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El pasado 19 de julio se conmemoraron 40 años de la revolución sandinista. Un movimiento de masas insurreccional, que terminó liderado por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), derrocó una de las dictaduras más sanguinarias y largas del continente, la de Anastasio Somoza. En ese proceso participó la Fracción Bolchevique de la Cuarta Internacional, impulsando a un grupo voluntario de combatientes, la Brigada Simón Bolívar (BSB). Nuestro partido fue el promotor de dicha iniciativa.

Por: Armando Barrera.

Ascenso de la lucha en Centroamérica

La revolución nicaragüense fue parte inicial de un ascenso de luchas en un subcontinente poblado de dictaduras que fueron cayendo una tras otra, arrastradas por revoluciones democráticas. El imperialismo yanqui se encontraba paralizado por su reciente derrota en Vietnam. En ese marco nuestra corriente caracterizó correctamente la inexorable caída de Somoza y el rol progresivo que jugaba la guerrilla sandinista, a pesar de su limitado programa democrático. El triunfo de esa revolución se extendería al resto del istmo centroamericano, a las puertas de la frontera sur de EE.UU., como se pudo comprobar luego en El Salvador con el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FFMLN) o en Guatemala con la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), entre otros países donde se emuló a la guerrilla sandinista.

En medio de esas condiciones políticas llamamos al apoyo militar a la insurgencia y a la conformación de la Brigada. Centenares de voluntarios acudieron al llamado, que obtuvo el apoyo de personalidades democráticas indignadas por el genocidio que perpetraba Somoza contra su propia población. A pesar de que Colombia estaba gobernada por Julio César Turbay a través del represivo Estatuto de Seguridad, su gobierno se vio obligado a permitir la actuación pública de nuestro partido promoviendo la Brigada y el envío de combatientes a suelo nicaragüense.

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El papel contrarrevolucionario del Partido Comunista Colombiano (PCC)

Paradójicamente, mientras el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), promovía la Brigada, el PCC se dedicaba a combatirla, señalando a nuestro partido como “agente de la CIA” y a nuestros camaradas argentinos -que se habían asilado en Colombia perseguidos por la dictadura de Videla- como estafadores que se estaban lucrando con la campaña internacionalista. Para verificar esto basta ir al archivo de “VOZ PROLETARIA” y releer la información que publicaban en sus páginas. Lo lamentable de la actuación del estalinismo criollo es que mientras saboteaban el respaldo militar al FSLN se ufanaban de impulsar “todas las formas de lucha”.

Pero esta campaña sucia no hizo mella en los voluntarios ni en los amplios sectores obreros, populares y democráticos que financiaron la Brigada. Varias decenas de voluntarios, reclutados en varios países latinoamericanos, lograron llegar a suelo costarricense, donde fueron entrenados para luego ingresar a Nicaragua. Es así como se participó con una columna de combatientes en el Frente Sur y luego se encabezó la toma del puerto de Bluefields en la costa caribe. Varios brigadistas perdieron la vida en los enfrentamientos militares con la guardia somocista. Hoy debemos recordarlos como héroes de la lucha por la revolución latinoamericana.

Una orientación obrera para la Brigada Simón Bolívar

Pero la BSB no era simplemente un grupo de guerrilleros. Fueron a Nicaragua alentados por la firme convicción de profundizar la revolución en una perspectiva socialista, pues ese no era el proyecto estratégico del sandinismo. La cúpula del FSLN se articuló de inmediato con el gobierno cubano encabezado por Fidel Castro. Este recomendó, en un discurso histórico, que “no hicieran de Nicaragua una nueva Cuba”, o sea, que no expropiaran a los capitalistas, sino que gobernaran con ellos y desarrollaran lo que luego llamaron “economía mixta”, o sea capitalismo “democrático”.

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La BSB consideraba en cambio que era necesario organizar a la clase obrera en organizaciones autónomas y democráticas y tomar el control obrero, campesino y popular de la economía, al tiempo que se impulsaba la extensión de la revolución en toda Centroamérica. Para concretar esto empezó a organizar sindicatos, llegando a fundar más de noventa, que agruparon a unos veinte mil trabajadores en pocos meses. Este proceso lo consideró la cúpula sandinista una actividad peligrosa para sus planes. Convocó a los miembros de la BSB a una reunión en Managua y, en complicidad con el gobierno de Omar Torrijos de Panamá, detuvo a los brigadistas extranjeros, los deportó y, luego de torturarlos, fueron entregados a la Interpol. Miles de trabajadores se manifestaron en las calles de Managua pidiendo la nacionalidad nicaragüense para los miembros de la BSB, pero no fueron escuchados. Se cerró así un capítulo que puso en evidencia la dinámica regresiva del sandinismo.

Cuarenta años después, la lucha continúa

Después de cuatro décadas podemos afirmar que la historia le dio la razón a los miembros de la Brigada y a nuestra corriente trotskista internacional. El sandinismo involucionó de un movimiento pequeñoburgués de democracia radical -que justamente se alzó en armas contra una dictadura sanguinaria- a un partido burgués encabezado por uno de sus antiguos comandantes, Daniel Ortega, hoy uno de los principales burgueses de Nicaragua. El país sigue siendo uno de los más pobres del continente, lo que ha llevado a la población a levantarse contra esta nueva dictadura, que ha enfrentado de manera genocida los reclamos del pueblo trabajador. Y el estalinismo criollo sigue cumpliendo el mismo papel contrarrevolucionario de 1979, dando respaldo abierto a Ortega y a su régimen represivo, a los que considera parte de los llamados “gobiernos progresistas” de América Latina, mientras hunden a sus países en la crisis económica capitalista y en sus propios escándalos de corrupción.

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Sigue vigente, entonces, la tarea que nos propusimos hace cuarenta años, la construcción de partidos obreros para la revolución, pues como dijo en uno de sus momentos más lúcidos el propio Che Guevara: “Revolución Socialista o caricatura de revolución”.