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Ha finalizado el proceso electoral presidencial salvadoreño, falta solamente la entrega de credenciales a los ganadores y que seamos testigos del proceso de transición entre el gobierno saliente y el entrante. Y después de todas las diferentes situaciones acaecidas y de los sinsabores propios de toda campaña electoral (principalmente por todos los vacíos y falta de respuesta a las necesidades de clase trabajadora salvadoreña) nos queda revisar los hechos puros y duros que esta elección nos deja.

Por Plataforma de la Clase Trabajadora

Pudimos constatar como las encuestas tenían razón, pero también hemos podido corroborar que el electorado salvadoreño ha confirmado su hartazgo, al expresar su más profundo rechazo a la manera en cómo se han venido conduciendo los destinos del país, razón por la cual la gente votó; votó castigando duramente a quienes consideró culpables directos de sus condiciones de vida paupérrimas, no solo por vivirlo en sus propias realidades, sino también por la repetición casi hasta el cansancio de ese discurso de parte del hoy presidente electo, que logró tomar como bandera esta crítica incisiva al status quo.

Pero debemos poner algunas realidades en contexto…la votación no fue masiva. El candidato ganador le aposto a convencer al electorado de que tenía que salir masivamente para que este fenómeno constituyera no solo el rechazo casi gritado tanto a ARENA como al FMLN, sino también para garantizarle una victoria en primera vuelta y para nulificar la posibilidad de fraude. El dato frio nos dice que solo el 51.8% del padrón electoral asistió a las urnas el 3 de febrero.

Independientemente de la necesidad de depuración del padrón, lo cierto es que la participación en la elección fue una de las más bajas de la época democrática del país. Es decir que ninguno de los candidatos y sus ofertas electorales, incluyendo al presidente electo, fueron capaces de convencer a casi la mitad de salvadoreños de la necesidad de ir a votar. La oferta ni entusiasmó ni mucho menos convenció. Este dato debe poner a pensar a todos los actores políticos, pero principalmente a quien ganó una elección con tan baja participación y por supuesto a los partidos tradicionales que no lograron el apoyo conseguido en anteriores procesos.

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Los números finales fueron los siguientes:

ARENA ha perdido en esta elección más o menos el 40% de votos que había obtenido en la elección presidencial pasada. Para el FMLN la pérdida de votos fue de más o menos el 80%. GANA presento números que jamás soñó tener, sino hubiese servido para que Bukele participará y VAMOS, el PCN, la DS y el PDC (estos últimos a pesar de formar parte de la coalición de derecha) tuvieron una participación anecdótica en la elección, ya que el Voto Nulo y las abstenciones les sobrepasaron, siendo la cuarta fuerza electoral quienes nos manifestamos en la elección anulando o votando en blanco.

Pero, ¿la lectura debe ser solamente que gano Bukele? Creemos que no. El electorado castigó duramente a ARENA y al FMLN, a quienes ya había enviado un mensaje claro en las elecciones de marzo 2018. Estos partidos siguen demostrando la total desconexión con el pueblo y su total desprecio al sentir de las grandes mayorías; siguen respondiendo no a los intereses de la gente, los trabajadores, sino a los de sus financistas y dueños, la gran burguesía del país. Estas realidades tanto de un lado del espectro político como del otro, se evidencian incluso en sus propuestas de planes de gobierno. Si a esto sumamos los terribles escándalos de corrupción, despilfarro y pudrición en el manejo de la cosa pública, podemos entonces comenzar a entender como la gente prefirió votar por alguien sin experiencia, con atisbos de populismo, que presento un plan de gobierno que en lo esencial no rompe con el neoliberalismo y como, además, ese mismo electorado le perdonó al hoy presidente electo, su escasa vocación democrática al no participar en debates y al cambiar de partido político e incluso de espectro político con tal de poder ser candidato. Todo esto no importo para el salvadoreño que fue a las urnas y le dio la victoria a Bukele. ¿Porqué? Aquí es donde debemos reconocer que Bukele si logro no solo leer y conectar con el sentir de hastió de la gente, sino que además se construyó hábilmente una imagen de redentor, de ser alguien diferente a todos los demás (a pesar de provenir y aliarse con los que él llama “los mismos de siempre”). Creemos que ahí está el mensaje central de las elecciones. Existe un gran espacio para construir opciones para la gente, debido al deterioro del sistema tradicional de partidos políticos, eso es lo que supo aprovechar Bukele.

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Es de éste análisis que se desprende la urgencia para los revolucionarios de organizar y convocar a las masas de trabajadores, a las organizaciones populares, sindicales, campesinas, de la juventud y los estudiantes, que quedaron huérfanos de instrumento, a construir nuevamente desde los principios y las ideas socialistas, sin claudicaciones y desviaciones. Y es que si esas mismas masas hoy votaron por la que ellos creyeron la menos mala de las opciones (incluso para un importante número de salvadoreños, se convirtió en la esperanza de cambio para el país), nuestro deber como revolucionarios es señalar pacientemente, que Bukele solo será otra decepción más, ya que la burguesía no se suicida, además viendo el programa no existe nada que nos haga pensar que se romperá con el imperialismo, o que se iniciará una ruta de transformaciones reales, todo lo contrario, a partir del Plan Cuscatlan podemos afirmar con total certeza que el Neoliberalismo continuará viento en popa, en El Salvador, se continuará con la privatización de los servicios públicos a través de los asocios públicos-privados, no se romperá con los TLC´s, no se recuperará la moneda nacional, no se nacionalizará las empresas públicas privatizadas, ni se romperá con la política de austeridad en el estado.

Es por esta razón que la única salida que tenemos los revolucionarios y la Clase Trabajadora es la construcción de nuestro propio instrumento, a través de la formación política, la organización y movilización permanente de la Clase. Debemos convencer a la clase trabajadora, que mientras ella misma, no toma el poder, gobierne burgués que gobierne, no realizará el rompimiento necesario con el capitalismo voraz que aplasta al trabajador y por lo tanto las condiciones de vida deplorables continuarán. Mientras todo eso pasa, deberemos mantener alzada la voz para hacer la experiencia con las masas y exigir que las promesas con las que Nayib Bukele llega al gobierno y que son en beneficio de la clase se materialicen, luchar contra las medidas que ya están anunciadas en el Plan Cuscatlan y que atentarán contra el pueblo trabajador. Cuando el trabajador descubra que también Bukele es mas de los mismo, debemos estar a su lado para organizarlo, movilizarlo y juntos luchar por la construcción del Socialismo.

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San Salvador, 11 de Febrero de 2019

Secretariado de la Plataforma de la Clase Trabajadora.