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La clase trabajadora nicaragüense está sufriendo duramente los efectos de la pandemia del nuevo coronavirus en ambos lados de la frontera entre Costa Rica y Nicaragua.

Por PT-Costa Rica

El gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua le está demostrando al mundo una actuación completamente irresponsable para tratar la pandemia, ya que por un lado no ha decretado ninguna medida concreta de cuarentena permitiendo incluso los eventos masivos, y por otro niega los efectos de la pandemia llegando al absurdo de no definir miles de casos como COVID-19 si no como “neumonía atípica”.

A principios de junio, el hermetismo de la dictadura solo reporta poco más de 1100 contagios y solo 46 muertes, pero las informaciones de la oposición, medios de comunicación independientes del gobierno y ONGs reportan números cercanos a los 5 mil contagios y casi mil personas fallecidas, y con el agravante de que hay una ausencia de pruebas en el país para determinar todos los casos y personas enfermas. La propia Organización Mundial de la Salud ya clasifica el estado de transmisión del Coronavirus en Nicaragua en la Fase 4, es decir en transmisión comunitaria.

Esa situación que vive la clase trabajadora en nicaragua se agudiza con la grave situación económica del país que obligaba desde antes de la pandemia a un constante flujo migratorio. En la actualidad ese flujo migratorio habitual se combina con la necesidad de muchos de buscar algún apoyo médico en el extranjero.

Desgraciadamente los gobiernos de Honduras, El Salvador y Costa Rica, que durante la lucha del pueblo nicaragüense contra la dictadura de Ortega en el 2018 se hicieron de la vista gorda, hoy han fortalecido el cierre de fronteras, con sus ejércitos y fuerzas policiales, para evitar que las personas que huyen de la enfermedad y la muerte permitida por el gobierno lleguen a sus países.

El gobierno de Alvarado persigue migrantes pobres y violenta los derechos humanos

La postura del gobierno de Costa Rica, se puede comparar a la acción de un vecino que cierra la puerta de su casa a una persona que viene huyendo de un asesino.

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Desde que a mediados de marzo se decretó el cierre de fronteras en el país, el gobierno de Carlos Alvarado ha promovido una verdadera guerra en la frontera norte, donde por agua, aire y tierra, miles de policías y reservistas persiguen no solo a las personas que vienen cruzando la frontera, si no a otros que han vivido y trabajado en Costa Rica desde hace años.

Ante la grave crisis sanitaria en Nicaragua, Carlos Alvarado en lugar de promover una forma humanitaria de atender las personas víctimas de la política de la dictadura, actúa de forma represiva al mejor estilo del gobierno de Donald Trump y su trato inhumano a los migrantes centroamericanos y mexicanos.

Actualmente varias personas han sido encarceladas y juzgadas por transportar migrantes en sus taxis informales, decenas han perdido sus vehículos para viajar a sus trabajos por no pagar permisos de circulación en caminos de barro, y 14 000 han sido deportados hacia nicaragua no solo en las comunidades fronterizas, si no desde diversos lugares del país.

A eso se le puede sumar que los servicios de trámites migratorios como solicitudes de residencias, refugio o permisos de trabajo están seriamente afectados.

Además de eso, recientemente circuló una disposición del Gobierno de poner a las y los trabajadores de la salud a denunciar a las personas, de perseguir a nivel migratorio incluso a las personas enfermas que no tengan papeles y consulten los servicios de salud, lo cual es una posición completamente violatoria a los derechos humanos de esas personas.

Luchemos por un trato humanitario de la crisis pandémica nica

Desde el Partido de los Trabajadores creemos que la política de los dos gobiernos es completamente genocida ya que no puede tener un resultado más que el desastre humanitario y la posible muerte de miles de personas.

Nosotros consideramos que Costa Rica y la comunidad internacional deben tomar el caso de la crisis de salud en Nicaragua con la rigidez humanitaria de un conflicto bélico, y en vez de negar ayuda y reprimir a quienes huyen para salvar sus vidas, se le deben garantizar el mayor respeto a su dignidad como personas, así como el resguardo de su salud y sus vidas.

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Es por eso que proponemos al conjunto de organizaciones sindicales, sociales, estudiantiles y en general al movimiento popular que exijamos por diversos medios y formas al gobierno de Carlos Alvarado que se garantice de inmediato lo siguiente:

1- Que se posicione considerando el problema de la pandemia en Nicaragua, y exija a la comunidad internacional que sea tomado como tal.

2- Que al ser un problema humanitario que debe ser resuelto internacionalmente, destine los recursos de los acreedores de los organismos internacionales de la deuda pública (deuda externa), al equipamiento y tratamiento de los nicaragüenses que estén huyendo de la pandemia y dictadura en Nicaragua.

3- Que exija a los organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), que doten al gobierno de un financiamiento especial para atender la salud de los nicaragüenses que huyen del genocidio de la dictadura Ortega-Murillo.

4- Que el gobierno diseñe un plan para atender a la población migrante que huye de la dictadura, que contemple la construcción de un hospital en la frontera norte para atender a las personas que se desplazan producto de la afectación de la pandemia, para que a las personas migrantes se les dé un trato humanitario al ser víctimas de una política genocida por parte del gobierno de Daniel Ortega.

5- Que el gobierno de Costa Rica decrete una amnistía migratoria para todas las personas que viven y trabajan en Costa Rica, es decir que se suspendan las deportaciones y expulsiones, se le entreguen documentos gratuitos a quienes los necesiten con el fin de que puedan acceder a los servicios de la CCSS, plenos derechos laborales, y dejen de ser perseguidos por parte de los diversos cuerpos policiales.

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4- Que se decrete una cuarentena en las plantaciones para evitar contagios comunitarios, y que sea una cuarentena con salario completo para los trabajadores y pagada por las empresas.

No debemos olvidar que hace tan solo dos años, centenares de jóvenes y trabajadores nicaragüenses dieron sus vidas en las calles durante una lucha histórica para sacar a Daniel Ortega del poder, pero se toparon con un dictador que actuó con una represión brutal que dejó como saldo cerca de 700 personas muertas, miles de presos y presas políticas y decenas de miles de desplazados políticos hacia Costa Rica y otros países. Ese movimiento popular nicaragüense diezmado por la represión, hoy necesita más que nunca el apoyo y la solidaridad de las y los luchadores del mundo.