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Para Javier, mi amigo y camarada. Junto a él he aprendido lo más importante, espero que el levantamiento nos encuentre en la misma tierra, como hace 20 años.

Hoy hace 20 años, el 4 de Marzo de 1999 se produjo la más amplia movilización de estudiantes de secundaria contra las pruebas de bachillerato. Cerca de 10 000 estudiantes ocuparon las calles de San José impugnando las reformas implementadas por el ministro socialcristiano Guillermo Vargas. Estábamos bajo la administración del expresidente y expresidiario Miguel Ángel Rodríguez, hoy rehabilitado bajo el gobierno del PAC.

Por Roberto Herrera Zúñiga.

La reforma de Guillermo Vargas buscaba endurecer las condiciones para aprobar bachillerato, aumentaba la nota de aprobación, desvalorizaba las materias especiales, adelantaba las pruebas, restauraba la nota de conducta.

Las pruebas de bachillerato fueron reinstauradas en 1986 bajo Francisco Antonio Pacheco, ministro de educación del presunto violador y presunto prevaricador Oscar Arias Sánchez. Este tipo de pruebas eran coherentes con toda la filosofía educativa neoliberal.

Acompañando el desfinanciamiento radical que sufrió la educación pública en los años ochenta, se instauró la idea de que el criterio para saber si los estudiantes habían realizado efectivamente su proceso de enseñanza-aprendizaje era realizar una prueba estándar memorística, de esas pruebas dependía el paso o no al siguiente nivel educativo.

En el año 1999 el paso por el colegio estaba minado de pruebas estándar: la de sexto grado, la de noveno, la de bachillerato y finalmente la admisión a la universidad.

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La lucha de febrero-marzo de 1999 ha sido poco estudiada y documentada. Probablemente porque fue opacada por una lucha mayor e íntimamente relacionada con ella: la lucha contra el “combo” del ICE. Pero una fue el preludio de la otra.

El ascenso estudiantil en secundaria venía desde 1997, con luchas de resistencia contra las pruebas y contra el desmantelamiento de los colegios nocturnos.

En 1999 el movimiento sindical y popular buscaba recuperarse del terrible golpe que había significado la derrota de la huelga docente de 1995. Empezaba un reagrupamiento básico en dos polos: el Comité Sociolaboral, que agrupaba al sindicalismo blanco y el Foro Social y Nacional de Lucha, pequeña expresión del sindicalismo clasista. Pero el ambiente básico era la confusión y la desazón, no eran buenos años para la lucha social y política.

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El 18 de Febrero de 1999 había convocada una rutinaria movilización a la Asamblea Legislativa en contra de la carestía de la vida, los primeros intentos de privatizar el ICE, la primera ley de empleo público y la directriz bancaria que restringía el crédito a la campesinos. En medio de esa movilización participaron 1 800 estudiantes de 12 colegios de la capital, en la mañana 1500 estudiantes habían desfilado por las calles de Heredia con las reivindicaciones de la recién fundada Federación de Estudiantes de Secundaria. Una movilización explosiva, decenas de historia de escapes en masa de los colegios, centenares saltando los portones y las vallas, la electricidad cortada en algunas calles por los estudiantes de colegios técnicos. No solo era una protesta, era claramente una explosión, el nacimiento de algo.

Tantos estudiantes de secundaria en las calles contrastaban con la avejentada burocracia sindical de la CCTD y la CMTC que no sabían muy bien qué hacer. No tuvieron más alternativa que darle voz y lugar al movimiento. Al final, el mayor componente de la marcha había sido los estudiantes de secundaria.

El movimiento crecía, el 25 de Febrero se reunieron en la Asamblea Legislativa representantes de 50 colegios, en contra de todo formalismo, la Federación de Estudiantes de Secundaria era un modelo de democracia de base, de democracia directa. Era bienvenido todo el que quisiera luchar, el representante lo elegían directamente los involucrados, no había que ser del gobierno estudiantil para participar. Una asamblea abarrotada votó un pliego de peticiones, un comité coordinador y una marcha nacional para el 4 de Marzo. La Marcha fue un éxito rotundo.

El tema de bachillerato se volvió durante ese mes un tema de debate nacional. El 4 de marzo se mostró que había un malestar notable. El movimiento pudo organizar una tercera marcha más pequeña el 19 de Marzo y finalmente se apagó…para resurgir luego en abril del año 2000, ya en la lucha contra el combo del ICE.

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El movimiento no logró sus objetivos, momentáneamente. Todo lo que tenía de espontáneo, vivo y juvenil lo tenía de inexperimentado, el movimiento no pudo vencer la contraofensiva de los directores y de los medios de prensa que atacaron al movimiento de: “vagancia” y “vandalismo”. Se nos acusaba de querer una “vida regalada”.

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Recientemente fue anunciado por Edgar Mora, la eliminación de los exámenes de bachillerato. Cayeron como fruta madura, nadie los extrañaba, nadie los defendió. Antes había desaparecido la prueba de noveno y de sexto grado. Sin decirlo, la élite gobernante aceptaba que las pruebas de bachillerato eran un fracaso y no servían para medir el proceso de enseñanza aprendizaje. Una victoria moral para la generación que lo dijo en las calles el 4 de Marzo de 1999.

Las pruebas FARO, no parecen ser mejores que el Bachillerato, dan la sensación de ser lo mismo con otro nombre y además ideológicamente más comprometidas con el neoliberalismo y el tecnocratismo.

Hoy está planteado nuevamente, como hace 20 años una nueva lucha contra estas pruebas estandarizantes y memorísticas. Esperamos que los estudiantes de secundaria y los sindicatos magisteriales se impliquen en esta justa lucha por una educación libre, gratuita, científica, pública y de calidad. Es decir, sin bachillerato y sin pruebas FARO.

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En ese movimiento participé activamente. El movimiento nació de una pequeña célula militante de dos personas en el Liceo Laboratorio. El prado estaba listo para la chispa.

Sin duda y de esto se ha escrito poco, de ese movimiento nació la reconstrucción de la izquierda radical y socialista en nuestro país. Dirigido por dos jóvenes trotskistas, el movimiento no pudo ser controlado, ni manipulado por la vieja burocracia sindical blanca, ni por el parlamentarismo dócil del hoy extinto Fuerza Democrática. El movimiento dio de sí todo lo que pudo en radicalidad, democracia y movilización.

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Al frente del movimiento se pusieron jóvenes con una cultura de izquierda heredada de sus padres y madres, aunque esos viejos partidos ya habían desaparecido. En el movimiento las inquietudes fueron creciendo: de la impugnación de las medidas de Guillermo Vargas, a la impugnación del EDU 2005 (el programa educativo de Eduardo Doryan), luego al FMI y finalmente a la impugnación del capitalismo y el imperialismo. Fue el semillero donde se reconstruyeron las corrientes más a la izquierda del espectro político.

En Febrero-Marzo de 1999 se forjaron las primeras armas de una generación de lucha, que luego extendió sus manifestaciones a la lucha contra el combo del ICE, contra la municipalización de la educación, contra la guerra en Irak, contra el TLC.

De esas luchas salieron quienes se empecinaron en reconstruir una alternativa socialista y revolucionaria en Costa Rica. Hoy el Partido de los Trabajadores existe y es una realidad actuante de la política nacional, pero sus remotos orígenes están en esta lucha que se emprendió hace 20 años.