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Este 1 de junio, la ocupación de la Minustah cumple doce años en Haití. En el amanecer del 1 de junio de 2004, el gobierno Lula (PT) envió soldados brasileños al país más pobre de América Latina para comandar una vergonzosa ocupación militar, a pedido de los Estados Unidos y de la ONU. El discurso para justificar la ocupación era que se trataba de una “misión humanitaria” con el objetivo de restablecer la “democracia en el país”, controlando la violencia y garantizando seguridad para la población. En el gobierno Dilma, el discurso se repitió y la ocupación se mantiene.

Por: Zé Maria de Almeida

Sin embargo, con cada día de ocupación se hace más evidente que no se trata de una “misión humanitaria”. El objetivo es asegurar los intereses de las grandes empresas transnacionales instaladas en Haití. De garantizar estabilidad para que estas empresas sigan produciendo y facturando un alto lucro a costa de los salarios miserables pagados a los trabajadores haitianos. Las tropas fueron, y aún son usadas, para reprimir cualquier rebelión de los trabajadores contra esa súper explotación a que están sometidos por multinacionales norteamericanas, francesas, y también brasileñas.

No es casualidad que cada vez más sectores haitianos denuncien la injerencia extranjera en su país, el fracaso de los objetivos anunciados por la Minustah y hasta incluso su papel en el agravamiento de la crisis haitiana. Durante más de una década, la Minustah fue blanco de denuncia de violaciones de derechos humanos que van desde relatos de torturas a violaciones cometidas por los capataces azules contra la población. Manifestaciones fueron duramente reprimidas y dirigentes sindicales asesinados. Hasta una epidemia de cólera que asoló el país infectando 700.000 personas y matando otras 8.000 fue fruto de la ocupación. Todo eso permaneció impune y disfrazado por el discurso y la campaña del gobierno de “acción humanitaria en Haití”.

No es por casualidad que los haitianos, responsables por la primera revolución negra de la historia, resisten. Las recientes movilizaciones en el país contra el gobierno y los fraudes en las elecciones no solo demuestran que la Minustah no ocupa el país para “restablecer la democracia” sino también que los haitianos están dispuestos a luchar contra la injerencia del imperialismo y sus aliados en Haití.

La lucha de nuestros hermanos haitianos es también nuestra. ¡La ocupación de las tropas brasileñas es una vergüenza para nuestro país!

Traducción: Natalia Estrada

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Artículo publicado en www.pstu.org.br

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