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Los estudiantes han vuelto a las calles. Movilizaciones multitudinarias y 16 universidades en paro y otras tantas en anormalidad académica, nos recuerdan la lucha de la juventud estudiantil de 2011 contra la reforma a la Ley 30. Siete años después, lo exigido en aquel momento, se ha expresado como una enorme crisis de financiamiento de las universidades públicas. Ya no hay margen para ocultarlo ni para levantar la lucha a cambio de una mesa que elabore un proyecto de ley. La situación es: o se destina el presupuesto necesario o se terminan derrumbando los edificios y no habrá con qué pagar a los maestros. Duque solo ofrece migajas, ojalá el movimiento no se trance por eso.

Por Comité Ejecutivo, Partido Socialista de los Trabajadores. Noviembre 6 de 2018.

La política educativa.

La crisis financiera de las IES públicas no es un problema fortuito, sino que es la consecuencia de la aplicación –por parte del gobierno Uribe y Santos– de una política de conjunto para la educación, que viene desde los años 90 como pieza fundamental del modelo neoliberal, la cual cuenta con el aval y la orientación directa de la OCDE, y la continuidad del actual gobierno de Duque.

En cuanto a financiación, el eje de aquella política es la financiación a la demanda, lo que significa que el Estado moviliza recursos para incentivar a que los jóvenes accedan a la educación superior a través de créditos educativos por medio del ICETEX. En concreto, esta política se ha manifestado en planes como Ser Pilo Paga, y más recientemente a través de la Financiación Contingente al Ingreso y el programa Generación E –el cual no es más que el reencauche de Ser Pilo Paga–.

Por medio de la financiación a la demanda se busca que cada vez más personas ingresen al sistema financiero, esto como medida para aumentar el mercado del sector. Como consecuencia, en la práctica la educación pasa de ser un derecho a ser un negocio, que se compra –a cuotas pagadas durante décadas a través de la Financiación Contingente al Ingreso, por ejemplo– y se vende, mientras el Estado se desentiende de su deber de financiar directamente (financiación a la oferta) la educación, tal como lo exigen hoy los estudiantes. De este modo se descarga el peso de la crisis sobre los trabajadores y sus familias.

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El plan de Duque.

El gobierno ha anunciado una cascada de contrarreformas que buscan recortar los derechos de los trabajadores argumentando lo de siempre: el déficit externo y el fiscal. Es decir, el aumento de la deuda externa y el hueco del presupuesto. Como siempre, aunque los trabajadores y los pobres no somos los responsables del manejo corrupto del presupuesto, ni nos robamos un peso, los ladrones y usureros del FMI y el Banco Mundial, proponen que los déficits se resuelvan recortando los ingreso del pueblo trabajador.

Guillermo Perry, ex ministro de Hacienda y economista, en su columna de El Tiempo (28 de Octubre) no deja lugar a dudas de los objetivos de las reformas de Duque en particular de la Tributaria o ley de financiamiento: “El mercado estuvo nervioso, pero recuperó la calma cuando Alberto Carrasquilla fue nombrado Ministro de Hacienda y aseguró que el gobierno continuaría cumpliendo la regla fiscal, que le haría una operación quirúrgica al gasto y, si bien reduciría la tasa del impuesto de renta a las empresas a un 30%, presentaría una reforma tributaria que, en términos netos, aumentaría el recaudo.” Ese eufemismo del “mercado” no es otra cosa diferente a los capitalistas nacionales e imperialistas y sus instituciones financieras. La regla fiscal es la ley aprobada en casi todos los países semicoloniales, mediante la cual los gobiernos deben recortar el gasto a lo social para destinarlo al pago de la deuda externa e interna y privilegiar los gastos de defensa y funcionamiento de la maquinaria del Estado. Todo lo demás es para ellos deficitario. ¿Si le quitan los impuestos a los ricos quién los paga para aumentar el recaudo? Pues los trabajadores y los pobres. Se recorta el presupuesto a las Universidades públicas, se aumenta el IVA, se amplía la base tributaria bajando cada vez más el piso, se echa mano a los fondos públicos de las pensiones, se baja el salario mínimo, se elimina la tutela para que la salud y la estabilidad se vuelvan menos costosas.

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Todas estas medidas económicas se refuerzan con medidas políticas que limiten el derecho a la protesta, al uso de mecanismos como las consultas populares, a la participación de organizaciones revolucionarias en política. Se hace casi imposible ejercer el derecho a la organización sindical y se ratifican y profundizan las leyes que someten a la clase obrera y trabajadora a vivir bajo el chantaje permanente del desempleo. Se fortalecen los mecanismos del clientelismo y se atornillan en el poder los de siempre alargándose los periodos de gobierno bajo cualquier excusa. Este es el contenido del paquete de contrarreformas de Duque y el Centro Democrático.

Duque ratificó su fidelidad al imperialismo norteamericano. Por eso propone volver a la fumigación de los cultivos de coca con glifosato a pesar del daño a la naturaleza, sacó decreto prohibiendo la dosis mínima, seguirá resolviendo por la vía militar y paramilitar los problemas del campesinado pobre obligado a sembrar coca. También por eso seguirán los asesinatos de líderes sociales, representantes de los movimientos de reclamación de tierras y las amenazas a dirigentes sindicales.

Se necesita unidad en la lucha y paro nacional

Por todo lo anterior, urge y sin dilaciones que las direcciones del movimiento sindical, la declarada oposición de izquierda, las direcciones políticas de los movimientos sociales y los dirigentes juveniles y estudiantiles nos unifiquemos en una sola lucha. Convoquemos un gran encuentro nacional que vote de una vez por
todas un pliego que recoja las aspiraciones de todos los trabajadores del campo y la ciudad, del movimiento estudiantil y popular, para ser defendido con la movilización el paro y la huelga. La oposición parlamentaria es absolutamente insuficiente, hay que pasar de las palabras, a la acción. Esos 8 millones de respaldo a Petro, esos 11 millones contra la corrupción no pueden quedar simplemente en los registros electorales, necesitan ser movilizados.

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Estamos en medio de una batalla en la que la clase obrera, y todos los sectores explotados precisamos darle a las nuevas generaciones un futuro mejor, una sociedad más libre, igualitaria y sana. O es esta opción o serán los Trump y los Bolsonaros los que se fortalezcan y nos impongan la barbarie.

¡Abajo el Plan de Duque!

¡Unidad en la lucha y Paro Civico Nacional para enfrentar a Duque y su plan!