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Desde el 3 de octubre, la situación política en Ecuador se volvió una noticia mundial. Ese día, dio inicio una fuerte reacción por parte del movimiento social, indígena y popular contra una serie de medidas neoliberales que fueron anunciadas por el presidente Lenin Moreno el día 1 de octubre y exigidas por el FMI para liberar un préstamo.

Por MAS-Ecuador

Este día, el presidente firmó el decreto 883 con el cual puso fin al subsidio de la gasolina y el diésel, lo que prácticamente duplicó el precio de la gasolina. Junto con esto, anunció un paquete de medidas económicas que serían enviadas al Congreso para ser aprobadas. El presidente ha insistido en las medidas económicas argumentando que salvaguardarán la dolarización de la economía y su estabilidad.

Las medidas del paquetazo tienen cinco ejes centrales. Primero, la liberación de los precios del combustible, lo cual impacta el costo de vida de la población en general y afecta enormemente a los pequeños y medianos productores del agro, así como a las comunidades indígenas.

Segundo, la eliminación de impuestos a las importaciones, lo que fortalece la importación frente a la producción nacional, fomentando la dependencia del país y amenazando con aumentar el desempleo. Tercero, una reforma tributaria al servicio de las grandes empresas que favorece la evasión fiscal y puede llevar a la fuga de capitales.

El cuarto elemento es un ataque a las condiciones de los empleados públicos, con la reducción del 20% del salario y del 50% de sus días de vacaciones. Finalmente, el paquetazo incluye una reforma laboral a favor de la precarización y la flexibilización de las condiciones laborales.

Como respuesta, el movimiento popular ha logrado parar el país por los últimos siete días. El proceso inició con un paro del sector de los transportistas que duró dos días. Terminó cuando la cúpula gremial negoció el aumento del precio del transporte público.

Después del tercer día, la iniciativa popular la tomaron los compañeros indígenas con la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador). Se generó así un movimiento desde las provincias hacia la capital. Las poblaciones indígenas bloquearon las carreteras interprovinciales y fueron tomando control de las cabezas de las provincias en Cotopaxi, Azuay, Cañar, Chimborazo, Imbabura y El Oro.

Así mismo, miles de indígenas llegaron a Quito el día 7 de octubre donde fueron recibidos con muestras de solidaridad de la población quiteña y alojados en las Universidades. A partir del arribo, de aproximadamente 20 000 indígenas a la ciudad, ha habido enfrentamientos con la policía y el ejército, una parte del movimiento intentó el día 8 de octubre ocupar la Asamblea Legislativa, pero fue duramente reprimido, con centenas de presos, torturados, desaparecidos y heridos.

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Hoy, 9 de octubre, séptimo día de paralización, se han realizado inmensas movilizaciones durante la “huelga, el paro y el levantamiento popular” llamado por la CONAIE y otras organizaciones como el FUT (Frente Unitario de Trabajadores), el Parlamento Laboral, el Frente Popular, la CUTCOP (Coordinadora Unitaria de Trabajadores, Campesinos y Organizaciones Populares), los colectivos de mujeres, entre otras.

La gran mayoría de marchas han sido contra el gobierno y sus medidas económicas. Sólo en Guayaquil, la burguesía costeña organizó una contramarcha reaccionaria, pero en el puerto principal también se dieron movilizaciones contra el gobierno, enfrentamientos con la policía, una brutal represión, y, particularmente, un enfrentamiento entre la policía nacional y los militares que llevó a los puños de estas dos fuerzas.

Los saqueos han marcado las protestas en algunas regiones, especialmente en Guayaquil. Los medios y el gobierno se han aprovechado de esto para justificar la represión. En realidad, si bien hay sectores que se aprovechan de la situación, los saqueos son medidas desesperadas de un pueblo empobrecido que no quiere pasar hambre. No son, en su mayoría, asaltos para robar pantallas planas o ítems de lujo, sino para conseguir comida. Un buen ejemplo de esto fue el saqueo de la fábrica de Parmalat, una productora de leche.

Desde el 3 de octubre, al ver la reacción de la población, el gobierno de Lenin Moreno decretó el estado de excepción. Este decreto restringe algunas libertades: suspende el derecho a libertad de asociación y reunión en todo el territorio nacional, limita la libertad de tránsito, da paaso a las requisas “en caso de necesidad”, instaura la censura previa a los medios de comunicación, así como también da la potestad al Gobierno de cerrar puertos, aeropuertos y fronteras, entre otros aspectos. Ante esto las comunidades indígenas también decretaron el estado de excepción de sus territorios y tomaron el control de sus localidades, incluso arrestando a militares y policías. Igualmente, en los barrios populares de Quito se han comenzado a conformar comités de seguridad.

Además, desde que inició la movilización, el presidente se trasladó a Guayaquil y el día 7 de octubre la declaró como la nueva sede de gobierno. De esta forma, Moreno y la burguesía tomaron las medidas necesarias para evitar que se repitan experiencias de anteriores procesos históricos, en los cuales, con la llegada del movimiento indígena a Quito, la población movilizada, que se fortalecía, tomaba las sedes de las instituciones del Estado y forzaba la renuncia de los presidentes.

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En esos procesos, lamentablemente, las dirigencias entregaron el poder a los mismos de siempre. Esto es lo que justamente debemos evitar que vuelva a suceder. Este debate se vuelve aún más importante por cuanto Lenin Moreno ha vuelto a Quito.
Por otra parte, las declaraciones del presidente Lenin Moreno han ido subiendo de tono, amenazando con intensificar la represión. Al mismo tiempo, las Naciones Unidas, la Conferencia Episcopal y algunas universidades están buscando que se establezca un diálogo con el sector indígena. Sin embargo, el presidente ha declarado, una y otra vez, que no está dispuesto a negociar la eliminación del subsidio a la gasolina y al diésel, mientras que la CONAIE se niega a negociar sin la derogación del decreto que elimina este subsidio. Pero, más allá del discurso del “diálogo”, el gobierno mantiene una política clara de querer desgastar y arrinconar a la protesta indígena y popular, reprimiendo brutalmente en las tardes, e imponiendo el terror en las noches.

Para esto se vale del “toque de queda”, medida dictatorial que no respeta ancianos, mujeres, ni niños. Tal es así que en la noche del 9 de octubre, los policías y militares bombardearon las universidades que son centros de acopio y albergue de mujeres y niños indígenas. Lo mismo ha sucedido con los hospitales aledaños y los puntos de atención médica y humanitaria que se han organizado para socorrer a los manifestantes. Producto de esto, de acuerdo a los datos de la CONAIE, hay “un saldo cercano a 500 detenidos, heridos y 2 fallecidos”.

Nosotros, desde el MAS, sección de la LIT-CI en Ecuador, venimos participando desde el inicio de las manifestaciones en Quito, Cuenca y Guayaquil, así como ayudando a organizar la solidaridad con el movimiento indígena. Desde la CUTCOP y desde la Asamblea de los Pueblos de Azuay llamamos a todo el movimiento social, indígena y popular, principalmente a la CONAIE, a continuar la movilización contra el paquetazo y a no aceptar ningún diálogo que mantenga los ataques al pueblo. También creemos que hay que luchar contra la represión, el estado de excepción y el toque de queda, así como por la libertad de los presos y por la anulación de los procesos criminales que se han abierto contra los luchadores.

El movimiento necesita continuar organizando comités de auto defensa para enfrentar esta situación. Hacemos un llamado a las bases de la policía y el ejército a no reprimir. Igualmente, llamamos a la CONAIE a buscar la unidad del movimiento. Es fundamental que el movimiento se organice de forma unitaria y democrática, a ejemplo de la Asamblea Popular Autónoma de Azuay y que se continúe el proceso iniciado con la ocupación de las gobernaciones de Puyo, Tena y Macas, donde más de 7 000 personas han instalado asambleas populares. Tenemos que construir una alternativa obrera, campesina y popular basada en asambleas populares y decir ¡Abajo el paquetazo! ¡Fuera Lenin Moreno y el FMI!

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Finalmente, hacemos un llamado al movimiento sindical, social y popular internacional a que envíen solidaridad al pueblo ecuatoriano en nuestra justa lucha contra la ofensiva neoliberal.

¡Fuera Lenin Moreno y el FMI!
¡Fuera Nebot, Lasso y Correa!
¡Abajo el decreto 883! ¡Abajo el paquetazo!
¡En defensa de los territorios indígenas frente al extractivismo petrolero, minero e hidroeléctrico!
¡Abajo la reforma laboral que precariza el trabajo!
¡Que la crisis la paguen los ricos!
¡No a la represión! ¡Abajo el estado de excepción y el toque de queda! ¡Libertad para los presos políticos!
¡Que se retome el Parlamento de los Pueblos con la participación de las asambleas populares de la CONAIE, el FUT, el Parlamento Laboral, el Frente Popular, las mujeres, los comités de seguridad barriales, los movimientos ecologistas, los colectivos culturales, los estudiantes, y demás sectores del movimiento popular! ¡Que el Parlamento de los Pueblos discuta una plataforma de gobierno!