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En nuestro artículo anterior explicamos cómo Lenin vendría a actualizar la perspectiva marxista sobre el rol de la deuda pública en el contexto de la fase imperialista del capitalismo.

Por Juan Connolly

Si para Marx la deuda pública había servido para que los primeros
capitalistas venecianos, holandeses e ingleses acumularan fortunas enriqueciéndose al prestarle a los grandes imperios para realizar sus empresas de conquista y colonización, para Lenin la deuda se convierte en un mecanismo para que la clase capitalista financiera (fusión de los capitalistas industriales y banqueros), ya coronada con el poder en sus grandes Estados imperialistas (Estados Unidos, Alemania, Inglaterra), domine las economías de todo el mundo.

La fase imperialista le permitiría a los capitalistas ejercer este dominio económico fuera de sus fronteras sin tener que mantener a los demás países bajo una ocupación militar y colonial permanente tal y como lo habían hecho hasta finales del silgo XIX Inglaterra y Francia con sus colonias en India, África y Asia.

Esto ocurriría gracias al surgimiento de lo que conocemos los marxistas como semicolonias. Para Lenin se trata de países dependientes que, aunque gozan formalmente de independencia  política, en la práctica están atrapados en las redes de la dependencia financiera y diplomática con el imperialismo. (Lenin. Imperialismo Fase Superior del Capitalismo).

Gracias a los avances en las fuerzas productivas mundiales que resultaron de la revolución industrial de los siglos XVIII y XIX, los capitalistas llegarían a ser capaces de exportar, con mayor eficiencia, su capital (tecnología y maquinaria) a estas semicolonias para explotar la fuerza de trabajo y recursos de estas y así extraer ganancias directamente.

En esta fase la deuda pública le sería muy útil a los grandes capitales imperialistas. Los préstamos de la banca internacional a los países pobres y semicoloniales servirían de anzuelo mediante el cual grandes empresas de minería, electricidad, manufactura y trenes lograrían obtener jugosos contratos y concesiones privilegiadas para sus inversiones en los países semicoloniales.

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Un ejemplo costarricense

La dependencia económica de nuestro país con el imperialismo norteamericano, por ejemplo, fue cimentada por un acuerdo semicolonial como el Contrato Soto Keith para la construcción del ferrocarril al Atlántico firmado en 1884.

Con este contrato, Minor Keith lograría amasar una gran fortuna y sentar las bases del monopolio de producción, transporte y exportación del banano de la United Fruit Company (UFCO) en Centroamérica.

Keith, asumió dichas obras como contratista a partir de 1875 facilitando financiamiento de capital inglés y asumió su construcción en 1879.

Para 1882 el gobierno de Costa Rica no podía pagar más los préstamos con los que había comenzado a construir el ferrocarril. Entonces Keith le propuso al Gobierno de Próspero Fernández renegociar la deuda del país y conseguir el financiamiento faltante para terminar la obra a cambio de, nada más y nada menos que, 300 mil hectáreas de terrenos aledaños al ferrocarril para producir banano y la concesión por 99 años del tren para exportarlo.

Keith llegaría a un acuerdo con los acreedores que iniciaron la financiación del ferrocarril para que aceptaran quedarse con una tercera parte de las acciones de la Costa Rica Railway Co, empresa que sería la constructora y concesionaria del ferrocarril, mientras que Keith y el Gobierno serían los dueños de las otras dos terceras partes.

De esta forma capitales ingleses y norteamericanos pasarían a poseer el primer ferrocarril del país y de paso, Keith, se haría con un monopolio de tierras y servicios de transporte para la producción bananera.

Cabe destacar que luego, en 1890, el gobierno concesionaría la construcción de otra vía férrea en el Atlántico, la Northern Railway Co, esta vez con financiamiento estadounidense.

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Dicho ferrocarril llegaría a ser propiedad de la Tropical Trading and Transport Company, de la que Keith era accionista. Más tarde esta empresa sería comprada por la United Fruit Company (UFCO), en cuyas manos quedaría finalmente este segundo ferrocarril.

El contrato Soto –
Keith es un gran ejemplo de cómo la deuda pública de los Estados semicoloniales es utilizada por los capitales imperialistas para dominar su economía.

Fuentes:

Lenin, Vladimir. Imperialismo: Fase Superior del Capitalismo.

Roman Trigo, Ana Cecilia. “Apuntes sobre la transición del predominio británico al norteamericano en la economía costarricense (1883-1930)” Revista Anuario 8: 27-59, 1982. UCR. Disponible en: https://revistas.ucr.ac.cr/index.php/anuario/article/view/3281/3187