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La enfermedad de Fidel Castro, y la transmisión del mando a su hermano Raúl, han puesto al rojo vivo el debate sobre el presente y el futuro de Cuba [ Texto publicado originalmente en 2006]

 El imperialismo norteamericano salió a presionar abiertamente el gobierno de la Isla.  El presidente George Bush anunció: “Apoyaremos los esfuerzos para crear un gobierno de transición en Cuba, comprometido con la democracia” y la Secretaria de Estado Condoleeza Rice dijo, en mensaje grabada al pueblo cubano, que los EEUU “están alentando otros países democráticos a presionar Cuba por.una transición que lleve rápidamente a elecciones pluripartidarias”. Los gusanos anticastristas de Miami salieron a festejar la supuesta agonía de Fidel.

 

Del otro lado, además de las declaraciones del gobierno cubano rechazando la ingerencia del gobierno yanqui en los problemas internos de la isla, circula un pronunciamiento que ya cuenta con algunos miles de firmas, encabezado por siete premios Nóbel y 400 intelectuales de todo el mundo, con la siguiente exigencia: “Ante esta amenaza creciente contra la integridad de una nación, la paz y la seguridad en América Latina y el mundo, los abajo firmantes exigimos que el gobierno de los Estados Unidos respete la soberanía de Cuba. Debemos impedir a toda costa una nueva agresión.”

 

A primera vista, entonces, pareciera que el enfrentamiento y la discusión es, por un lado, entre una ingerencia y la preparación de una agresión (política y militar) del imperialismo norteamericano al estado obrero y socialista de Cuba, con el objetivo de restaurar el capitalismo y, por el otro, la defensa de la soberanía de la isla y del estado obrero cubano, garantizada por el gobierno de Fidel y del castrismo.

 

Si esa fuera la cuestión central planteada en la realidad, desde la LIT-CI no tenemos ninguna duda: estamos contra toda ingerencia del imperialismo en Cuba. De la misma forma, repudiamos otras formas de agresión a Cuba como el boicot comercial que, hace décadas, realiza EE.UU. Es más: en caso de cualquier ataque militar del imperialismo estaríamos por la más amplia unidad, incluso con el gobierno castrista para defender Cuba contra la agresión.

Sin embargo, para nosotros el principal problema y el debate de fondo que plante la enfermedad de Fidel y su obligatoria sucesión es otro. La soberanía de Cuba está amenazada hace rato no sólo por el imperialismo norteamericano, sino porqué el capitalismo entró con todo en Cuba hace más de una década, directamente traído de la mano del gobierno castrista.

 

Este verdadero debate no se hace con claridad dentro de la izquierda mundial por la gran influencia que, desde la revolución de 1959, han ejercido Fidel y el castrismo. La mayoría de la izquierda considera que, luego de la restauración capitalista en Rusia y China, Cuba representa “el último bastión del socialismo”. Aunque debieron hacerse concesiones al capitalismo, como las realizadas por Lenin y Trotski en la URSS, a partir de 1921, con la NEP (Nueva Economía Política), por ahora, el carácter socialista del estado cubano estaría salvaguardado por sectores de la dirección castrista, esencialmente por el propio Fidel. Desde este enfoque, la enfermedad, y más aún la desaparición de Fidel, acelerarían la posibilidad de restauración capitalista. Otras corrientes son mucho más críticas a la política de Fidel y señalan que es la propia dirección castrista la que impulsa la restauración. Más allá de sus diferencias, ambos análisis coinciden en un punto: si Cuba sigue siendo un “país socialista” o un “estado obrero”, la principal tarea sería defenderlo frente a los yanquis y los gusanos.

 

Desde la LIT-CI, tenemos otra visión. Más allá de que, obviamente. defendemos y defenderemos a Cuba frente a los yanquis y los gusanos, creemos que la disyuntiva real que enfrenta Cuba es otra, totalmente diferente: la realidad muestra que el capitalismo ya ha sido restaurado en Cuba por la propia dirección castrista, asociada a los imperialismos europeos y canadiense, en la segunda mitad de la década de 1990. Para nosotros, lo que hoy está en discusión en Cuba no es un posible riesgo de transformación del carácter económico-social del estado sino el cambio o no de su régimen político. Por eso, comenzaremos por analizar el carácter económico-social del estado cubano. 

La revolución y las conquistas

Luego de la revolución de 1959, el pueblo cubano expropió las empresas del imperialismo yanqui y de la burguesía cubana. Así comenzó la construcción del primer estado obrero del continente latinoamericano.

Gracias a la revolución, Cuba logró avances inmensos en áreas como la educación y la salud públicas, con niveles comparables a los países imperialistas, y superó, en estos aspectos, a naciones mucho más desarrolladas, como Brasil, México o Argentina. También avanzó muchísimo el nivel de vida general de la población y se eliminó la pobreza y miseria, algo que hasta los propios estudios capitalistas reconocían. Cuba se convirtió en un símbolo de lo que era capaz de lograr una revolución socialista. Los dirigentes del proceso, Fidel y el Che Guevara, pasaron a ser la referencia política de millones de luchadores y revolucionarios en el mundo.    

La restauración ya se produjo

En 1990, la caída de la URSS y la restauración capitalista en el Este europeo significaron un duro golpe para la economía cubana, centrada en la exportación de azúcar y su intercambio por petróleo y tecnología con esos países. En este contexto, la dirección castrista comenzó a desarrollar una política de restauración capitalista y de desmonte de las bases esenciales del estado obrero. Los hitos principales de la restauración fueron[1]:

 

  • La Ley de Inversiones Extranjeras de 1995 que creó las “empresas mixtas”, administradas por el capital extranjero. Las inversiones se dirigieron especialmente al turismo y ramas relacionados pero luego se ampliaron a otros sectores, productos farmacéuticos y, recientemente, al petróleo.[2]
  • Se eliminó el monopolio del comercio exterior por parte del Estado ejercido, hasta entonces, por el Ministerio de Comercio Exterior: tanto las empresas estatales como las mixtas pueden negociar libremente sus exportaciones e importaciones.[3]
  • El dólar se transformó, de hecho, en la moneda efectiva de Cuba, coexistiendo con dos monedas nacionales: una “convertible” en dólares y otra “no convertible”.
  • Se privatizó, de hecho, la producción y comercialización de caña de azúcar, a través de las “unidades básicas de producción cooperativa” (80% del área cultivada). Sus miembros no tienen la propiedad jurídica de la tierra pero se reparten las ganancias obtenidas. En 1994, comenzaron a funcionar los “mercados agropecuarios libres” cuyos precios se determinan en el mercado. 

Lo que acabamos de analizar no tiene nada que ver con la NEP en la URSS. Se trata de algo cualitativamente distinto porque significó la destrucción de la esencia del estado obrero cubano: se eliminó la planificación económica estatal centralizada y  el ministerio que la realizaba fue disuelto. En su reemplazo, surgió un nuevo estado capitalista en el que la economía funciona de acuerdo a la ley capitalista de la ganancia. 

Por otro lado, la restauración capitalista está provocando un deterioro acelerado de las conquistas sociales de la revolución, especialmente en el área de educación y salud. Al mismo tiempo, se expresa en la diferenciación salarial creciente entre trabajadores estatales y privados, y en la reaparición masiva de lacras como la prostitución.     

La entrada del imperialismo

La restauración capitalista cubana no fue hecha esencialmente a través de la formación de una nueva burguesía nacional sino por medio de las inversiones extranjeras: los imperialismos europeos y canadiense realizaron grandes inversiones y hoy dominan los sectores más dinámicos y fuertes de la economía.

La estructura económica cubana ha cambiado mucho en la última década: dejó de  basarse en el azúcar y se concentró en los servicios que, en 2004, representaban el 73,6% del PIB del país y el 51% del empleo[4]. Ese mismo año, los “ingresos en divisas asociados al turismo” casi igualaron la cifra de  exportaciones de bienes físicos (más de 2.100 millones de dólares). Si se suman los ingresos por medicina y otros, los servicios generan hoy más del 60% de las divisas que ingresan al país.

Por otro lado, este peso del capital extranjero se profundizará aún más con los contratos que entregan a la Repsol y a empresas inglesas y canadienses la explotación de las abundantes reservas petroleras descubiertas en el mar Caribe. 

El castrismo y la “vía china”

Puede resultar extraño que hablemos de restauración capitalista cuando permanecen en el poder los mismos dirigentes que encabezaron la revolución y que hablan permanentemente de la “defensa del socialismo”. Esto último no significa nada: tanto Gorbachov, en la ex URSS, como los dirigentes del Partido Comunista chino trataron de esconder su política de restauración con discursos “socialistas”.

Al mismo tiempo, el proceso de China mostró que se pudo restaurar el capitalismo, es decir, modificar el carácter económico-social del Estado, sin cambiar el régimen político. El PC chino conservó su poder hegemónico, pero el país dejó de ser un estado obrero y pasó a ser un país capitalista administrado por los dirigentes del PC, que se benefician con los nuevos negocios. En Rusia y otros estados del Este ocurrió de modo diferente ya que los PCs perdieron el poder. Lo cierto es que, más allá de las diferencias entre ambos procesos, en Cuba se dio un proceso similar a la “vía china” al capitalismo: la restauración fue impulsada por el PC y la cúpula castrista también ha obtenido grandes beneficios.

Por ejemplo, son muy ilustrativos los datos sobre el poder económico que maneja Raúl Castro, jefe histórico de las FF.AA. cubanas. “Las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) tienen un presupuesto anual de 1.469 millones de dólares y el manejo cotidiano de una conglomerado de las más grandes empresas estatales del país. (.) Controlan 322 empresas que intervienen en el 89% de los ingresos por exportaciones, el 59% de las ganancias por turismo y el 60% de las transacciones en divisas.”[5]

La cúpula castrista se ha transformado en socia de los capitales extranjeros, les garantiza sus negocios y, a la vez, se enriquece con ellos a través de las empresas estatales y su participación en las empresas mixtas.       

Nueva revolución o colonia

Repetimos, entonces, que la disyuntiva actual de Cuba no es entre la supervivencia del “estado obrero” o la restauración capitalista: el primero ya no existe y la segunda ya se produjo. Esto significa que una de las cuestiones centrales planteadas en la realidad es que, a partir de la restauración, Cuba está perdiendo su carácter de país independiente y marcha aceleradamente a transformarse en una semicolonia de los imperialismos europeos y canadiense.

Lamentablemente, es la propia dirección castrista la que empuja en esta dirección. Como muestra de ello, Fidel, al mismo tiempo que mantiene sus discursos contra Bush y la burguesía gusana, homenajea permanentemente, junto con Chávez, al rey Juan Carlos, símbolo del imperialismo español.

La principal amenaza a la independencia cubana no proviene del imperialismo yanqui o los gusanos. Para defender o recuperar esa independencia, hoy es necesario realizar una nueva revolución social que expropie a las empresas y capitales europeos y canadienses, de la misma forma que, para conseguirla, fue necesario expropiar al imperialismo yanqui y a los gusanos. La profunda diferencia con el proceso iniciado en 1959 es que eso hoy significa luchar contra la política de Fidel y la dirección castrista.             

          

Sucesión de Fidel: ¿quién debe decidir?

La transmisión del mando a Raúl Castro mostró claramente que es un reducido número de dirigentes del partido, del Ejército y del Consejo de Estado los que toman las decisiones que afectan el futuro del país. Ni siquiera participaron el conjunto del PC cubano o el Parlamento. Menos aún, se consultó al pueblo cubano.

Seguramente, la gran mayoría de este pueblo mantiene su cariño y su respeto por el viejo dirigente de la revolución. Pero ese hecho no puede ocultar que millones de cubanos no tienen ninguna posibilidad de intervención política real en la decisión de quién debe suceder a Fidel. Se trata de una situación completamente antidemocrática que impide un derecho democrático elemental. 

Una discusión falsa

Por el contrario, quienes defienden al actual régimen cubano afirman, por un lado, que en Cuba existe una “democracia popular” totalmente diferente de la falsa democracia burguesa. Por el otro, que la “democratización” siempre fue el mascarón de proa detrás del cual siempre se escondieron el imperialismo y los gusanos para buscar la restauración capitalista. Es una posición doblemente falsa. En primer lugar, no puede haber una verdadera “democracia popular” sin que los trabajadores y el pueblo tengan el derecho de formar agrupaciones opositoras, sacar periódicos, etc., cosa que no existe en Cuba.

Pero lo esencial es que esta posición oculta que la restauración capitalista (o el riesgo cierto de restauración para quienes consideran que aún no se ha completado) no vino de la mano de una invasión de los gusanos y el imperialismo yanqui sino que fue impulsada por la propia dirección castrista que está vendiendo el país a los imperialismos europeos y canadienses.  

Por eso, el carácter antidemocrático del actual régimen cubano no es el resultado necesario de una “fortaleza socialista sitiada” que se defiende de una agresión externa sino una herramienta al servicio de la política de la cúpula castrista que restauró el capitalismo, destruye las conquistas de la revolución y lleva el país a transformarse en una semicolonia.

La defensa del actual régimen se oculta detrás del riesgo de la vuelta de los yanquis y los gusanos. Pero su significado real es, por un lado, la defensa de la política y los privilegios económicos de la cúpula castrista y, por el otro, es un intento de evitar que el pueblo cubano pueda organizarse para luchar contra ella. En este marco, la desaparición de Fidel, o la imposibilidad de ejercer el poder, no sólo puede agudizar los roces y diferencias entre las distintas alas del castrismo sino, además, debilitar a esa cúpula en la relación con las masas. Por eso, necesita “atar bien el paquete” para evitar los riesgos de división interna y, esencialmente, asegurarse el control del  movimiento de masas. 

Confiamos en el pueblo cubano

Nuestra propuesta de “democratización” parte de bases totalmente distintas y apunta a objetivos diametralmente opuestos que los del imperialismo yanqui y los gusanos. Para nosotros, se trata de defender las conquistas que quedan de la revolución, de revertir la restauración capitalista y de frenar el proceso de colonización del país. En este sentido, confiamos plenamente en el pueblo cubano que ya ha mostrado, con creces, su capacidad de luchar contra la burguesía y el imperialismo y su gran madurez política. Por eso mismo, defendamos plenamente su derecho de debatir y decidir democráticamente los destinos del país y la sucesión de Fidel. 


Notas:

Lea también  ¿Un Papa de Izquierda?

[1] Datos tomados del artículo Cuba en Debate, Martín Hernández, Marxismo Vivo No 1 y otras fuentes.

[2] En 2005, existían 258 empresas asociadas con el capital extranjero. Los países de mayor presencia son: España (77 empresas), Canadá (41) e Italia (40). Datos extraídos del artículo Empresas Extranjeras en Cuba del periodista Nelson Rubio.

[3] Hoy el comercio exterior y los ingresos por turismo y servicios suman unos 10.000 millones de dólares, casi un tercio de la economía del país (Datos del Banco Central de Cuba).

[4] Estimación realizada con  datos de la Oficina Nacional de Estadísticas de Cuba, tomados de su página www.one.cu.

[5] Raúl Castro, un papel decisivo, Gerardo Reyes (El Nuevo Herald, 10/8/2006).