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El sistema de salud está en realidad colapsado y no solo por la crisis del coronavirus, sino hace al menos 25 años. Pero es que nos acostumbramos a vivir en la miseria, en el colapso, nos acostumbramos a entregar el turno con paciente de silla 1, silla 2, gradas 1, y demás. Nos acostumbramos a que el paciente llegue y nos diga “no me autorizaron”, aun cuando lo ordenado estuviera en el POS o PBS.

Por María Houghton – PST-Colombia

Aunque mucho se hablado de las UCIS y su nivel de ocupación se ha convertido en tema de dominio y preocupación públicas, poco se habla en las noticias de la ocupación de los servicios de urgencias (fuentes confidenciales afirman que están cerca del 400%), de la oportunidad de las citas de control de los pacientes crónicos (los mas vulnerables al virus nuevo), de las barreras que enfrentan las personas para que les den sus medicamentos y que en lugar de disminuir con la pandemia han aumentado.

Es cierto que 60% de pacientes con COVID no llegan a una UCI, y seguramente será más alto para el número de fallecidos por otras enfermedades, porque el problema no son las UCIS, sin restarles importancia, el problema es el sistema de conjunto y el modelo de subsidio a la demanda (EPS). Lo grave es que muchos pacientes ni siquiera logran llegar con el médico, el problema es el aumento de la mortalidad por otras causas, el problema es estructural.

Las EPS, tomando como excusa la pandemia, y en lugar de fortalecer y agilizar los programas del cuidado de crónicos, pacientes con cáncer y demás, ha hecho todo lo contrario y es usar la pandemia para negar servicios. Varias personas que denuncian que les dicen que citas de control de hipertensos o Medicina Interna no hay por la pandemia, igualmente para la entrega de los medicamentos están poniendo más barreras, ponen a escribir a correos que nunca contestan y demás.

Médicos de diferentes servicios de urgencias se quejan anónimamente (el temor al despido nos acecha), igual testimonio puede dar todo el que ha ido a una sala de urgencias por el motivo que sea: ‘no hay cama pa tanta gente’, pese a que el personal de salud trabaja a toda máquina no dan abasto con la cantidad de pacientes que hay, servicios que ya estaban saturados antes de la pandemia claramente colapsaron, vamos a repetirlo: colapsaron.

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Cientos de pacientes están en una silla rímax, cientos de pacientes esperan cama no solo en UCI, sino en hospitalización y observación, no es solo en Bogotá y Barranquilla, sino en todos lados. Otros servicios como maternidad, pediatría han sido desplazados y hasta cerrados para poder atender la crisis COVID con la misma escasa infraestructura.

Lo que hay más allá de las cifras

Las cifras no pueden ser más desalentadoras, durante los últimos días Colombia se ha metido en el ranking de países con más contagiados y con más muertos diarios. La violencia sistemática y los años de conflicto armado interno, nos ha llevado a naturalizar la muerte a tal punto que casi 9000 personas fallecidas no nos alertan (9000 fallecidos extra porque las muertes por otras enfermedades, desnutrición y asesinatos selectivos se siguen presentando); con más de 270 mil contagiados y un ascenso vertiginoso de los casos, Duque sin vergüenza ninguna sale todos los días en televisión anunciando con bombos y platillos el “éxito” de las reaperturas de cada vez más sectores económicos, cínicos y felices celebran el triunfo de la ganancia sobre la vida.

Pero es que a los poderosos y a la corrompida clase política del país no le duelen estos muertos, porque no son sus muertos, no sorprende el dato que denuncia Gustavo Petro, de que los muertos por covid en Bogotá son en un 90 % de los estratos 1,2 y 3, y estamos seguros de que hallaríamos iguales resultados en cualquier ciudad colombiana. Crecen las denuncias de brotes en plantas y centros de trabajo de los que se han abierto, las empresas y el gobierno hacen todo lo posible por ocultarlos como ha denunciado Sintralitoplás, solo por dar un ejemplo. Nosotros los trabajadores ponemos los enfermos, los muertos, y también ponemos los desempleados, los despedidos y los “varados”.

Pruebas insuficientes y sin resultados

Por si la sobreocupación hospitalaria y de urgencias fuera poco, por si la criminal reapertura del gobierno fuera poco, tenemos el problema de las pruebas. Miles de personas han denunciado que teniendo síntomas o habiendo tenido un contacto estrecho son ignorados por las EPS quienes los ponen a esperar en la casa una llamada o una visita que nunca llega, la demora criminal de los resultados en algunos alcanza dos o tres semanas llegando a morir el paciente sin tener el resultado con el subsecuente daño moral para la familia al tener que disponer el cuerpo como positivo.

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Entonces en lugar de ampliar el testeo para aislar a los portadores asintomáticos, las nuevas disposiciones definen que no se haga la prueba de control para que los contagiados vuelvan al trabajo sino que regresen solo con el tiempo de aislamiento, igualmente se define que no se testeen los familiares de los positivos sino que se aíslen sin prueba, cuando todos sabemos que este sería un aislamiento voluntario que no se va a cumplir mientras la gente uno no tenga certeza de ser portadora (no percepción de ser un riesgo) y dos mientras no haya garantías para sobrevivencia económica de la familia (salario, renta básica, etc.). De esa manera no haciendo pruebas a los contactos Duque logrará aplanar la famosa curva, no pruebas – no confirmados: Recetas perfectas para el desastre.

Corferias: el elefante blanco del Covid-19

Mientras tanto, el elefante blanco de Corferias atiende entre 60 y 100 pacientes en sus 3000 camas. ¿Por qué no se adecúa Corferias para atender todos los pacientes leves y que requieren hospitalización de baja complejidad? ¿Por qué no se centralizan todas las clínicas y hospitales, y no solo las UCI? ¿Por qué la millonaria suma que se invirtió en Corferias y que no nos está ayudando en nada, no se usó para reforzar el San Juan o para construir un nuevo hospital que nos quedara luego de la emergencia? Preguntas que nos seguimos haciendo.

Hace años la ley 100, dejó los dineros de la salud en manos de intermediarios financieros que son verdaderos parásitos, recursos sí hay y hasta de sobra, pero no llegan a los hospitales porque se quedan dando rendimiento financiero a las EPS, que se valen de todo tipo de estratagemas para no pagar, para negar servicios. La situación de emergencia es una oportunidad perfecta para derogar este modelo y girar directamente al sistema de salud, pero esto no se hace porque dañaría un millonario negocio. Para ellos la pandemia lejos de un problema ha sido una suculenta oportunidad, son el verdadero cártel.

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Trabajadores de la salud: héroes y víctimas

Y ni hablar de la situación de los trabajadores de la salud, hasta el momento luego de ser atacados, calumniados, estigmatizados, luego de más de 30 muertos y más de 3000 infectados por COVID 19; hasta el momento ninguno de nosotros ha visto el bono o apoyo económico que prometieron, muchos siguen trabajando sin elementos adecuados de bioseguridad, 85% siguen trabajando sin contrato laboral bajo las ilegales OPS, y lo más inaudito aún se adeudan meses de salarios en varios lugares del país. Médicos de Valledupar tuvieron que declararse en cese de actividades porque llevan diez meses sin que les paguen. Y todavía, estos cínicos insisten en que estamos mintiendo y todo está bajo control.

Mientras Claudia López e Iván Duque tratan de minimizar el colapso del sistema de salud y desatienden el llamado de las asociaciones médicas que ruegan, mientras que arriesgan la vida y ven morir a sus pacientes, por una cuarentena real, estos personajes solo exhiben a través de sus costosas estrategias de comunicación una cantidad de eufemismos – cuarentenas inteligentes, sectorizadas – que son medias tintas para mitigar la tragedia que vive la clase trabajadora y los pobres, administrando las cifras para que las EPS sigan traficando con la salud de la gente.