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Ante el levantamiento de las medidas de aislamiento social por parte del gobierno de Duque y las alcaldías – en el momento en el que se superan las 120 mil personas contagiadas y 4 mil fallecidas – la clase trabajadora y los sectores populares comienzan a salir a las calles a protestar contra las reformas decretadas en el Estado de Emergencia y por una cuarentena con garantías.

Por Alonso C. H.

El pasado 30 de junio, la Unión Sindical Obrera, USO, el Sindicato Nacional de Trabajadores del Transporte, SNTT, el Comité Distrital de Paro y el Bloque por un Paro Indefinido, entre otras organizaciones sindicales y políticas, convocaron una jornada de protesta que llevó a cientos de personas a las calles.

Salir o no salir a las calles ha sido una discusión al interior de las organizaciones de la clase trabajadora, de los sectores populares y de los partidos revolucionarios y reformistas. En los primeros días de pandemia, fue suspendida la jornada del 25 de marzo, que había sido convocada como continuidad de las movilizaciones del Paro Nacional de finales de 2019.

Entre la burocracia y el negacionismo

Para la burocracia sindical que dirige el Comité Nacional de Paro, CNP, que desde principios de año mostraba su interés por desmontar las movilizaciones y negociar con el Gobierno de Duque, la pandemia sirvió para suspender cualquier actividad de protesta. El MOIR, que orienta la dirección del CNP, además está comprometido con las alcaldías “alternativas” de las principales ciudades y esperaba que las nuevas administraciones no tuvieran que lidiar con la gente en las calles.

Al otro extremo, grupos negacionistas de la pandemia, ultra-vanguardistas convencidos de que es producto de alguna conspiración global, llamaban a las calles a hacer jornadas aisladas y desconocer la cuarentena, que al final servían a estos gobiernos alternativos para mostrarse como “razonables” y para estigmatizar a la izquierda.

En medio de estos dos extremos, se encontraban los partidos reformistas que sin romper con la posición del MOIR en el CNP, apoyaban algunas movilizaciones de grupos de jóvenes, pero sin respaldarlas ni convocarlas de manera abierta.

Desde el inicio del Estado de Emergencia se dieron movilizaciones y jornadas de protesta. Las primeras medidas de cuarentena, a pesar de que fue parcial, sirvieron para contener la pandemia, pero el confinamiento no tuvo garantías y en los barrios más pobres la gente salió desesperada a las calles.

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De igual manera, el personal médico y trabajadores de la salud, que soportan el peso de la crisis del coronavirus, han realizado jornadas de protesta que al principio lograron visibilizar los problemas y explicar la dimensión de la crisis sanitaria, denunciaron la Ley 100 y los precarios ingresos y formas de contratación que tienes los servidores de la salud.

El gobierno respondió con una campaña de desprestigio diciendo que existía un Cartel del Covid, como forma de atacar la lucha contra la Ley 100 y ocultar que el verdadero cartel son las EPS y ARL, cuyo resultado es la negación de buena parte de la población de la existencia de la pandemia, para justificar la apertura de sectores económicos.

Las protestas en Estados Unidos

Uno de los argumentos de quienes – intentando mostrar una posición radical – convocan protestas aisladas de las bases y muchas veces anónimas fueron las protestas en Estados Unidos, pero son dos procesos distintos.

Las protestas que se originaron en Estados Unidos tuvieron un carácter masivo, sacaron a millones de personas a las calles contra el racismo y la brutalidad policial, expresaban también la crisis económica y social que atraviesa la clase trabajadora y los pobres en este país.

Estas protestas han cambiado el escenario político en Estados Unidos y han dejado al gobierno de Trump en crisis, también han rebasado al Partido Demócrata, que días antes había declinado a Bernie Sanders, el candidato que fungía como ala reformista de este partido burgués.

El detonante de las protestas no fue una acción de un grupo vanguardista, sino un hecho de la realidad que desencadenó en una acción de masas. El límite de esta protesta es la ausencia de una organización revolucionaria con capacidad de materializar las reivindicaciones.

Salir o no salir ¿esa es la cuestión?

No ha sido fácil resolver la discusión de salir o no salir a las calles, entre una burocracia que está por aconsejar y negociar con los gobiernos para “salvar la economía” sin moverse de la casa,  y los sectores que niegan la pandemia y llaman a salir a las calles y desconocer la cuarentena, desde el Partido Socialista de los Trabajadores, hemos optado por apoyar a los sectores organizados que han decidido protestar contra las medidas de Duque, pero sobre todo continuamos exigiendo una cuarentena real y con garantías.

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Por ello, hemos apoyado la lucha de los trabajadores de la salud e impulsamos la jornada del 30 de junio, porque la ecuación política es muy compleja: debemos movilizarnos, protestar contra los decretos de emergencia, pero nuestra consigna principal debe ser la exigencia del confinamiento con garantías. Protestar, pero no para negar la pandemia sino para exigir a los gobiernos que dejen de enviarnos a todos al matadero, y contra los decretos que favorecen solo a los ricos.

Así lo entendieron desde el principio los trabajadores de la salud, así lo han entendido los trabajadores petroleros y del transporte que han visto cómo han sido afectados por la pandemia, tanto por contagios como por los decretos de Duque.

A las calles a exigir cuarentena, renta básica y no pago de la deuda externa

Hoy, con 120 mil contagios, con más de 4 mil fallecidos, es urgente la exigencia de la cuarentena con garantías, de la renta básica y del no pago de la deuda externa para financiar el confinamiento.

Salir o no salir a las calles no puede ser un dilema, no podemos aceptar los discursos negacionistas, pero tampoco la posición de la burocracia de no hacer nada y presentar un Pliego a destiempo e inconsulto, que no contempla las necesidades urgentes de la población en medio de la pandemia.

Los socialistas, seguiremos acompañando las luchas de la clase trabajadora y los sectores populares, tomando todas las medidas de bioseguridad, pero exigiendo la cuarentena real y con garantías, la renta básica y que el confinamiento sea financiado con los recursos destinados al pago de la Deuda Externa.

Es urgente que además de las acciones que ya se han hecho, hagamos una gran jornada nacional de protesta, una jornada unitaria contra las medidas criminales de Duque. El gobierno nos lleva a la catástrofe, y nos dice hipócritamente “quédate en casa” mientras miles no tienen casa, y mientras autoriza la apertura de toda la economía, sin importarle la vida de los trabajadores y sus familias, entretanto ellos y su familia guardan estricta cuarentena. Nos dicen que es peligroso salir a protestar, pero promueven el día sin IVA conocido como Covid Friday, nos dicen que no hagamos protestas de más de 50 personas, pero cientos se hacinan en el transporte públicos y en las fábricas.

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Luchar no es contrario a la cuarentena, porque ya no existe una cuarentena, Duque la levantó. Quedarse en casa y no movilizarse, pero sí ir al trabajo, solo sirve para ayudar al gobierno. No bastan las protestas virtuales, hace falta una acción contundente, o se organiza una movilización masiva nacional con un estricto protocolo de bioseguridad, o se organiza una huelga de brazos caídos, o una combinación de las dos, o el gobierno nos impondrá sus planes sin pestañear.

Estamos en una encrucijada, los dirigentes del Comité Nacional de Paro, reducido a la CUT, CTC y CGT, han renunciado a cualquiera de estas opciones, está en nuestras manos organizarnos urgentemente para esta tarea que es de vida o muerte. Es urgente recuperar las centrales para los trabajadores, porque es necesaria la organización centralizada de la huelga por la vida y de las movilizaciones que se requieran.

Se trata de organizar la huelga como acción consciente y colectiva de los trabajadores, no de llamar la “desobediencia civil” como salida individual, ni de quedarse en casa y no hacer nada mientras el gobierno avanza en sus planes. Hay que luchar para derrotar la política del gobierno criminal.