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La práctica de prestar dinero a cambio de un interés o ganancia, y con ello, la  de endeudarse, ha existido desde la antigua Mesopotamia hace 2000 años AC.

Por Juan Connolly, PT-Costa Rica

Sin embargo, dicha actividad ha aumentando en importancia a lo largo de la evolución de la historia humana desde la esclavitud hasta el capitalismo.

Conforme se desarrollo el intercambio de comercial  y se concentró el excedente de producción (dinero) en manos de unos pocos propietarios, algunos decidieron dedicarse a prestar con intereses (capital usurario) para financiar diversas actividades comerciales hasta llegar ser capaces de prestarle a los mismos gobernantes..

De ahí que actualmente hablemos de una Deuda Pública al referirnos a cualquier tipo de préstamo solicitado por un gobierno.

Hoy, entendemos que Estados como el nuestro se ven forzados a adquirir préstamos para financiar inversiones, pagar salarios y pagar viejas deudas. También es evidente como los caros intereses de dichos préstamos son cubiertos mediante recortes en los presupuestos públicos y aumentos en los impuestos que empobrecen al pueblo.

Pero, ¿Qué rol cumple dicha deuda pública en el ir y venir de la actividad económica capitalista? ¿Tienen razón los economistas que la defienden como un recurso necesario, o inevitable, para alcanzar el bienestar de todo el pueblo?

Para Marx la deuda pública fue uno de los mecanismos que sentó las bases del surgimiento de la sociedad capitalista.

El negocio de prestarle a gobernantes a determinado interés contribuyó a la realización de la Acumulación Originaria, proceso mediante el cual los reyes, la Iglesia, banqueros y comerciantes despojaron a millones de indígenas, negros, campesinos, pequeños comerciantes y artesanos de sus riquezas, tierras, medios de producción  y se los apropiaron.

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Dicho proceso englobó una serie de eventos históricos relatados por Marx en El Capital como la conquista y colonización de América, Asia y África por parte de los diversos imperios europeos o la expulsión del campesinado de su tierra en favor de la concentración de esta misma en manos de nobles y ricos arrendatarios en Inglaterra.

Mediante esta Acumulación Originaria clase capitalista tomaría posesión sobre gran parte de estos medios de producción y contaría con grandes masas de gente sin tierra ni medios para vivir a su disposición para poder explotar.

Diversos banqueros y comerciantes tuvieron un rol preponderante en dicho proceso al financiar, mediante la deuda pública, gran parte de estas empresas económicas que antecedieron al ascenso del capitalismo.

Según Marx, las sanguinarias empresas de conquista y colonización que caracterizaron la historia mundial de los Siglos XVI al XIX siempre contaron con banqueros Venecianos, Holandeses o Ingleses que financiaron a los imperios que las emprendieron al tiempo que se enriquecieron gracias al pago de los intereses por los mismos préstamos. (Marx, Carlos. El Capital, Tomo I, Capítulo XXIV p144).

Con el incremento y acumulación de las deudas de los Estados y la obligación de saldarlas, Marx también advirtió el necesario surgimiento de un sistema de impuestos basado en los artículos de primera necesidad cuya principal víctima sería también el pueblo.

Al igual que Marx, Lenin también notó el rol procapitalista de la deuda pública. Sin embargo el análisis de su propia época lo llevaría a hablar de una nueva fase superior y final del capitalismo, la fase imperialista.

Está es caracterizada por la fusión de los bancos y el capital industrial en la figura del capital financiero y su dominio sobre el mundo a partir de la exportación de capitales y su explotación de la clase obrera más allá de las fronteras nacionales.

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Está fusión entre los capitalistas que prestan y aquellos que son dueños de fábricas en figuras como los fondos de inversión condujo a que la deuda pública se convirtiera en un método mucho más directo de dominación económica por parte de los capitalistas.

Durante esta fase, a cambio de prestarle a los países, el capital financiero es capaz de forzarlos a ceder privilegios a sus inversiones y a pactar acuerdos para dominar su economía.