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“La posición de la mujer es el indicativo  más claro y elocuente para evaluar un régimen social y la política del Estado”

León Trotsky, Escritos 1938.

Como sabemos la crisis económica, social y política en Venezuela ha causado el desplazamiento de personas a territorio colombiano. En días recientes se han difundido denuncias sobre sus precarias condiciones de vida en Colombia. Al ser indocumentadas aceptan malas condiciones de trabajo y los empleadores se aprovechan de su necesidad.

Por Cleo e Ivonne

De acuerdo a Migración Colombia desde el año 2014 han migrado cerca de un millón de personas desde Venezuela hacia territorio colombiano, aunque otros hablan de 350 mil. Entre la población migrante se destacan mujeres en prostitución. Muchas de ellas, antes alejadas de esa actividad, han tenido que retomarla pues sus fuentes de ingreso se afectaron por la situación económica en su país de origen, otras han tenido que prostituirse por primera vez.

Migración de venezolanas en prostitución

Aunque el número exacto de prostitutas migrantes no se conoce, debido a su creciente presencia en el país, en el mes de abril la Corte Constitucional ordenó implementar acciones para protegerlas de ser víctimas de explotación, procurándoles permisos de trabajo, y si fuera necesario, la condición de refugiadas.

No obstante, estas medidas son insuficientes para garantizarles condiciones dignas de existencia, y encarnan en sí mismas una grave contradicción: el reconocimiento o aceptación de la prostitución como trabajo, recientemente esta polémica ha estado en los medios a propósito de la propuesta de la congresista Clara Rojas de penalizar al cliente, muchas voces que pretenden hablar por todas las mujeres que viven esta situación, insisten en equiparar esta situación con un trabajo cualquiera y defender el derecho de cada persona a “vender su cuerpo si así lo quiere”.

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Pero la realidad es otra, si bien debemos estar por todas las garantías para que no sean expulsadas, sobrexplotadas ni perseguidas, no podemos olvidarnos de la situación que las llevó a la “decisión” de prostituirse, la situación de fondo que está lejos de ser el empoderamiento sobre sus cuerpos, o el disfrute pleno de la sexualidad. Justamente, el aumento de la prostitución en situaciones de crisis económica y social, son la prueba evidente de que esta decisión no tiene nada de autónoma ni de libre. Por supuesto, no podemos decirles a las personas qué hacer, y debemos estar siempre en contra de que sean perseguidas por ejercer esta actividad, para ello no es necesario caer en el discurso aparentemente liberal de justificar y naturalizar la situación.

La situación es apremiante, se han reportado conflictos entre las mujeres trabajadoras sexuales colombianas y venezolanas. Algunas venezolanas, presionadas por conseguir clientes o por los proxenetas que las manejan, cobran por sus servicios cantidades más bajas lo que genera conflictos con las colombianas. En el mes de junio se publicó la noticia de una mujer venezolana en Medellín que fue lesionada con arma blanca debido a situaciones como estas.

Crisis económica y la precarización de las condiciones de vida de las mujeres

Los efectos de la crisis económica se concentran en la población más vulnerable, entre esta, las mujeres de menores ingresos, y entre ellas las que están prostituidas. Aunque de manera frecuente se debate sobre el trabajo sexual y su reconocimiento como cualquier otro trabajo, esto, a veces argumentado para el reconocimiento de derechos laborales, lo cierto es que una gran proporción de las mujeres dedicadas a esa actividad, lo hacen orilladas por las circunstancias, encuentran en esa actividad un ingreso que les permite sobrevivir con sus familias. Testimonios de algunas venezolanas, que hasta hace un tiempo ya no se prostituían, pero que producto de las malas condiciones económicas han tenido que retomarlo, así lo evidencian.

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¿La prostitución es un trabajo?

El discurso de la prostitución como trabajo sirve para limpiar las conciencias de los proxenetas y de los clientes (99% hombres) que las usan y las abusan. Como lo decía Rosa Lemus “más allá de las ideologías que cada uno de los implicados se haga de sí mismo, la realidad vuelve a poner las cosas en su lugar. Es una lacra de esta sociedad capitalista que millones de mujeres en el mundo tengan que vender su cuerpo para poder sobrevivir con sus familias si las tienen”2.

El fenómeno de la prostitución entre mujeres migrantes y refugiadas no es nuevo, son conocidas las denuncias de que las mujeres sirias deben pagar con sexo su ingreso a Europa, así como es conocida la “oferta” de prostitutas de países más pobres en los países más ricos. Es urgente tomar medidas para la protección de la población migrante y en especial de las mujeres.

Por lo pronto, mientras la Mesa de la Unidad Democrática y el gobierno de Maduro se disputan el poder en Venezuela, es la población venezolana, la de menores recursos, quienes sufren los efectos más lesivos de la crisis. Únicamente una salida independiente de ambos campos burgueses puede resolver los problemas a favor de los trabajadores y los pobres; entretanto en Colombia a pesar del discurso que nos dice que los venezolanos son enemigos que vienen por el trabajo, debemos tejer los mayores lazos de solidaridad. Exigir al estado que de a todas las personas migrantes la nacionalidad y el permiso de trabajo, proveer de opciones laborales que tengan trato preferencial hacia las mujeres y les ofrezca a las que están en prostitución un trabajo con el que puedan vivir sin vender sus cuerpos ni ponerse en riesgo.