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El mes de junio es el “mes de la diversidad sexual”. Este mes conmemora que el 28 y 29 de junio de 1969, un grupo de personas homosexuales, transgénero y travestis (en gran medida negras y latinas) protagonizaron una revuelta contra la policía de Nueva York tras la redada al Stonewall Inn, un bar gay. En el primer aniversario de la revuelta se celebró por primera vez la marcha del orgullo gay y con los años se ha extendido a todo el mundo.

Por Loly Abarca

50 años después, ya casi no queda nada de ese espíritu de lucha. En el desfile de San José abundan las carrozas de bares, empresas multinacionales y hasta embajadas que se aprovechan de ser “amigables con los gays”. Sin embargo, estas empresas no pueden ser llamadas realmente “aliadas”, ya que no cambian las condiciones de vida de las personas sexualmente diversas y solo usan la bandera del arcoiris para mejorar su imagen y aumentar sus ganancias.

La política del gobierno

La campaña electoral se vio marcada por los derechos de las personas sexualmente diversas. El miedo a que ganara Fabricio Alvarado y su discurso de odio llevó la presidencia al PAC, que se vendió a sí mismo como el defensor de esa población. En la segunda ronda dijimos que el PAC y sus instituciones no defendería verdaderamente sus derechos, y más de un año y después podemos decir que tuvimos razón: la Sala Constitucional retrasó el Matrimonio Igualitario más de un año y medio en lugar de instaurarlo inmediatamente; el TSE decidió esconder el sexo de la cédula en lugar de rectificar los registros para que coincida con el género autopercibido de las personas trans y prohíbe el cambio de nombre a las personas trans menores de edad.

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Para colmo, este año el PAC hizo una alianza en el Legislativo con partidos opuestos a derechos de las mujeres y las personas LGBT, incluso el mismo Partido Restauración Nacional al que antes pertenecía Fabricio Alvarado. Con el fin de impulsar sus proyectos llenos de ataques a la población, no les importa aliarse con quienes criticaban hace un año.

Por eso nuestra confianza no debe estar colocada en el PAC o la Asamblea Legislativa, debemos confiar solo en nuestras propias fuerzas, en unidad con el resto de los trabajadores: ¡solo eso va a cambiar nuestras vidas!