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Se encuentra en discusión el proyecto 20.127, el cual pretende realizar cambios en la Constitución Política sobre la forma de elección de diputados y  la cantidad total de diputados que integran  la Asamblea.  Los defensores de las reformas  las presentan como un avance democrático en relación a la actual representatividad y proporcionalidad de la Asamblea. No obstante,  lo que reflejan es un interés por oxigenar a los partidos tradicionales y colocar mayores cuotas de poder en las agrupaciones que garanticen los grandes negocios de los ricos.

¿Desde cuándo es un problema la representatividad y eficacia del parlamento?

Collage de plazas públicas del PLN, PUSC y el PAC.La llamada ingobernabilidad se convirtió en un tema de debate entre las distintas facciones de la burguesía y en el seno de instituciones como el TSE luego de la crisis del bipartidismo a inicios de siglo, producto de las denuncias de corrupción a los ex presidentes Rafael Ángel Calderón (1990-1994) y Miguel Ángel Rodríguez (1998-2002), el ascenso de importantes luchas sociales (contra el desfinanciamiento de la educación pública y las reformas a las pensiones del magisterio en los años 90´s, COMBO del ICE en el 2000 y contra monopolios privados como el de RITEVE en 2003-2005) y la crisis más reciente del PLN tras dos derrotas electorales seguidas.

Pese la crisis del PUSC el PLN logro mantenerse por unos años más como el principal garante de los grandes negocios en el país, logrando la elección de Oscar Arias (2006-2010) y Laura Chinchilla (2010-2014).   Pero esto fue seguido de dos derrotas continuas del PLN y del desgates acelerado del PAC.  Se trata ahora sí o sí de hacer más “gobernable el país”, entiéndase, buscar las formas para allanar el camino a las grandes reformas que aún faltan por venir.

Es así como la llamada crisis de gobernabilidad no es más que la crisis del bipartidismo burgués histórico. Lo que ahora llaman reformas democráticas no son más que un intento de dar aire a viejos y nuevos partidos empresariales que concentren aún más el poder.

Más diputados y nuevos distritos electorales no son sinónimo de más democracia

La propuesta en discusión de entrada busca dar mayor peso a los partidos más grandes y mantiene las mismas reglas electorales antidemocráticas.  Lo que se busca es crear mayor cantidad de diputados pero concentrados en los tres o cuatro partidos que se reparten la elección nacional. Es decir, el resultado final será más diputados en menos partidos.

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El principal esquema de corrupción en los partidos y de negocio entorno a las elecciones es la deuda política, mecanismo por el cual se otorga  financiamiento estatal a los partidos con más votos una vez pasadas las elecciones. En la reciente elección este monto correspondió a 25 mil millones de colones repartidos mayoritariamente entre 5 de los 13 partidos que participaron; desde el PT rechazamos este mecanismo de financiamiento que solo genera más corrupción y que garantiza que siempre sean los mismos los que se reparte el poder.

Manteniendo la corrupta deuda los resultados seguirán concentrados en los grandes partidos, ahora con una tajada mayor de diputados para repartirse entre ellos.

Aumentar los diputados con los mismos privilegios actuales

Plenario Asamblea Legislativa

Foto tomada de Monumental

El aumento en la cantidad  de diputados se propone manteniendo los mismos privilegios parlamentarios que existen ahora, los cuales permiten a los diputados ganar más de 4 millones al mes o gozar de la inmunidad parlamentaria que evita que sean fácilmente juzgados como cualquier persona.

Nosotros defendemos un programa completamente opuesto al de los privilegios parlamentarios, por eso rechazamos la deuda política, planteamos que el salario de un diputado se iguale al de un obrero calificado para que refleje el nivel de vida de la clase trabajadora, que los diputados al parlamento puedan postularse mediante candidaturas independientes por fuera de los partidos, que en cada votación se pueda votar por los nombres de cada parlamentario y no por listas cerradas que presentan los partidos, que no haya reelección al parlamento y que cualquier diputado pueda ser revocado de su mandato por voluntad popular.

Principales cambios
  • Se eligen 42 diputados nacionales, a repartir proporcionalmente entre los partidos con mayor votación.
  • Se eligen otros 42 diputados llamados distritales, a elegir en un mismo número de distritos a razón de uno por cada distrito. Lo gana el partido con más votos en ese distrito.
  • Se propone la reelección consecutiva hasta por 3 períodos, es decir un mismo diputado puede ocupar el cargo por 12 años seguidos.
  • Para ser diputado distrital se debe vivir en el respectivo distrito los 4 años anteriores a la elección.
Los privilegios actuales de un diputado
  • Los diputados ganan mensualmente más de 4 millones de colones, sumando algunos beneficios como la posibilidad de gastar 500 litros de gasolina y el pago del recibo telefónico.
  • Los asambleístas cobran dietas cada vez que asisten a una sesión parlamentaria. En caso de que acudan a todas las del mes, recibirán 2,800.000 millones de colones.
  • Asimismo, por concepto de gastos de representación ganan 1,098.000.
  • Además, pueden cobrar hasta 161.000 por el uso del teléfono celular y disponen de 500 litros de combustible, lo cual equivale a unos 321.000
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Por la democracia obrera y un gobierno de los trabajadores

Aunque nos presentamos a elecciones o luchamos contra reformas que restringen aún más la democracia burguesa, tenemos claro que la función del Estado burgués y sus instituciones como el Parlamento  es garantizarle a la minoría de ricos y poderosos, la burguesía, el quedarse con las riquezas producidas por la mayoría de la sociedad.

Por eso, aunque los socialistas revolucionarios aprovechamos las elecciones, combatimos las ilusiones que los representantes del capital y sus aliados siembran en las masas respecto de lo que se puede conseguir con la democracia de los patrones. Frente a esta democracia y sus instituciones, garantes de la explotación de la clase obrera por el capitalismo; proponemos la nuestra, la de las organizaciones obreras, para construir una sociedad libre de explotación y opresión.

Esas instituciones fueron los sóviets, consejos obreros y populares formados por delegados elegidos por los trabajadores en las fábricas y barrios obreros, que podían ser revocados en cualquier momento que las asambleas considerasen que no cumplían con sus mandatos. Estos sóviets habían surgido para coordinar las acciones de lucha obrera y popular, y conforme fue creciendo la movilización, su autoridad fue aumentando hasta desafiar en toda regla el poder de la patronal y sus instituciones; ejerciendo de hecho el gobierno en diferentes zonas.

Para nosotros la actividad parlamentaria está supeditada y por debajo de  la acción extraparlamentaria del Partido. A diferencia de partidos como el FA que venden la ilusión en proyectos de ley o en acuerdos con partidos de la burguesía, cuyo centro es la vida dentro de la Asamblea, nosotros creemos que se puede presentar regularmente proyectos de ley concebidos para la propaganda, agitación y organización revolucionaria, y no para ser aprobados por la mayoría burguesa.”

Aun cuando quedemos en absoluta minoría el mensaje debe ser claro, los trabajadores nunca tenemos un proyecto político común con los partidos de las patronales. El parlamento es una verdadera “cueva de bandidos” y por eso nuestra tarea es la de convencer pacientemente y movilizar a la clase obrera y los sectores populares para derrocar todas las instituciones por medio de las cuales la burguesía imperialista ejerce su poder para reemplazarla por los organismos que representen el poder de los trabajadores.

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Solo la lucha cambia la vida

Por supuesto que valoramos la obtención de diputados, pero ese no puede ser el centro de la actividad de los revolucionarios en las campañas electorales. Vamos a elecciones a realizar propuestas que pueden espantar algunos votos,  como la necesidad de dejar de pagar la deuda y de romper todos los acuerdos con el imperialismo como los TLC, la nacionalización de la banca y el comercio exterior, la necesidad de reestatizar bajo control obrero todas las empresas multinacionales sin ninguna indemnización y que para ello hace falta un gobierno de los trabajadores y el pueblo que aplique un plan obrero alternativo.

De este modo, el principal objetivo de los revolucionarios al presentarse a elecciones es llevar el programa revolucionario a cientos, miles o incluso millones de trabajadores. Un programa que solo puede realizar por la vía de la organización y la movilización de la clase obrera, que jamás se va a garantizar con acuerdos en el parlamento.