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La revolución cubana, que en estos días cumple un aniversario más, fue el mayor acontecimiento de la historia de América Latina.

Por primera vez en nuestra historia, un país se librará completamente del yugo imperialista, dejará de ser una colonia o semicolonia, expropiará a su burguesía vendida y dará origen al primer Estado obrero del continente. Un hecho heroico para una isla minúscula a algunos kilómetros del mayor país imperialista de todos los tiempos, los Estados Unidos.

Por: Jerônimo Castro

Esta estruendosa victoria de una revolución que se inicia en una lucha contra el régimen dictatorial de Fulgencio Batista, y que en sus orígenes buscaba poco más que un régimen democrático, pero que con el transcurso de la revolución avanza en dirección a la reforma agraria y a la independencia nacional, culminará con la expropiación de su raquítica burguesía y del imperialismo. Causará uno de los momentos más conturbados de la Guerra Fría con la crisis de los misiles y, de paso, dejará en evidencia una vez más el papel subalterno de la URSS que, contra la voluntad de los dirigentes cubanos, retira las armas que estaban siendo instaladas en la isla.

La revolución cubana causará un terremoto político en la izquierda. Desde los trotskistas hasta el estalinismo, nadie pasará incólume por este gran acontecimiento. En el campo de la IV Internacional, el reconocimiento de la revolución cubana llevará a la reunificación de la amplia mayoría de las corrientes trotskistas en torno al Secretariado Unificado (SU). Mandel, impactado por la revolución cubana, iniciará su deriva guerrillerista que culminará con la completa capitulación al castro-guevarismo. Moreno, en principio, dio poca importancia a la revolución, después tendrá un momento de profunda aproximación al castrismo, pero a finales de los años de 1960 ya veía con claridad los problemas de aquella revolución. Aún así, su organización en la Argentina tampoco pasará incólume al peso de la revolución cubana en el movimiento de masas. Dos importantes rupturas alcanzarán su organización, una en 1963 con el Vasco Bengochea, y la otra a finales de los años de 1960, con el grupo de Santucho.

Los PCs vivirían, en esta época, un infierno aún mayor, presos en la política completamente conciliatoria de la vía pacífica al socialismo, o de la coexistencia pacífica con el imperialismo y otras variantes más, y verían una verdadera desbandada de sus cuadros, en especial los jóvenes, en dirección a la guerrilla. En este período, el PC brasileño prácticamente desaparece, víctima de su política totalmente equivocada frente al gobierno de João Goulart, y de su fracaso en prever y luego resistir el golpe militar. Perderá centenas de cuadros y militantes.

Por fin, las deficiencias del proceso cubano también llevarán a su limitación, retracción y luego al proceso que culminará con la restauración capitalista promovida por el propio Castro.

Fue, desde sus orígenes, un Estado obrero deformado, con una dirección pequeñoburguesa que rápidamente se adaptaría al estalinismo en nivel mundial y que defendería de forma bastante peculiar el socialismo en un solo país, en que la revolución en los demás países de América Latina estaban, antes que todo, al servicio de evitar que la revolución cubana se aislase. O sea, la revolución continental estaba al servicio de defender Cuba y no lo contrario, que sería lo correcto: colocar la revolución cubana al servicio de la revolución latinoamericana y mundial. La revolución cubana pasaría de ser un puerto seguro y un punto de apoyo para las revoluciones latinoamericanas a ser un punto de apoyo para frenar estas mismas revoluciones. El caso emblemático sería el de la revolución nicaragüense, cuando Fidel Castro aconsejaría a los sandinistas no hacer en Nicaragua “una nueva Cuba”.

El artículo que sigue buscará, de manera sintética y didáctica, tratar los temas aquí planteados.

Cuba, el parque de diversiones del imperialismo norteamericano

La Cuba de antes de la revolución era esencialmente una isla productora de azúcar y parque de diversiones del imperialismo norteamericano.

La Habana, capital de Cuba, era visitada por turistas que buscaban diversión de todo tipo en las boates de la ciudad.

El conjunto del Estado era profundamente corrupto e inepto, el régimen político-policial o semipolicial y las acuarteladas eran más o menos comunes. Era, por así decir, una república bananera.

Fulgencio Batista, un sargento, se alternaría en el poder desde 1933 hasta 1958, cuando renuncia y huye en función de la revolución dirigida por Fidel Castro y sus guerrilleros. Su último período en el poder se iniciaría en 1952, en función de un golpe militar más.

Surge Fidel Castro

Dado el golpe militar, Castro, en la época un abogado que, al parecer, defendía presos políticos, trabajadores y sindicatos, presentó una acción contra el gobierno golpista y enseguida después la imprimió en un mimeógrafo y la distribuyó a la población. Enseguida se unió a jóvenes que editaban un periódico clandestino Son los Mismos, sugirió el cambio de su nombre por El Acusador y fue coeditor de ese nuevo órgano.

No obstante, su gran hecho, que lo catapultaría a la condición de uno de los principales, si no el principal líder de la oposición, será la tentativa, fracasada, de asalto al cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953. El intento, que contaba con menos de 160 personas, mal armadas y mal preparadas, fracasó.

Enseguida, la ola represiva mataría a centenas de personas y llevaría a prisión al propio Fidel Castro.

El 16 de octubre de 1953, Fidel sería condenado a 15 años de prisión. Escribió su propia defensa, basada en el derecho de los pueblos a rebelarse contra los tiranos, y ya condenado reescribirá esta defensa y la publicará clandestinamente con el título La Historia me absolverá.

En 1955, será amnistiado luego de una amplia campaña popular en su defensa y comenzará una campaña periodística contra el gobierno de Fulgencio. Al mismo tiempo, comenzará a dar forma a su movimiento, el 26 de Julio, en referencia al día del asalto al cuartel Moncada. No obstante, dos meses después, alegando que las vías legales para su actuación estaban cerrándose, resuelve exiliarse en México.

México

Al ir para México, Fidel, al mismo tiempo, firmará acuerdos con otros grupos oposicionistas cubanos, práctica que mantendrá también en el período de la guerrilla, buscará apoyo de exiliados cubanos en los Estados Unidos, e incluso de figuras políticas americanas, y comenzará a organizar lo que sería su ejército guerrillero.

Será en México que encontrará a uno de sus grandes “socios” en la primera fase de la revolución cubana, el argentino Che Guevara, venido de Guatemala luego de un golpe de estado contra el gobierno de Jacobo Árbenz, en 1954, y que iniciaba, o profundizaba, su giro a la izquierda.

Junto con ellos, un grupo de cubanos sería entrenado por un ex combatiente de la revolución española, aprenderían las primeras lecciones de tiro, correrían por las calles de la Ciudad de México para ganar resistencia física, y escalarían las montañas de los alrededores con el mismo objetivo.

Hacia finales de 1956, el 25 de noviembre, el grupo compuesto por 81 personas embarcan en el Granma. Fidel lanza la consigna: “en 1957 seremos libres o seremos mártires”.

En el equipaje, además de balas y fusiles, un programa poco claro que defendía la democracia, la reforma agraria y la independencia nacional, sin decir exactamente cómo conseguirlas.

De la guerrilla al poder

La táctica militar de Fidel Castro casi fue un completo fracaso. El viaje casi termina en un desastre. El desembarco, el día 2 de diciembre, fue en un pantano donde parte de los materiales fue abandonado y en los primeros días, más exactamente el 5 de diciembre, la tropa mal disciplinada y con escaso conocimiento militar fue sorprendida por el ejército en Alegría del Pío. De los 81 insurgentes apenas 12 escapan, el resto es muerto o capturado.

En dispersión, dos grupos separados, uno liderado por Fidel y el otro por Raúl y el Che, marchan hasta Sierra Maestra.

Este mal inicio, sin embargo, daría lugar después a una seguidilla de buenos acontecimientos. Pasado el momento de dispersión, la guerrilla conseguiría importantes victorias tanto políticas como militares.

En primer lugar, conseguirían implantarse bien en Sierra Maestra por dos motivos: era una región abandonada por el gobierno y con poca vigilancia, además de ser de difícil acceso, y contaba con una población campesina con tradiciones oposicionistas y bastante descontento. No solo los campesinos pobres y los asalariados agrícolas apoyarían, y en algunos casos entrarían en la guerrilla, como incluso muchos médicos campesinos y campesinos ricos pagarían impuestos a la guerrilla sin que eso generara un gran descontento.

En segundo lugar, el Movimiento 26 de Julio (M26) tenía una estructuración en la ciudad, sobre la base de su oposición a Fulgencio Batista, especialmente en el movimiento estudiantil, que consiguió, enseguida de la llegada del grupo a Sierra Maestra, retomar los contactos con el grupo ya el 13 de diciembre y, a partir de ahí, abastecerlos de armas, combatientes y materiales. Pese a la leyenda, la guerrilla solo sobrevivió, en especial en sus momentos iniciales, gracias a la red urbana que la protegió y mantuvo materialmente.

En tercer lugar, Fidel Castro mantuvo siempre, invariablemente, una actitud ambigua sobre los principales problemas del país y sobre sus futuras relaciones con los Estados Unidos. Hoy en día, tal actitud acostumbra ser atribuida a su gran “astucia” política. No obstante, nos parece que se debe a algo mucho más prosaico: Fidel no tenía un programa político claro.

Sobre el tema, es bueno recordar una carta escrita por el Che a Ramos Latour: “siempre consideré a Fidel como un auténtico líder de la burguesía de izquierda aunque su figura esté realzada por cualidades personales de extraordinario brillo que lo colocan por encima de su clase. Con este espíritu inicié la lucha, honradamente sin esperanza de ir más allá de la liberación del país, dispuesto a irme cuando las condiciones de lucha posterior girasen a la derecha”.[1]

Comparada con otras guerrillas, la cubana fue relativamente corta y fácil. Poco más de dos años luego de su inicio, la guerrilla tomaría el poder. El 1 de enero de 1959, Fulgencio Batista renuncia y huye de Cuba, y el 2 de enero, Camilo [Cienfuegos] y luego el Che toman La Habana. Terminada la guerra de guerrillas, comienza la revolución.

De la toma del poder a las expropiaciones

Una revolución, una vez que triunfa sobre el antiguo régimen, tiene frente a sí una tarea: construir sus nuevas bases para poder gobernar.

Fidel actuó al tanteo en este período. Nombró como presidente a Manuel Urrutia, buscó acuerdos con los demás grupos revolucionarios, incluyendo el llamado Directorio, viajó y fue bien recibido en los Estados Unidos.

No obstante, y este factor era de fundamental importancia, la revolución cubana y en especial sus dirigentes se encontraban frente a una gran disyuntiva.

Lo que ocurrió en Cuba fue, sin sombra de dudas, una revolución. O sea, las masas armadas se levantaron y destruyeron las principales instituciones del antiguo régimen y su principal instrumento, el ejército de Fulgencio Batista. Los nuevos gobernantes, los comandantes guerrilleros, podrían hacer dos cosas frente a la situación: reconstruir el Estado burgués o romper definitivamente con la burguesía y el imperialismo. Era frente a esta disyuntiva que se encontraban cuando los Estados Unidos cometieron uno de los mayores errores de su historia en materia de desarmar problemas internacionales.

Como dirá el Che, la revolución cubana fue una revolución de contragolpes. Cada vez que los norteamericanos hacían un ataque a la revolución, los cubamos respondían con una medida más radicalizada.

Así, presionado por la base de campesinos del ejército rebelde, Castro inicia una reforma agraria que alcanza las grandes plantaciones de caña de azúcar; los norteamericanos retrucan disminuyendo la cuota de azúcar que compraban de los cubanos. Luego, los cubamos negocian con los rusos la venta de azúcar y el recibo de petróleo que las refinerías norteamericanas en Cuba se negaban a refinar. El gobierno cubano acaba por nacionalizar las refinerías, y la cosa va por ahí. Golpe y contragolpe.

En 1961, los norteamericanos apoyan lo que sería una patética tentativa de desembarque en Cuba de mercenarios y opositores cubanos. Los invasores son derrotados, las relaciones con los Estados Unidos se deterioran. Fidel finalmente declarará en 1961, dos años después de haber tomado el poder, que su revolución era socialista.

El error de los Estados Unidos fue el de, a cada paso, intentar presionar, chantajear, exigir y atacar a la dirección cubana para que girase a la derecha y traicionase abiertamente el proceso revolucionario. Los franceses, cuando enfrentaron una situación idéntica en Argelia, la de una revolución anticolonial dirigida por una organización guerrillera, hizo justamente lo opuesto. Después de hacer todo lo posible para derrotarla, cambian su línea y pasan a hacer concesiones a la dirección argelina. Esta revolución nunca llegará a expropiar a la burguesía ni a romper con el imperialismo o alinearse al bloque soviético.

Traducción: Natalia Estrada.

[1] Carta del Che a René Ramos Latour, 14 de diciembre de 1957.