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El levantamiento heroico del pueblo ecuatoriano encabezado por el Movimiento Indígena tuvo su desenlace el domingo 14 de octubre con la derogatoria del decreto 883, con el cual el gobierno había eliminado el subsidio a la gasolina y el diésel como parte de una serie de exigencias del FMI para recibir un préstamo. Siete muertos, más de mil heridos, más de mil doscientos presos políticos, la total militarización y represión en las principales ciudades con el estado de excepción y el toque de queda no impidieron que se luchara hasta lograr esta reivindicación.

Por MAS-Ecuador

A lo largo de los once días que duró esta lucha se bloquearon todas las carreteras, incluso el movimiento indígena se tomó las gobernaciones de Napo, Bolívar, Tungurahua, Chimborazo, Pastaza, Morona Santiago y el Cañar, se paralizó la producción del petróleo y se produjo una crisis de abastecimientos. Los jóvenes, en su mayoría estudiantes secundarios, universitarios y ni-nis, combatieron desde el inicio hasta el final. La solidaridad con el movimiento indígena en Quito articuló importantes redes entre las universidades, los barrios y las organizaciones sociales.

El punto culminante del proceso llegó el 12 de octubre, cuando los barrios populares del sur y norte de Quito se levantaron, dando inicio a una serie de movilizaciones desde los puntos periféricos de la ciudad hasta la Casa de la Cultura Ecuatoriana, epicentro de la lucha. A pesar del bombardeo brutal del 12 de octubre sobre una multitud de más de 50 000 personas en los aledaños de la Casa Cultura Ecuatoriana y del decreto del toque de queda a partir de las 15h00 del mismo día, las acciones de protesta continuaron por la noche. Los barrios impulsaron los “cacerolazos” nocturnos, que en muchos casos se acompañaban con grandes movilizaciones barriales. A todo esto, se estaban sumando las movilizaciones en la gran mayoría de provincias, incluso en la Región Costa. Así, se estaba cocinando un nuevo y más potente estallido popular.

Foto: David Diaz Arcos

Este riquísimo proceso revolucionario dirigido por la CONAIE, pero que fue muchísimo más amplio, donde los trabajadores de las ciudades se unieron de forma espontánea, clamaba por mucho más, incluyendo el ¡fuera Lenin Moreno y el FMI! A pesar de esto, la CONAIE desde el inicio estableció únicamente dos objetivos: derrocar el decreto 883 y la destitución de la ministra de gobierno María Paula Romo y el ministro de defensa Oswaldo Jarrín, por ser los principales responsables de la brutal represión policial que se desató contra los manifestantes desde el primer día del paro.

Otro aspecto que posibilitó la no caída del gobierno fue la falta de unidad de los distintos sectores en lucha. Por ejemplo, nosotros desde la CUTCOP insistimos en la necesidad de la unidad del movimiento indígena con el movimiento sindical y popular en el Parlamento de los Pueblos, pero esto no se concretizó. Las direcciones mayoritarias del movimiento sindical como el FUT jugaron un papel nefasto al no organizar a sus bases para entrar en la lucha, con lo cual fueron totalmente rebasadas y la mayoría de los y las trabajadoras se organizaron por sí mismas en los barrios para salir a las calles a luchar. Igualmente, Jaime Vargas, presidente de la CONAIE expresó claramente en la mesa de la negociación cuál es la estrategia de la organización, los hermanos indígenas buscan espacios relativamente autónomos para las nacionalidades indígenas dentro del Estado, lo cual apoyamos, pero creemos que esa reivindicación no es posible dentro del estado capitalista.

El gobierno, por su parte, encaró el proceso de movilización con dos tácticas. Primero, hizo un uso desproporcionado de la represión, decretando el estado de excepción y el toque de queda. Al no lograr frenar al levantamiento con la represión, abrió una posibilidad de diálogo junto con la Conferencia Episcopal y la ONU. Junto con esto, trasladó la sede del gobierno de Quito a Guayaquil, buscando resguardarse del levantamiento popular y buscando el apoyo de la oposición de derecha representada por Guillermo Lasso, Cynthia Viteri y Nebot, lo cual se expresó en la marcha que organizaron estos sectores el día 9 de octubre contra el movimiento indígena. La política represiva del gobierno, a pesar de haber sido cuestionada por organismos de derechos humanos, fue validada por las Naciones Unidas y por el presidente norteamericano, Donald Trump. Otra táctica que usó el gobierno de Lenin Moreno fue intentar mostrar al levantamiento como obra del correismo y de la influencia de Nicolás Maduro, pero esto no le funcionó. Debe entenderse que, en este proceso, si el correismo cumplió algún papel, fue marginal puesto que fue el pueblo que salió a las calles, se auto-organizó y luchó junto a los y las indígenas contra los ataques neoliberales del gobierno y el FMI. De hecho, el correismo se sumó a la lucha popular de manera oportunista para intentar tener réditos electorales.

Foto: David Diaz Arcos

Así, la fuerza de la movilización y la determinación de la CONAIE obligaron al gobierno a sentarse a negociar en una histórica cadena nacional de radio y televisión, excluyendo de dicha negociación al FUT y otras organizaciones sindicales y sociales. Los dirigentes de la CONAIE hablaron no sólo por los pueblos indígenas, sino por todo el pueblo ecuatoriano, sin embargo, en la negociación, se mencionó, pero no se incluyó la impunidad de los luchadores, dejando expuesto a la represión a las masas que se juntaron a la lucha y cumplieron un papel fundamental para el triunfo. Esto ha llevado a la persecución política de la oposición al gobierno.

Por ejemplo, el gobierno está metiendo presos a luchadores como Pablo del Hierro, integrante del Centro Leonidas Proaño del Sur de Quito o Pablo Correa, estudiante de medicina de la Universidad de Cuenca, entre varios. Inclusive servidores públicos están siendo perseguidos y manipulados con la renovación de sus contratos. Además, se ha llevado a prisión y al exilio a los representantes legislativos correistas. Si bien consideramos que, en su gobierno, Correa y sus seguidores han cumplido un papel nefasto para el pueblo ecuatoriano, atacando las organizaciones indígenas y de trabajadores y fortaleciendo las instituciones de represión, entre otras cosas, consideramos que debemos luchar para garantizar la no persecución de todos los luchadores, para evitar la criminalización de la protesta social.

Con la victoria del levantamiento popular, queda un gobierno claramente más débil, que, habiendo sido derrotado en las calles, y al tener un estado con altísimo grado de endeudamiento (representando el 46% del PIB) buscará otras medidas para aplicar el paquetazo y la reforma laboral, ya que estas siguen siendo una exigencia del FMI. Además, va a existir otro decreto referente a los subsidios de la gasolina y el diésel y debemos mantenernos vigilantes sobre las implicaciones del mismo. Por eso es importante sacar las conclusiones de este proceso, y tener en cuenta que hoy sigue planteada la necesidad de luchar para echar abajo a al gobierno represivo y criminal de Lenin Moreno y al FMI con su paquetazo.

En otras ocasiones, los indígenas, los trabajadores, los jóvenes, las mujeres y demás sectores populares en Ecuador hemos demostrado no sólo nuestra disposición de lucha, sino que cuando nos unimos, podemos lograr lo que queremos, incluso gobernar por nosotros mismos. Por ejemplo, el Parlamento de los Pueblos en enero del 2000, donde no sólo participaron los hermanos indígenas representados en la CONAIE, sino también el movimiento social y sindical que se agrupaba en aquel entonces en la Coordinadora de Movimientos Sociales, logró llevar la lucha a tal punto que tomó de hecho el poder por algunas horas antes de entregárselo al ejército. Un elemento que posibilitó esto fue la división de las fuerzas armadas cuando un sector de estas se negó a reprimir al pueblo, lo cual fue diferente en el proceso actual, tanto la policía nacional como el ejército parecen estar más unificadas para reprimir, aunque se empezaban a evidenciar síntomas de una posible ruptura, sobre todo en el ejército. En aquel entonces, con el Parlamento de los Pueblos estuvo planteada la posibilidad de comenzar un nuevo modelo de sociedad, basado en asambleas populares donde los trabajadores de hecho decidieran y gobernaran su propio destino. Este es el norte que debemos tener, porque esta lucha apenas comienza.

Nosotros, desde el MAS LIT-CI, venimos participando activamente de este proceso y creemos que debemos continuar luchando para defendernos de estos ataques neoliberales.

Defendemos que debemos ir más allá y luchar por una sociedad diferente, al servicio de los más pobres, donde gobiernen los trabajadores, los indígenas y los explotados en general, una sociedad realmente democrática e igualitaria, una sociedad socialista.

La situación revolucionaria que se ha abierto recién se inicia, las arremetidas del gobierno y las movilizaciones para enfrentarlas continuaran, pero necesitamos poner fin a lo que realmente nos está perjudicando: el capitalismo. Así, queremos hacer un llamado a todos los activistas y luchadores que han participado de este proceso a continuar luchando y que en este proceso construyamos una herramienta que nos permita cambiar de raíz al Ecuador: un Partido Revolucionario.

¡Arriba la victoria del pueblo ecuatoriano!

¡Fuera los ministros de Gobierno y de Defensa!             

¡Fuera Lenin Moreno y el FMI! ¡Ni Correa, ni Lasso, ni Nebot!

¡Que la crisis la paguen los ricos! ¡Abajo el paquetazo y la reforma laboral que precariza el trabajo!

¡Libertad a los presos políticos! ¡No a la persecución de los manifestantes! ¡Abajo la criminalización de protesta social!