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En los últimos días, parece que la exacerbada confianza en la ciencia y la tecnología como forma de controlar la naturaleza, especialmente el siglo XX, se ha puesto a prueba con del desconcertante aumento de contagios de COVID 19, la imposibilidad de contenerlo y una cada vez más aterradora cifra de muertes causadas por el virus.

Por Víctor Hugo Cardona

La capacidad de hacer proyecciones y de controlar racionalmente los hechos futuros a partir de planeaciones del presente, no parece ser la mejor opción por estos días. Cualquier esfuerzo por visualizar a futuro alguna actividad humana tiene que ser consciente de la irremediable condición especulativa que deviene de la incertidumbre constituida por un virus que ha sido capaz de contagiar a la humanidad de todos los rincones del planeta y sobre el cual todavía no hay cura ni vacuna conocida.

Los sistemas educativos, particularmente no han sido la excepción a dicha lógica, proyectar con confianza su funcionamiento a futuro ha sido tarea difícil. Por tal motivo, en este artículo propongo caracterizar algunos problemas que se han agudizado gracias a la pandemia para posicionar líneas de análisis dentro de la opinión de los interesados.

Decisiones con cabeza fría

A través de la historia, ante cualquier pandemia, la primera reacción humana siempre ha sido el pánico, una especie de estado de shock que impide analizar con cabeza fría cuales son las posibles salidas. Lo cual genera que las decisiones que se toman se muestren erráticas, incoherentes o irracionales (Ledermann, 2003).

A pesar de ello, con el tiempo hay un proceso de adaptación a las condiciones propias de las epidemias que dan paso a una curva de aprendizaje, abriéndole puerta a nuevas ideas para la comprensión y el tratamiento de las enfermedades causadas por ella.

Ésta, en particular, ha sido la pandemia en la que han existido más desarrollos técnico científicos para atender la emergencia. Estamos en la época en la cual la representación de modelos matemáticos y simulaciones computacionales han permitido estimar el avance de los brotes para su contención; sin embargo y a pesar de ello, también ha sido la pandemia más globalizada de la historia; sus contagios se han dispersado por todo el planeta, algo que no había sucedido antes generando un colapso sanitario a escala global (Maldonado, 2020)

Visto de ésta manera, existe una serie de características particulares de ésta pandemia que hacen necesaria su identificación para determinar cualquier acción.  En el campo de la educación, las decisiones que se han tomado por parte de los gobiernos no dan cuenta de ello, por el contrario, se han hecho evidente que han sido reactivas y sin pensar en sus efectos.

Un buen ejemplo de ello, es que después de la identificación del virus y de conocer su naturaleza contagiosa, los gobiernos del mundo tomaron la decisión de cerrar las puertas de las escuelas, una medida que parece la más lógica para frenar el índice de contagios. Sin embargo, poco tiempo después, muchos países tomaron la decisión de reabrirlas en medio de la pandemia sin haber encontrado un tratamiento efectivo o una vacuna. Su consecuencia, fue un rápido aumento en los contagios, motivo que los llevó nuevamente a cerrarlas.

El modelo de alternancia, propuesto por la mayoría de países del mundo y en particular de los de América Latina, llama poderosamente la atención a propósito del problema expuesto.  A groso modo, consiste en combinar el trabajo académico en casa con encuentros periódicos presenciales (MEN, 2020) y a pesar de que es un modelo flexible, necesita para su implementación una serie de medidas, protocolos, presupuestos y nuevas prácticas para los cuales no están preparados los sistemas educativos.

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La cabeza fría necesaria para tomar este tipo de decisiones, por lo pronto, no se ha visto en el campo de la educación. Esperemos, que el tiempo sirva para que la curva de aprendizaje se active y permita una caracterización más amplia de la naturaleza de la pandemia, para que no seamos víctimas de las decisiones motivadas por el miedo. Mientras tanto, la incertidumbre va a ser la gobernante de nuestros pensamientos.

¿Cuáles son las prioridades de la educación a distancia?

Una consecuencia del cierre de las escuelas, ha sido la transformación obligada de los sistemas educativos para operar de manera no presencial. Es claro, que ninguno de los actores de las comunidades educativas estaba preparado para ello. Maestros, estudiantes, padres de familia, directivos, han tenido que adaptarse a las nuevas condiciones de educabilidad que ha impuesto el confinamiento.

A pesar de dichos esfuerzos, todavía no es clara la respuesta que le podemos dar en las escuelas a dicho reto, pues existen múltiples variables que han sido desatendidas. Para comenzar, hoy existe un gran número de estudiantes por fuera del sistema educativo a razón de no contar con recursos para la conectividad de internet, ante la imposibilidad de asistir presencialmente a clase, la web se ha convertido en una necesidad fundamental asociada a la garantía del derecho a la educación de la que sólo puede gozar un número restringido de familias.

La respuesta del gobierno ha desatendido ésta realidad, pues mientras los docentes y directivos de los lugares más recónditos del país hacen lo posible para mantener vivo el vínculo educativo de un gran número de estudiantes, la respuesta del estado, en cabeza del ministerio ha sido la producción de herramientas multimedia y de contenidos digitales, que, según ellos, permiten a la escuela adaptarse a las nuevas condiciones educativas.

Esto, ha generado una evidente desconexión entre las necesidades educativas reales y las políticas impuestas por el gobierno, que, sin embargo, han servido para posicionar un discurso que centraliza la responsabilidad de la crisis en los docentes que según ellos “no están preparados para los desafíos de la virtualidad”. Basta con repasar los convenios que se están estableciendo en las secretarías de educación certificadas para dar cuenta de ello, muchas capacitaciones docentes y poca inversión en conectividad para las familias que no se pueden costear un plan de datos.

Por otro lado, se hace necesario que las comunidades educativas de las escuelas, además de exigir conectividad a internet gratuito como servicio asociado a la garantía del derecho a la educación, sean conscientes del hecho de que estamos en una realidad de excepción y que ello implica despojarnos de muchas de las estructuras constituidas del sistema educativo tradicional.

Ya hemos hablado de la nueva condición de no presencialidad, ahora es momento de mencionar la importancia de repensar los currículos en función de priorizar los aprendizajes y adaptar las didácticas acordes con las nuevas necesidades que está dejando la pandemia. No es posible atender una emergencia con las mismas estructuras de la normalidad y de eso debemos tener claridad todos los que agenciamos procesos educativos formales.

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Así mismo, es necesario que los maestros nos concienciemos que por sí sola, la conectividad a internet no es suficiente. Es necesario que los profes nos conectemos con los estudiantes, que nos esforcemos para que exista una verdadera mediación en el proceso de aprendizaje y eso exige conocer de manera particular, a cada estudiante, sus necesidades, sus preocupaciones. Necesitamos comunicarnos con las familias y procurar no desatenderlas en esta realidad de necesidades e incertidumbre.

El contagio de la educación pública

Una de las mayores preocupaciones que hoy vive la sociedad es, de qué manera los derechos pueden sobrevivir ante una avanzada capitalista que se ha caracterizado por recortar cada vez más derechos por vía de la privatización y la tercerización.

La crisis que vivimos, ha impuesto una tendencia generalizada en los gobiernos del mundo de utilizar el estado de excepción como respuesta para “atender la emergencia”; sin embargo, la consecuencia inmediata que se ha notado en la mayoría de países es que se ha concentrado más el poder y que se han recortado los derechos de los ciudadanos (Agamben, 2020)

Esa cara de los gobiernos, que, en lugar de implementar políticas efectivas para disminuir los contagios o para fortalecer los sistemas de salud pública, propenden más bien, por restringir libertades y reprimir violentamente las movilizaciones de los ciudadanos inconformes, la cual se ha vuelto más común en los últimos días.

El derecho fundamental a la educación, desatendido por los gobiernos por desinterés o por impotencia, también ha sido objeto de debate por los impactos que puede dejar en ella la crisis generada por la pandemia del coronavirus. Hoy, más que nunca, se mantiene vivo el anhelo neoliberal de privatizarla, aprovechando las condiciones dispuestas por la crisis sanitaria.

A través de la historia, los grandes emporios capitalistas se han aprovechado de las crisis generadas por catástrofes naturales para expandir sus negocios. Para argumentar esta idea es necesario recordar los acontecimientos sucedidos por el año 2005 en Estados Unidos, particularmente en la ciudad de New Orleans, la cual sufrió las consecuencias de uno de los huracanes más devastadores de la historia conocido como el Katrina.

Esta catástrofe natural cobró la vida de aproximadamente 1800 personas y devastó casi por completo a dicha ciudad que se caracteriza por un centro de cultura negra. Pasado el tiempo, tres meses después, el teórico más reconocido de la doctrina neolibreral, Milton Friedman, que además fue premio nobel de economía, afirmó en el Wall Street Journal que “La mayor parte de las escuelas en Nueva Orleans están en ruinas. Esto es una tragedia. También una oportunidad para emprender una reforma radical del sistema educativo”. Dicha reforma consistiría en privatizar las escuelas de la ciudad que, por largo tiempo, gracias a la lucha de los sindicatos, se habían resistido a permitirlo.

Así mismo, es necesario recordar que los esfuerzos por privatizar la educación no son algo nuevo, en Colombia la pandemia llegó en medio de una avanzada de las corporaciones por convertir a la institucionalidad educativa pública en lucrativos negocios privados a partir de estrategias como la concesión o la plantelización.

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¿Qué podemos hacer los maestros? Así como no son nuevas las avanzadas de las corporaciones capitalistas para privatizar las instituciones públicas, bajo el modelo neoliberal; tampoco son nuevas las resistencias de las clases populares para impedirlo. En América Latina, las reformas impulsadas por los organismos multilaterales en el consenso de Washington fueron contundentemente repelidas por los pueblos mediante revueltas, insurrecciones, huelgas o rebeliones (Zibechi, 2010).

De ésta forma, es necesario que los profes del mundo comprendamos que cualquier momento de crisis es susceptible para ser utilizado por las corporaciones privadas y así sacar beneficio en perjuicio de los derechos de la clase obrera y popular y que ante ésta realidad el magisterio colombiano no está blindado. En particular, lo que está en juego es la privatización del sistema educativo.

No es momento de renunciar a la movilización social, los profes no podemos irnos de vacaciones en medio de un paro, es necesario reactivar los canales de protesta para resistir los embates de las corporaciones capitalistas en estos momentos de crisis. Hoy las clases populares ya están en las calles protestando, algunos por hambre, otros por reivindicar conquistas sociales y derechos, otros por denunciar malos gobiernos o por exigir condiciones de igualdad, por eso los profes no podemos darle la espalda.

Ojalá que el coronavirus no haya contagiado el espíritu rebelde de la clase obrera y popular.

Referencias

Agamben, G. (2020). La invención de una pandemia. En ASPO, Sopa de wuha (págs. 17-20).

Ledermann, W. (2003). El hombre y sus epidemias a través de la historia. Revista Chilena de infectología, 13-17.

Maldonado, C. (2020). Qué significa la crisis de coronavirus. Le monde diplomatique, 198.

MEN. (29 de Mayo de 2020). Directiva ministerial 11. Colombia: Ministerio de Educación Nacional.

UNESCO. (15 de abril de 2020). unesco.org. Obtenido de https://es.unesco.org/covid19/globaleducationcoalition

Zibechi, R. (2010). Dispersar el poder. Los movimientos sociales como contrapoderes antiestatales. Bogotá D.C.: Ediciones desde abajo.