con los Estados Unidos ya desgastados. Para disfrazar la intervención imperialista, el presidente Bush pidió apoyo a Lula, que prontamente atendió. En junio, llegó a Haití la Minustah, liderada por tropas brasileñas y compuesta por soldados de la Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia y otros países.

Era el momento en que buena parte de los gobiernos latinoamericanos eran de la llamada “centro-izquierda”, de frentes populares (como Lula, Evo Morales, Bachelet, Tabaré Vázquez) y nacionalistas burgueses (como Chávez). En caso de que esos gobiernos resolvieran enfrentar el imperialismo, dejando de pagar sus deudas externas y expropiando las multinacionales, el continente habría entrado en un proceso revolucionario. Por el contrario, pagaron sus deudas y mantuvieron las multinacionales.

Además de eso, Lula escribió una página vergonzosa de sumisión al imperialismo, asumiendo la ocupación militar del país más pobre de América Latina. Evo Morales (Bolivia), Bachelet (Chile), Tabaré Vázquez (Uruguay), también formaron parte de esta vergüenza. El gobierno Chávez, de Venezuela, no participó de la invasión, no obstante mantuvo una relación estrecha ayudando con petróleo al gobierno fantoche haitiano.

Todos los que entendieron la caída de Dilma Rousseff como un “golpe del imperialismo” contra el PT deberían explicar cómo un gobierno tan sumiso al imperialismo, que se dispuso a ocupar con tropas brasileñas a Haití, tuvo algún tipo de enfrentamiento con el imperialismo.

En realidad, las multinacionales y los bancos tuvieron ganancias altísimas con los gobiernos petistas. Y Lula cumplió un papel de primera línea en la ayuda al imperialismo con las crisis latinoamericanas. Por eso fue elogiadísimo por Bush y por Obama. Después que Dilma ya no tenía más apoyo de los trabajadores, en función de los planes neoliberales que aplicó, el imperialismo resolvió cambiarla por Temer. En la historia del PT, la vergonzosa ocupación militar de Haití nunca podrá ser olvidada. Se trata de la mancha de sangre de un pueblo, de una alianza de Lula con Bush, de la dura represión a un pueblo por tropas brasileñas al servicio del imperialismo.

La Minustah ayudó a aplicar los planes neoliberales en Haití

La ocupación militar en estos trece años reprimió al pueblo haitiano para garantizar la aplicación de los planes neoliberales en ese país. La farsa de la “misión humanitaria” ayuda a disfrazar las inversiones extranjeras como una forma de “ayudar” a los haitianos.

Los planes neoliberales tienen en ese país una versión salvaje, con elementos de barbarie. En Haití, fueron impuestas zonas francas con multinacionales produciendo para el mercado norteamericano, libre de tasas aduaneras y en general también de cualquier límite laboral legal.

Los salarios en Haití son hoy de menos de 100 dólares por mes. Mitad de lo que se paga en China, para producir jeans para el mercado de los Estados Unidos, a menos de 1.000 km de las costas norteamericanas.

La existencia de 70% de la población desempleada permite a las multinacionales presionar a los obreros empleados a aceptar las condiciones humillantes de salario y de trabajo. Los sindicatos son reprimidos violentamente, sus dirigentes y afiliados dimitidos así que aparecen.

La “ayuda” a los haitianos tiene el mismo contenido que la “caridad” del imperialismo europeo al invadir el África negra. La pobreza haitiana es perpetuada para producir a bajísimos costos por las multinacionales.

No existe agua ni alcantarillas en las casas del pueblo pobre. Las personas sacan agua de los pozos y la cargan hacia las casas con baldes. Usan carbón para cocinar. Van a trabajar a pie para no pagar transporte.

Es una experiencia macabra del imperialismo. Una industria de bajo nivel tecnológico, con un grado de explotación que se aproxima a la barbarie. Pagan salarios menores que en el resto de América Latina, sin tener que pagar prácticamente ningún impuesto. Los trabajadores tampoco tienen los salarios indirectos, venidos de los servicios públicos con salud y educación, por el caos generalizado.

Las tropas brasileñas –y de los otros países de América Latina– están en Haití para ayudar a las multinacionales a explotar brutalmente esa mano de obra barata.

La burguesía no consiguió todavía estabilizar un régimen

La ocupación militar fue necesaria porque el imperialismo y la burguesía haitiana no consiguieron estabilizar el Estado en Haití. Ahora, con el fin del mandato de la Minustah, intentan aplicar la misma maniobra ya hecha en Irak y Afganistán.

Las tropas son retiradas –en un contexto político diferente de esos otros países– pero dejando un esbozo de fuerzas armadas recompuestas bajo su supervisión. En estos trece años, el ejército haitiano aún no fue reorganizado, pero la Policía Nacional Haitiana fue reconstruida, teniendo ahora 15.000 hombres.

No obstante, se trata de una apuesta de riesgo. Incluso con la reconstrucción de la policía, el Estado sigue débil. El régimen político haitiano aún no tiene solidez.

Las “elecciones” son ejemplo de esto. En realidad, las elecciones son una farsa. Con la ocupación militar, el poder real no está en la presidencia de la República sino en la embajada de los EEUU y del Brasil. Los presidentes hacen lo que les mandan.

Estas elecciones cumplen el papel de buscar canalizar el enorme descontento de la población con los gobiernos desgastados para elegir “nuevos gobiernos”. Después de electos, en poco tiempo los gobiernos son repudiados por la población, y sobreviven porque son sostenidos por las tropas.

La presidencia permite el acceso al dinero del Estado y del “apoyo humanitario”, en una gigantesca red de corrupción. Por eso, diferentes camarillas de la burguesía disputan ferozmente las elecciones.

En 2006, ocurrieron las primeras elecciones después de la ocupación. René Préval ganó las elecciones. Pero él era el candidato de Aristide, el presidente depuesto por la invasión militar. Las tropas de ocupación organizaron un gigantesco fraude para imponer en el segundo turno dos candidatos aceptados por la embajada de los EEUU. Una rebelión popular impidió el fraude y garantizó la posesión de Préval.

Pero Préval hizo lo que las multinacionales y las embajadas de los EEUU y del Brasil le mandaban. Privatizó las estatales que restaban y firmó la Ley Hope, completando la transformación de la isla nuevamente en una colonia de los EEUU. Terminó su gobierno completamente desgastado con el pueblo haitiano.

En 2011, Préval intentó imponer un sucesor –Jude Celestin– repitiendo el fraude que hicieron contra él. Un inicio de rebelión popular impidió una vez más el fraude.

La OEA (Organización de Estados Americanos) aprovechó la crisis para imponer un segundo turno con la presencia de Michel Martelly, que ganó las elecciones.

Martelly era un cantante que hizo su campaña rechazando a los “políticos” y la corrupción. Pero era, en realidad, una figura de ultraderecha, y había sido un tonton-macoute (paramilitar) de Duvalier antes de tornarse artista.

Fue la vuelta del duvalierismo al gobierno. Baby Doc –cuya dictadura fue derrocada en 1986– retornó a Haití en 2011. Él indicó a varios de los ministros del gobierno Martelly, hasta su muerte en 2014.

Martelly también terminó su mandato desgastado. Al final intentó la misma maniobra de siempre, con un gigantesco fraude electoral para imponer a Jovenel Moïse como su sucesor. Una vez más ocurrió un levante popular, en enero de 2016, que impidió temporariamente el fraude. Las tropas de la Minustah, junto con la policía local, reprimieron duramente las movilizaciones.

Hubo más de un año sin gobierno electo en el país. Al final, consiguieron, con el apoyo de la OEA, armar nuevas elecciones fraudulentas vencidas por el propio Moïse. Los índices de abstención fueron de 80 a 85%.

Moïse asumió un año después, ya en febrero de 2017. Se trata de un gobierno débil, que ya nació cuestionado.

En mayo de este año comenzó un rápido ascenso obrero, con movilizaciones en defensa del aumento del salario mínimo. Una de las dirigentes de esa lucha, Yanick Etienne, de Batay Ouvriye (Lucha Obrera), rechazó el “aumento” del salario mínimo definido por el gobierno Moïse (350 gourdes por día, más o menos 100 dólares mensuales) y presentó la exigencia del movimiento, de 800 gourdes por día. Las movilizaciones fueron duramente reprimidas por la policía.

Ahora comenzaron movilizaciones contra el aumento generalizado de los impuestos, definido por el gobierno Moïse. Los trabajadores están yendo a las calles diciendo “no hay servicios públicos, no vamos a pagar”. Puede haber una nueva explosión popular.

La apuesta del imperialismo con la salida de la Minustah va a ser ahora testeada en la realidad. En la actual situación económica y política mundial, el país puede encaminarse hacia una nueva explosión.

La historia haitiana, con una heroica revolución en el pasado y rebeliones frecuentes recientes, puede tener un capítulo más.

Traducción: Natalia Estrada.