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Desde el Paro Cívico de 1977 la clase trabajadora colombiana no hace un paro de alcance nacional. Y no ha sido por falta de razones, pues nuestro país es uno de los más desiguales del mundo: tiene uno de los salarios mínimos más bajos de Suramérica, que ni siquiera todos los trabajadores alcanzan a ganar; el desempleo estructural está por encima del 10% y la informalidad por encima del 55%; menos del 20 % de los adultos en edad de pensión disfrutan de una mesada; menos de cuatro de cada cien trabajadores están organizados sindicalmente, lo que los mantiene en una situación de sumisión casi absoluta a la dictadura de clase de la patronal.

Por: Comité Ejecutivo PST.

Y como si no fuera suficiente esta calamitosa situación laboral, el régimen político es altamente represivo y, aunque mantiene las formas de la democracia burguesa, provoca – de manera oficial y extra-oficial – centenares de asesinatos de activistas y dirigentes sociales y populares cada año, el 95 por ciento de los cuales se mantiene en la más absoluta impunidad.

La situación de pobreza golpea indistintamente a los obreros, los campesinos, los indígenas y las minorías étnicas. La pobreza económica se traduce en pobreza multidimensional para millones de explotados que carecen de servicios de salud, educación, vivienda y servicios públicos adecuados.

En el otro extremo, un puñado de millonarios multiplica año por año sus enormes utilidades, mientras lloriquea por los altos costos laborales y soborna a funcionarios y parlamentarios que redactan y aprueban leyes que acentúan la sobreexplotación y les rebajan los impuestos a las utilidades, haciendo recaer el peso de la financiación del aparato estatal en los más pobres.

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La situación social, económica y política de los explotados es mucho más grave que la de sus hermanos ecuatorianos o chilenos, aunque tiene las mismas raíces: capitalismo salvaje impuesto por la avaricia de los capitalistas y los terratenientes nacionales y los organismos financieros imperialistas, y aparatos represivos que se han sofisticado para contener violentamente la legítima protesta social.

Sin embargo, mientras en Ecuador, Chile, Bolivia, Puerto Rico, Haití y Panamá los trabajadores se levantan en demanda de mejores condiciones laborales y sociales y libertades políticas, en Colombia los trabajadores se ven obligados a aceptar la sobreexplotación y las nuevas medidas que la acentúan.

Y la razón no es la falta de decisión de lucha de los explotados. Los pobres del país han dado muestras de una enorme capacidad de lucha y sacrificio, que han pagado con centenares de miles de muertos entre sus mejores hijos.

La razón del aplazamiento de luchas nacionales para resistir los planes económicos antiobreros y antipopulares es la indecisión de los dirigentes de las centrales sindicales y las organizaciones sociales y políticas del reformismo.

Esta dirigencia ha privilegiado el perverso camino de la concertación de clases con la patronal y el gobierno, y han levantado sistemáticamente los paros convocados por ellos mismos días antes de las supuestas fechas de realización. Esta permanente vacilación ha producido desmoralización y desconfianza en las bases obreras y populares, lo que hace aún más difícil la concreción de un paro de carácter nacional.

Pero no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. La asfixiante situación económica y social, la multiplicación de los asesinatos de los luchadores y el ejemplo de los trabajadores latinoamericanos en lucha están poniendo en pie de lucha a los trabajadores colombianos.

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Las luchas han empezado por los estudiantes, los indígenas y los campesinos que reclaman la devolución de las tierras que les fueron arrebatadas por la violencia terrateniente y oficial. El aumento de la miseria y las luchas sociales han obligado a las direcciones de las centrales obreras a convocar al paro nacional del 21 de noviembre.

Es un primer paso. Ahora nos corresponde, a todos los trabajadores y explotados, que hagamos todo cuanto sea posible para organizarlo de la mejor manera y extenderlo a todos los rincones y sectores sociales del país.

No podemos dejarnos intimidar por el terrorismo verbal de los funcionarios del gobierno, los políticos de los partidos tradicionales o los columnistas de la gran prensa.

Tenemos que salir masivamente a las calles de todas las ciudades el 21 de noviembre, y mantenernos en ellas durante todo el día expresando nuestro rechazo al paquetazo que planea el gobierno de Duque, discutiendo sobre la forma de organizar la continuidad de la lucha, repudiando los asesinatos de nuestros luchadores y diseñando mecanismos que garanticen el castigo de los asesinos y, no menos importante, exigiendo a los dirigentes de las centrales que se retiren de las mesas de concertación con una burguesía mezquina y asesina y un gobierno que solo ejerce en defensa de las ganancias de los más ricos. Así podremos darle continuidad a la lucha y hacer del 21 de noviembre un verdadero paso en la tarea de derrotar la ofensiva oligárquica contra los más pobres de nuestro país.

¡¡¡ Viva el Paro Nacional del 21 de noviembre !!!
¡¡¡ Que las centrales sindicales se retiren de las mesas de concertación !!!
¡¡¡ Abajo el paquetazo del gobierno de Iván Duque !!!
¡¡¡ Contra la reforma laboral y pensional !!!
¡¡¡ Contra los asesinatos de los luchadores y los ex combatientes de las FARC !!!