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Por años las posiciones marxistas sobre la moral revolucionaria han sido deformadas por los ideólogos burgueses. Dentro de este contexto general también se nos ha acusado defender ideas del estalinismo como la postergación de la lucha por la liberación de la mujer al plano de una futura sociedad socialista.

Por SHD

Hoy queremos recuperar algunas de nuestras concepciones básicas sobre la moral revolucionaria.

¿Qué es la moral?

Para los marxistas la moralidad conforma un conjunto de reglas prácticas con el que la sociedad rige su interacción.

Como todo en la historia humana la moral está en constante transformación y brota de la clase social dominante de la sociedad, pues es la que se encuentra en capacidad de imponer sus ideas, entre ellas las ideas sobre lo que es bueno y malo.

Esta es la razón de porque hoy resulta inaceptable reivindicar el pensamiento de los filósofos de las Ciudades Estado Griegas que como Aristóteles defendían la esclavitud como algo moral y necesario. O a los revolucionarios Franceses y Estadounidenses del Siglo XVIII al negarle a las mujeres y los esclavos los mismos derechos y libertades que reclamaron para sí mismos.

Como marxistas reconocemos el origen humano y de clase de todas las ideas morales y no creemos que exista una fuente divina o eterna de verdades morales universales con la que debamos guiarnos. De hecho, estamos convencidos de que detrás de estas fuentes universales de moral como las iglesias o la ONU se esconde un intento de las clases dominante de imponer su moral a las clases explotadas mientras estas actúan con la mayor brutalidad a la hora de imponer sus intereses.

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Esto último no quiere decir que los revolucionarios no tengamos moral o que cualquier método nos parezca válido. Para nosotros lo moral viene definido por un compromiso consciente y práctico con la liberación de la humanidad de la explotación y opresión que los seres humanos padecemos bajo el capitalismo por medio de una revolución socialista.

Citando a Trotsky opinamos que:

“Está permitido todo lo que conduce realmente a la liberación de la humanidad. Y puesto que este fin sólo puede alcanzarse por caminos revolucionarios, la moral emancipadora del proletariado posee –indispensablemente–, carácter revolucionario (…) Cuando decimos que el fin justifica los medios, de ahí se deriva para nosotros la conclusión de que el gran fin revolucionario rechaza, como medios, todos los procedimientos y métodos indignos que enfrentan a una parte de la clase obrera contra las otras; o que intentan hacer la dicha de las demás sin su propio concurso.”[1]

En resumen, no cabe en nuestras filas ningún hábito o práctica que desvíe a la organización revolucionaria o al pueblo trabajador de su meta de liberación por medio del socialismo.

El combate a las presiones es esencial al Programa Revolucionario y por ende también a la moral

Los revolucionarios utilizamos nuestro programa como guía de acción en la lucha de clases. Esta guía traza una estrategia para perseguir las grandes luchas históricas que la clase trabajadora debe realizar para conseguir el fin del capitalismo y su superación.

El combate a las opresiones (Xenofobia, Racismo, LBGTFobia) en general y al machismo en particular constituyen un componente fundamental de ese programa. Como socialistas buscamos impulsar una revolución que libere a toda la humanidad del yugo de la opresión y la explotación y para hacerla debemos ser capaces de unir a toda la clase trabajadora que hoy está dividida por la violencia machista.

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Es por eso que “Consideramos que la práctica y la defensa del machismo son inmorales en el partido, en casa o en el trabajo. Ellas llevan a la degeneración del partido como partido revolucionario, porque dividen a la clase, atacan, oprimen, ponen en crisis y destruyen mujeres, camaradas del partido y activistas del movimiento, solapando el programa revolucionario.”[2]

Nuestro compromiso con este programa no solo es político sino moral, puesto que para que dicho programa se cumpla los revolucionarios entendemos que debemos llevarlo a la práctica de la manera más coherente tanto fuera como dentro del partido. Es por eso que consideramos que es necesario mantenernos más reflexivos, vigilantes y prestos a combatirlo ante la gran amenaza que representa el machismo para nuestras organizaciones.


[1] Trotsky, León. Su Moral y la Nuestra. P35-36.

[2] Fontana, Mariucha. Combatir al Machismo para Unir a la Clase. P86.