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El día 20 de julio, la embajada de EE.UU. en Cuba fue reabierta, después de más de 50 años. ¿Qué hay detrás de esa reaproximación?

En Cuba hay pobreza, pero no es como en Brasil.  Acá tienen favelas; allá no. Tampoco tenemos mendigos durmiendo en las calles… es diferente”.  Este testimonio de un escritor cubano, habitante de La Habana, capital del país, fue mostrado en un documental de la Red Globo [Brasil]. En él, los reporteros dicen que Cuba tiene un sistema de educación que supera al de Brasil pues todos estudian en escuelas del Estado y los alumnos demuestran un nivel cultural elevado. También elogian la salud pública, famosa en el mundo entero, por el sistema de medicina preventiva y por el envío de médicos cubanos a varios países.

Sin embargo, afirma el documental, Cuba sufre un embargo económico de Estados Unidos, que ya dura 53 años e impide un desarrollo mayor de la isla, situada a cerca de 300 km de la costa de Florida. Tantos elogios tienen un objetivo: defender la reapertura de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, realizada por el presidente Obama, y el fin del embargo económico.

El paso más importante en ese sentido fue la reapertura de la embajada norteamericana en Cuba y la reapertura de la embajada cubana en EE.UU. Algo que era impensable para algunos hasta hace pocos años atrás.

A primera vista, parece que la Red Globo, famosa por atacar a los trabajadores brasileños y sus conquistas, está sensibilizada por el socialismo cubano y pretende ayudarlo. ¿Será que es eso realemente? ¿O será más una de las “artimañas globales” [NdT: de la Red Globo].

Una revolución que sacudió a América Latina

En primer lugar, es necesario concordar con las afirmaciones del escritor cubano y las observaciones del programa. La pobreza, en Cuba es diferente, la salud y la educación son públicas y de alto nivel,  y la alimentación y la vivienda son subsidiadas por el Estado. En estos y en otros aspectos, un país pequeño como Cuba superó a los más desarrollados de América Latina, como México, Brasil y Argentina.

Pero  estas conquistas no ocurrieron porque los cubanos votaron por buenos gobernantes que buscaron lo mejor para el país. Ellas se dieran por causa de una revolución social que derrocó, por la fuerza de las armas, al dictador Fulgencio Batista, un agente de Estados Unidos, en 1959.

Fidel Castro, el Che Guevara, Camilo Cienfuegos y otros revolucionarios organizaron grupos de guerrilla en el campo que, al combinarsecon la revuelta popular en las ciudades, tomaron el poder y, después de algunos años, transformaron una colonia de Estados Unidos en un Estado Obrero, donde los patrones fueron expropiados (es  decir, perdieron todos sus bienes y riquezas) y las empresas extranjeras fueron nacionalizadas. Además, la economía fue planificada en función de las necesidades de la población, el comercio exterior fue controlado por el Estado y la tierra fue nacionalizada.

Todo eso permitió la elevación del nivel de vida de la población, el fin de la miseria y de la prostitución, la garantía de empleo para todos y las conquistas ya mencionadas, algunas de las cuales perduran hasta hoy, incluso después de tantos años de embargo económico.

La revolución cubana animó la lucha revolucionaria y el sueño de “una América Latina socialista” sacudió las esperanzas de grupos revolucionarios, en todos los países. Lamentablemente, la mayoría de ellos copió el modelo cubano de guerrillas en el campo, incluso en países más industrializados (como Brasil y Argentina) y se apartaron de la clase obrera. Fue más fácil para los gobiernos capitalistas derrotar a las guerrillas e impedir nuevas revoluciones en el continente. Estados Unidos, por su parte, después de intentos fracasados de derrocar al gobierno de Fidel Castro, como el de 1961, estableció un embargo económico al país. Sin embargo, no todo son flores y no todo dura para siempre…

Un estado obrero bajo una dirección de burócratas

Muchos sindicatos tienen dirigentes sindicales burocráticos o amarillos que acaban con la democracia, impiden las discusiones de la base, hacen asambleas sin amplia convocatoria, no promueven la organización en los lugares de trabajo y hacen acuerdos con los patrones sin la aprobación de los trabajadores. Pero ningún trabajador piensa en abandonar su sindicato por causa de eso. Al contrario, organizan listas de oposición para derrocar al burócrata y devolver el sindicato a la base.

Ocurrió lo mismo en Cuba después de la revolución socialista. A pesar de la expulsión de los patrones y de la organización del Estado para atender los intereses de los trabajadores, los nuevos dirigentes del país acabaron con la democracia, establecieron el sistema de partido único, impidieron la libre organización de los trabajadores en sus sindicatos y gobernaron con mano de hierro.

De la misma forma que los burócratas de los sindicatos, la burocracia del Estado cubano utilizó sus puestos para garantizar privilegios para sí y hacerse cada vez más ricos, a través de la administración de las empresas estatales, de las haciendas y fábricas.

Una crisis económica devastadora y la apertura del país al capital extranjero

Eso ocurrió desde la revolución hasta 1994, cuando se dieron transformaciones importantes en la estructura del Estado cubano. Desde finales de los años 80, Cuba vivía una crisis económica que paralizó al país. La Unión Soviética dejaba de existir, dividiéndose en varios países y acabando con el sistema llamado “socialismo real”. Es  decir, las fábricas, los bancos y la tierra volvieron a ser propiedades privadas y retornaron a manos de los patrones.

Era la restauración capitalista en el país que hizo la primera revolución social victoriosa en el mundo. Con esto, el comercio con Cuba (que enviaba productos agrícolas a cambio de petróleo y productos industrializados) dejó de existir y llevó al país a una situación muy difícil. El gobierno cubano, en una actitud típica de los burócratas, fue pedir ayuda a los países capitalistas en vez de discutir con los trabajadores cubanos las opciones para salir de aquella situación.

Instituyeron nuevas leyes, a partir de 1995, que abrieron el país a la entrada del capital extranjero, posibilitaron la exportación e importación de productos sin el control del Estado y la libre remesa de las ganancias al exterior. La entrada del capital extranjero ocurrió prácticamente en todos los sectores de la producción y a un ritmo acelerado. Las empresas mixtas (entre el Estado y el capital extranjero) dominan 100% de la explotación de petróleo, de mineral de hierro, de la producción de lubricantes, de servicios telefónicos, de la producción de jabón, de perfumería y de la exportación de ron; 70% de las agroindustrias y de cítricos y 50% de la producción de níquel, de cemento y del sector de turismo.

Quien más se aprovechó de eso fue el capitalismo europeo, pues las empresas de Estados Unidos tenían prohibido invertir en Cuba, debido al bloqueo económico. Pero ahora el presidente Barack Obama quiere revertir eso y hacer que los capitalistas de su país recuperen el tiempo perdido.

En el 2013, fue aprobada una nueva ley de inversiones extranjeras, que facilitó aún más la entrada de empresas privadas en Cuba. Con excepción de las áreas de salud, educación y comunicación, todas las demás pueden recibir inversiones extranjeras, con exención de impuestos por 8 años y la garantía de que el gobierno no va a estatizar estas empresas. Además, para invertir, dejó de ser necesaria la asociación con el Estado en empresas mixtas: ahora pueden ser totalmente privadas.

Es decir, el país pasó a tener una economía subordinada al sistema capitalista internacional. Las leyes de mercado, donde lo que vale es la obtención de ganancia, prevalecerán sobre la planificación económica que estaba destinada a atender los intereses de los trabajadores. En otras palabras, en Cuba el capitalismo también fue restaurado.

Los trabajadores son los más perjudicados

Muchos trabajadores pueden pensar que eso no es malo. Al final, la entrada de empresas privadas aumenta el nivel de empleo y puede hasta aumentar los salarios, debido al aumento de la competencia entre ellas. Muchos trabajadores cubanos actualmente piensan así y defienden los cambios hechos por el gobierno. Pero siempre dicen: ¡nuestro sistema es socialista y necesita continuar así!

Sin embargo, eso no es así. Para tener una idea, en 2010 el gobierno cubano aprobó el despido de 1 millón de trabajadores de empresas estatales. Hasta ahora, ya fueron despedidos cerca de 360.000 y ya provocó los primeros daños a los trabajadores. El índice de desempleo oficial es de 3.8% pero el índice real puede llegar al 18.5%: muchos afirman que no están consiguiendo empleo y esto no cuentan en las estadísticas.

El salario promedio de los trabajadoreses de 20 dólares e, incluso, si las empresas privadas pagaran más que eso, el gobierno, que funciona como un intermediario de mano de obra, se queda con el valor excedente. Además, en 2013 fue aprobada una nueva legislación laboral para las empresas privadas que establece una jornada de 44 horas semanales, 1 día de descanso por semana y vacaciones pagadas de 7 días por año.

Esta es una legislación muy atrasada con respecto a Brasil, que tiene vacaciones de 30 días, con gratificación de 1/3 del salario, por ejemplo. Además, no se habla de subvenciones indemnizatorias (en caso que el trabajador sea despedido) pues los contratos de trabajo tienen duración determinada. Como se ve, no hay nada ventajoso para los trabajadores en esos cambios.

Si sumamos a eso el hecho que no hay libertad sindical ni derecho de huelga, Cuba se convierte en un paraíso para la explotación de los trabajadores por los patrones.

Es necesaria una nueva revolución socialista

Es por eso que el presidente Obama decidió restablecer relaciones diplomáticas con Cuba y pide que el Congreso de Estados Unidos apruebe el fin del embargo económico. Las oportunidades para las empresas son enormes pero quienes las están aprovechando ahora son las empresas de Europa, de Canadá e incluso de Brasil. La constructora Odebrecht (una de las acusadas en las investigaciones de corrupción de la Petrobras) está construyendo el puerto de Mariel, que pretende ser la puerta de entrada para una Zona Franca. Los patrones de la mayor nación capitalista del mundo no pueden quedarse fuera de ese verdadero asalto al país, apoyado por el propio gobierno cubano.

Está claro que los trabajadores de todo el mundo deben defender el establecimiento de relaciones diplomáticas entre estas naciones y el fin del embargo económico de una nación más fuerte contra una más débil. Pero  es nuestro deber alertar que estas acciones están hechas, de común acuerdo entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba, para aumentar la explotación de los trabajadores cubanos y para transformar a Cuba en una colonia de Estados Unidos. Los únicos beneficiados serán los patrones y los miembros del gobierno cubano, que están transformándose en una nueva clase burguesa.

Es necesario que la clase obrera cubana se organice independientemente del gobierno, expulse a la burocracia castrista y construya un partido revolucionario para derrocar al actual gobierno de Raúl Castro (hermano de Fidel Castro) y realizar una nueva revolución socialista en Cuba. En esta ocasión con democracia para todos los trabajadores.  

Traducción Laura Sánchez