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No podemos cumplir 40 años sin recordar parte de nuestra historia, una historia que estamos en mora de escribir para que las nuevas generaciones la conozcan, para que sepan que nos sentimos profundamente orgullosos de ella porque no es simplemente historia, es explicación de lo que somos y lo que queremos ser: Un partido internacionalista, obrero, revolucionario y socialista.

Palabras de Rosa Cecilia Lemus en el acto de conmemoración

El partido Socialista de los Trabajadores se fundó el 23 de septiembre de 1977, a 9 días de la realización del paro cívico nacional del 14 de septiembre y el único que hasta ahora merece este nombre. Recuerdo que en nuestro periódico lo calificamos como el primer ensayo de huelga general. Aquel día el aún Bloque Socialista, organizó su participación en distintos puntos de Bogotá y del país. La zona industrial -Puente Aranda- que en aquella época era un hervidero de fábricas, se convirtió desde muy tempranas horas en un río de obreros y obreras dispuestos a no dejar pasar un solo bus, un solo carro, y a garantizar el paro total de las fábricas.

Y así fue, y ahí estábamos muchos de nosotros: jóvenes estudiantes, recibiendo nuestro bautizo en la lucha directa, en la lucha de clases y el enfrentamiento a las fuerzas represivas, que muy poco pudieron hacer.

El PST nace el 23 de septiembre en el Teatro Lux de Bogotá, con lleno total, como un partido para la acción, para la lucha con la clase obrera, y haciendo parte de ella un partido que se comprometía a estar en cada una de las luchas de la clase obrera, de la clase trabajadora, en cada una de sus huelgas, de sus batallas ofensivas o defensivas, en cualquier circunstancia. Las consignas que orientaron nuestra construcción fueron, sindicalizar, y bolchevizar. Con esto queríamos expresar que nuestra actividad cotidiana era la de acompañar y ayudar a los trabajadores, a la clase obrera, en su organización gremial y política en su lucha contra el patrón, contra la explotación y contra el capitalismo. Que para ello se necesita un partido disciplinado, un partido para la acción, un partido para intervenir en las luchas, ganarse la confianza de la clase obrera y hacerse parte y sustancia de ella. Queríamos decir que en nuestro partido el lema es: tarea votada, tarea cumplida.

El PST nace como un partido internacionalista. Un par de años atrás el Bloque Socialista, una corriente estudiantil de vanguardia, que se había forjado en luchas y rupturas con el estalinismo, con el maoísmo y corrientes guerrilleras, y que fue expresión del gran ascenso estudiantil y obrero de finales de los 60 y de los 70, que acompañaba y hacía parte del ascenso mundial que tuvo como grandes expresiones el mayo del 68 en Francia y Europa, la revolución portuguesa, la lucha de las mujeres, los levantamientos contra la guerra imperialista en Vietnam, entre otras, ese Bloque socialista entró en contacto con la Fracción Bolchevique, de la IV Internacional Trotskista, dirigida por el revolucionario argentino Nahuel Moreno, quien rápidamente se convertiría en nuestro maestro.

Al interior de la IV Internacional se daba una batalla política muy fuerte que se había originado en la caracterización de los Estados surgidos en el Este europeo, en la inmediata posguerra -como el Yugoeslavo- o los que surgieron con el paso del ejército rojo de la URSS en medio de la expulsión de los ejércitos nazis. Pablo, dirigente griego, Hansen de EEUU, y Moreno sostenían que habían surgido nuevos estados obreros burocratizados. Mandel, de Bélgica, y Cannon de EEUU sostenían que eran Estados capitalistas.

Después de una discusión, todos llegan a la conclusión de que han surgido nuevos Estados obreros dirigidos por burocracias. Sin embargo, a pesar de compartir la caracterización de dichos Estados, las diferencias al interior de la IV se agudizan. Pablo y Mandel, sostenían que era inevitable un choque armado entre la URSS y EEUU. Impresionados por los comentarios de la prensa burguesa llegaron a la conclusión de que la III guerra mundial era inevitable y que los partidos comunistas en su afán de defender a la URSS iban a enfrentar al imperialismo con métodos violentos, llevando a la toma del poder en varios países del mundo. Lo mismo harían movimientos nacionalistas burgueses en países atrasados.

De aquí sacaron la conclusión de que los partidos de la IV tenían que entrar a los partidos comunistas, o a los movimientos nacionalistas burgueses, y acompañarlos hasta la toma del poder sin hacer una sola crítica. Esta orientación era de hecho una capitulación total al estalinismo, significaba renunciar a construir partidos revolucionarios, significaba renunciar a defender nuestro programa. Esto condujo a que en Bolivia en la revolución de 1952 -una revolución muy parecida a la rusa del 17- el trotskismo, que tenía influencia muy fuerte en la clase obrera minera, terminara apoyando al movimiento nacionalista burgués de Paz Estenssoro, traicionando la revolución. De ahí en más, la mayoría de la dirección de la IV le capitulaba a cuanto aparato aparecía dirigiendo cualquier lucha importante: le capitularon al gobierno de Mitterrand en Francia, a la burocracia soviética en Checoslovaquia, a Castro y al Frente Sandinista en Nicaragua.

El PST nace haciendo parte fundamental de la lucha de la corriente Morenista al interior de la IV internacional por rescatar el legado de León Trotsky, cada vez más abandonado por la mayoría del SU, Secretariado Unificado, dirección mayoritaria de la Internacional.

Pero el internacionalismo no se reduce al terreno organizativo, como sección de una Internacional, sino que se expresa en el apoyo activo a las luchas de los trabajadores en el mundo, al esfuerzo militante para que esas luchas y revoluciones triunfen. En 1979, cuando estalla la revolución contra la dictadura de Somoza en Nicaragua, nuestro recién fundado PST colombiano, bajo la dirección de nuestra corriente internacional, declara su apoyo a la revolución y para ello convoca a la conformación de la brigada internacional de combatientes, la Brigada Simón Bolívar. Se forma con militantes de nuestra corriente y con revolucionarios independientes de Colombia, Panamá, Costa Rica, EEUU y Argentina. La brigada entra al ejército sandinista aceptando su dirección militar pero manteniendo su total independencia política, y juega un papel muy importante en la liberación del frente sur del país.

Los combatientes de la brigada ganan la simpatía y la confianza de los trabajadores y de la población nicaragüense, porque dejó muertos y heridos que sacrificaron su vida por la revolución. La dinámica de la revolución no se frena con la caída de Somoza, por el contrario, los trabajadores organizan sindicatos y comienzan a expropiar a los burgueses, los campesinos hacen otro tanto expropiando tierras; nuestro programa y nuestra política empalma con la dinámica desde abajo pero choca profundamente con los intereses y la política de la dirección sandinista, que propone un Gobierno de Reconstrucción Nacional encabezado por un ala de la burguesía opositora; no quieren una revolución socialista.

Esta fue la política del estalinismo, que se resumió en una célebre frase de Fidel Castro: “Nicaragua no debe ser otra CUBA”.

La Brigada Simón Bolívar es entonces expulsada con el apoyo de la Guardia Nacional de Panamá y con el visto bueno del Secretariado Unificado de la IV Internacional. El Secretariado Unificado se negó a defender a los militantes revolucionarios y con ello rompía en los hechos con la moral revolucionaria. Había votado una resolución interna en donde prohibía a la militancia construir partidos por fuera del sandinismo. Su capitulación a estas direcciones traidoras había pasado la raya. En realidad, era un decreto de expulsión de nuestra corriente, que nos obligaba a romper con esa dirección internacional.

La corriente trotskista dirigida por Pierre Lambert, que no hacía parte de la IV internacional, es la única que se plantea la defensa de la Brigada Simón Bolívar y de los militantes trotskistas contra el ataque del sandinismo y de la burguesía. La Fracción Bolchevique intenta sobre esta base un acercamiento con esta corriente y se constituye El Comité Internacional, Cuarta Internacional, con toda la intención de unificarnos.

Se discutió programa, se avanzó en acciones comunes; lamentablemente este intento no duraría mucho pues la corriente de Lambert le capituló al Gobierno de Frente Popular de Mitterrand.

De tal manera que en enero de 1982 los partidos que hacíamos parte de la Fracción Bolchevique, en una reunión de la que participan dos importantes dirigentes de la corriente de Lambert, deciden convertirse en una nueva organización internacional, la Liga Internacional de los Trabajadores-Cuarta Internacional. Se integra el partido MIR obrero de Venezuela y la mitad del partido de Ricardo Napurí, del Perú.

La LIT nace con fuerte implantación en América Latina y rápidamente se convierte en la corriente más dinámica del trotskismo. Una organización que había salido fortalecida de varias pruebas de la lucha de clases: el enfrentamiento a la dictadura militar argentina, en la que nuestro partido argentino no solo sobrevivió a pesar de los más de 250 militantes presos y torturados y más de 100 muertos y desaparecidos, sino que fue pieza fundamental en la lucha por el derrocamiento de la dictadura y la defensa de las Malvinas frente al imperialismo inglés.

El partido colombiano, nuestro partido, sirvió de albergue y fue vital para recibir a decenas de camaradas argentinos que le fuimos arrancando a la dictadura. Es un inmenso orgullo para nosotros haber acogido como camaradas, como su familia, a estos compañeras y compañeros muchos de los cuales habían sido torturados. Esa es parte de la historia que explica por qué hoy en día conservamos lazos tan fuertes y profundos con el partido argentino.

Los acontecimientos del 90, la restauración del capitalismo en los llamados países socialistas, y la contraofensiva imperialista produjeron una profunda crisis no solo en la izquierda sino también en la LIT. Nos fuimos de la LIT por profundas diferencias en el 94 y volvimos en 2008, sobre la base de constatar importantes acuerdos de principios, estratégicos y programáticos.

No quise hacer una historia pormenorizada ni mucho menos. Solo quería señalar en su contexto la impronta con la que nació y se ha desarrollado el PST colombiano.

Un partido internacionalista, un partido obrero, un partido revolucionario y para la acción, un partido socialista. A pesar de todos los avatares, porque construir un partido de estas características no es fácil, a pesar de nuestros retrocesos, de nuestros errores que han sido muchos, aquí estamos. Nos enorgullece saber que no ha habido huelga importante de la clase obrera en la que el PST no haya estado brindando su solidaridad. Nos enorgullece haber hecho parte de campañas de solidaridad y apoyo, de haber contribuido con la lucha de los trabajadores en el terreno internacional.

Hoy, pasados 40 años de nuestra fundación, nos ratificamos plenamente en la necesidad de seguir batallando en Colombia por construir un partido como el nuestro, un partido obrero. Miremos el panorama, hoy el mundo está sumido en una crisis económica que comenzó en 2007 y aún no se resuelve. Colombia no escapa a esta situación. Ustedes se preguntarán por qué los Pilotos de Avianca o los médicos especialistas hacen sindicatos y huelgas. Estos sectores de profesionales de altos salarios salen a pelear simplemente porque su nivel de vida se reduce y por supuesto ellos pierden para que los empresarios ganen. A la clase obrera y a los trabajadores asalariados ya nos han venido haciendo pagar la crisis con bajos salarios, con pérdida de derechos y, sobre todo, con la pérdida de la estabilidad laboral. Hoy el capital viene por los sectores de trabajadores más acomodados.

La nueva generación de trabajadores, la juventud obrera, no conoce la estabilidad, todo son contratos temporales. Es una generación que no puede planear su futuro: hoy come, mañana no se sabe. Los mismos planes se aplican en todo el mundo, la nueva expansión de las multinacionales a finales del siglo pasado significó un aumento colosal de sus ganancias a costa del empobrecimiento de millones en el planeta. A la par que se rebajan los salarios, que se pierden derechos pensionales, prestacionales, y sociales, se recortan las libertades para los trabajadores, el derecho de organización es de hecho penalizado con el despido, el derecho de huelga con la ilegalización, la amenaza y la represión.

Estamos viviendo una situación de profunda crisis del sistema capitalista que no le ofrece nada a las nuevas generaciones, solo incertidumbre y no futuro. La gente común, los trabajadores, están comenzando a cuestionar, a identificar a los políticos burgueses y sus partidos con el robo, la corrupción y la muerte, saben que esa política podrida está al servicio de los ricos, de los empresarios, de los poderosos, que hacen lo que sea por conservar y aumentar sus fortunas.

Y este cuestionamiento a esa política burguesa, al estado a sus instituciones, es una expresión muy importante y sintomática de que la gente pobre, los trabajadores, los obreros, las mujeres, los oprimidos, buscan una alternativa. Vean lo de Cataluña, el pueblo está exigiendo su derecho a la autodeterminación, están en las calles desafiando el poder del presidente Rajoy y del centralista Estado español. Los argentinos no cesan de luchar contra los abusos y la muerte, no quieren más dictaduras. Movilizaciones gigantescas contra la desaparición, a manos de la gendarmería, de un joven que respaldaba la lucha de los indígenas mapuches, está colocando en jaque al gobierno de Macri. Sumándose a las también manifestaciones multitudinarias contra los feminicidios.

En Brasil se prepara de nuevo un día de paralizaciones y de huelgas en todo el país contra el gobierno corrupto de Temer y contra las reformas laboral y pensional.

Aquí, en nuestro país, los paros cívicos de Buenaventura, del Chocó, de los pilotos de Avianca, las movilizaciones de la juventud estudiantil, los paros del Magisterio, son expresión de nuevos procesos. Las promesas se agotan, los discursos de paz también. La gente se siente fortalecida con la lucha, aunque no ganen todo, pero comienza a sentirse de nuevo, a creer de nuevo en su fuerza y en su lucha.

Las fuerzas se tensan, se polarizan, fuerzas de ultraderecha fascista muestran los dientes, pero los trabajadores los enfrentan, los desafían. Hay de nuevo un despertar, una necesidad de luchar, porque las posibilidades se agotan. Aparece con toda su fuerza la necesidad de profundizar la lucha y la necesidad de la revolución, se vuelve a discutir sobre la salida socialista.

Nuestro país no escapa a la dinámica de la lucha de clases mundial.  A pesar de la visita del Papa, que vino a bendecir los acuerdos de paz con la FARC y respaldar las negociaciones con el ELN, a pregonar la “reconciliación” que no es otra cosa que el llamado a respetar el pacto de impunidad acordado entre el Estado, las Farc y el paramilitarismo, para que las víctimas de esta guerra de aparatos perdonen y olviden a sus victimarios, a pesar de todo esta parafernalia, a pesar de que todos desde el partido de la U, el Liberal, Cambio Radical, el Centro Democrático, hasta la coalición del Moir, los verdes y fajardo, el nuevo partido de la FARC, Petro y la llamada izquierda mayoritaria quieren llevar todo al terreno electoral, los partidos de la burguesía no pueden ocultar que todos están salpicados de corrupción y paramilitarismo. No pueden ocultar su crisis y sus disputas internas a dentelladas.

Y por otro lado, la llamada izquierda parlamentaria se limita a hacer fuertes debates y señalamientos a los partidos de la burguesía, a subir la voz y lanzar fuertes acusaciones en el establo parlamentario, todo con la óptica de ganar votos. Porque solo llaman a recoger firmas y pronunciamientos contra los asesinos y corruptos, pero no llaman a movilizarse a los trabajadores y al pueblo para derrotar en las calles a esa burguesía asesina corrupta y explotadora, a derrotar los planes y las reformas que este gobierno, al amparo de la paz, ha descargado sobre las espaldas ya empobrecidas del pueblo trabajador. Las burocracias sindicales, muchas de ellas militantes de estos partidos de la izquierda parlamentaria, solo han servido de correa de transmisión al interior del movimiento obrero y popular para desmovilizar y llamar a votar por esos partidos o por lo que llaman el mal menor, como hicieron con su respaldo a Santos y seguramente harán en la segunda vuelta con De la Calle.

Sí, en nuestro país estamos viviendo una situación en la que se combinan los más duros planes contra los trabajadores y los asalariados, a la par que las organizaciones guerrilleras mostraron el fracaso de su estrategia, y ante ella, en lugar de intentar organizar a las masas de forma revolucionaria, se integran al podrido régimen burgués pactando prebendas para sus dirigentes y sectores medios.

Por más esfuerzos que hagan los viejos partidos reformistas y los nuevos surgidos de las guerrillas desmovilizadas de defender lo indefendible: una democracia absolutamente permisiva para los de arriba, para que los privilegiados tengan aún más privilegios, para seguir amasando sus grandes fortunas y de la que van a recibir apenas migajas.

En nombre de la defensa de esa democracia se han integrado al régimen, pero esa democracia tiene patas cortas. Comenzando porque no han pactado ni un solo derecho democrático para las masas campesinas y trabajadoras que dicen representar, ni para los partidos y organizaciones de la clase obrera. ¿Qué dicen del derecho de huelga, del derecho de organización, del derecho de participación política? Ni una palabra. Parece que no son tan democráticos. Los campesinos despojados de sus tierras, los que pactaron la erradicación voluntaria de cultivos ilícitos y ya están siendo amenazados y asesinados por las bandas de narcotraficantes y el propio ejército como en Tumaco, más temprano que tarde van a tener que organizarse y salir a luchar.

Los trabajadores y la clase obrera que en este proceso de negociación no obtuvieron absolutamente ningún beneficio, tendrán que seguir luchando contra los insaciables patronos, “honorables empresarios”.

La juventud tendrá que seguir luchando por presupuesto para la educación pública y por empleo estable. Los pensionados, contra el impuesto progresivo que está a punto de aprobarse “dizque” para financiar la paz.

Por eso, nuestro partido ha llamado a los trabajadores a no depositar ni un ápice de confianza en la paz de los de arriba, ha llamado a toda la dirigencia sindical y los partidos que se dicen de izquierda a unificarnos en un solo batallón contra los planes de este gobierno y del imperialismo, a dar continuidad a la heroica lucha de los habitantes del Chocó y Buenaventura, a la de los maestros, a la de los estudiantes, al de los pobladores del sur de Bogotá, a respaldar a los trabajadores de Avianca que hoy defienden el derecho de huelga, a los trabajadores de Pepsico, de Jasaki, de Holcim, de Sintrametal, de Sintralimenticia, de Seatech, en fin, a todos los obreros que desde sus fábricas, de manera silenciosa pero firme, enfrentan este capitalismo salvaje.

Los convocamos y proponemos que hagamos un paro cívico nacional de verdad como el de 1977 y los llamamos a que formemos un solo frente de batalla contra la ley electoral que elimina el derecho de los partidos revolucionarios y de los trabajadores a presentar sus candidatos y su programa en las elecciones para disputar su conciencia contra los programas de la burguesía y la pequeña burguesía reformista. Los llamamos a que no se recoja una sola firma para inscribir candidatos, en una batalla absolutamente desigual con los partidos de los empresarios, a luchar por eliminar las millonarias pólizas “dizque” de seriedad para quien no alcance el umbral electoral.

Proponemos que hagamos un frente común contra el régimen antidemocrático, por derechos y libertades para los trabajadores y sus partidos.

Al servicio de esa campaña hemos lanzado candidatos de nuestro partido que realmente serán nuestros voceros para decirle a los trabajadores que en el terreno político tenemos que organizarnos de manera independiente, de la misma manera que lo hacemos en la lucha, y que tenemos que levantar nuestros propios candidatos y nuestro programa, un programa por la revolución socialista, por una sociedad sin explotación, por una sociedad sin ningún tipo de opresión, por una sociedad de trabajadoras y trabajadores libres, una sociedad socialista. Para decirles a las y los obreros, a los trabajadores, a las y los campesinos pobres, que nuestros derechos no se van a conseguir votando o en el parlamento, aunque luchemos por reformas. Que nosotros estamos aquí para ayudarlos a construir su partido obrero revolucionario que ellos y ellas deben tomar en sus manos, porque partidos reformistas parlamentarios hay de sobra. Necesitamos partidos revolucionarios para repetir la historia de Rusia del 17.

Viva la Liga Internacional de los Trabajadores.

Viva el PST.