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Las mujeres en Colombia somos cada vez más pobres y por lo tanto menos autónomas. A medida que nuestro salario real disminuye o incluso nuestros empleos desaparecen aumenta nuestra dependencia por el temor a quedar sin sustento económico, por lo tanto, desaparece nuestra autonomía y aumenta la posibilidad de que seamos víctimas de violencia. Dado que el salario de la mujer se considera “complementario” al del hombre y así se justifica que sea inferior. Existe la creencia de que la mujer “ayuda” económicamente al marido cuando trabaja, del mismo modo que se considera que el hombre “ayuda” cuando realiza labores domésticas.

Por: Comisión de la Mujer PST

Falsas salidas

Mientras que nos venden en los medios el mundo de la igualdad de género, nos muestran como ejecutivas y empresarias llegan a puestos de poder (de todos modos como caso exótico), las mujeres trabajadoras vemos como nuestro salario se esfuma en el aumento de la inflación y los gastos del día a día. Las propuestas del gobierno, la ONU o las ONG´s no pueden ser más ficticias y lamentables: emprendimiento y empoderamiento.

Ser una empresaria, educarse más para acceder a mejores oportunidades, etc. En la realidad el emprendimiento termina siendo rebusque tipo ventas por catálogo o formas artesanales de producción, y la educación parece una carrera sin fin que a duras penas sirve para obtener un empleo pero sin el salario que corresponde al nivel de estudios alcanzado, las mujeres seguimos ganando menos a pesar de que ya hemos superado a los hombres en educación, de los graduados de educación superior las mujeres somos mayoría con un 54%.

Brecha salarial disparada

Lo que se conoce como brecha salarial, aunque parezca increíble y no lo sustente ninguna ley, es que las mujeres recibimos menos salario por el mismo trabajo y mismo nivel de estudios que los varones, y esta realidad es mundial, hasta las actrices de Hollywood y las futbolistas profesionales de talla mundial lo han denunciado. Megan Rapinoe jugadora de la selección estadounidense y campeona mundial se hizo famosa por denunciar la abismal disparidad con los hombres llegando a ganar hasta cuatro veces menos por iguales partidos y títulos.

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Pero esta realidad es peor para las trabajadoras de bajos ingresos, peor aún para las madres cabezas de familia. Y es que la brecha salarial en Colombia que habíamos denunciado en años anteriores como del 22%, este año se ubica en un escandaloso ¡30%!

El desempleo también muestra una brecha enorme: mientras que los hombres desocupados llegan al 9,8%, las mujeres al 16,9%. Estos datos podrían esconden una realidad aún peor dado que el 42% de las mujeres que se consideran “ocupadas” son amas de casa o viven del rebusque y la economía informal, sin ninguna seguridad social ni garantía laboral. Con lo cual al pasar el tiempo aumentará la brecha pensional y la vulnerabilidad de las mujeres mayores.

Esto se debe a que como lo reconoce la revista Dinero1 “cuando se presenta un aumento en los niveles de desempleo, los principales afectados son los trabajadores temporales, los menos calificados y las mujeres.” A pesar de los discursos de Duque y sus ministros, la realidad es que la crisis económica está llegando a Colombia, y con ella se viene el paquetazo de ajustes económicos contra todos los trabajadores, pero que golpeará– como siempre– primero a las mujeres y los jóvenes.

Doble Jornada y Maternidad

En el mismo artículo se reconoce que para los empresarios la maternidad es un “problema” que genera sobrecostos. Esta es una actitud cínica que desconoce el trabajo no remunerado que realiza la mujer para la reproducción de la fuerza de trabajo, si las trabajadoras no tenemos hijos ¿de dónde saldrán entonces los obreros de mañana?, ¿a quién podrán explotar estos mismos empresarios para extraer sus ganancias? La maternidad es un costo que deben asumir los empresarios por la reproducción de la fuerza de trabajo, así como deberían asumir las actividades de cuidado que tradicionalmente realizan las mujeres, como la alimentación, mantenimiento de ropa, cuidado de viejos o enfermos.

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Datos oficiales muestran que las mujeres dedicamos más del doble del tiempo que los hombres (7 horas por día) a las labores de “cuidado”, es decir, a la reproducción de la fuerza de trabajo y trabajo no remunerado, siendo mucho más grave en las mujeres rurales y en las mayores de 59 años, este trabajo representa el 19% del PIB según las mismas estadísticas oficiales.

Esta situación impide dificulta sus posibilidades de independencia disminuyendo casi a la mitad su tiempo para recreación, cultura y esparcimiento, las hace más vulnerables a todo tipo de violencias. Esto se ha conocido como “economía del cuidado”, nosotros creemos que es más preciso llamarlo doble jornada laboral.

Y entonces, ¿cuál es la alternativa?

Organizar la lucha. Esto no lo denunciamos solo para lamentarnos sino porque es urgente que las trabajadoras seamos vanguardia del proceso de lucha que viene en contra de los planes del gobierno. La reforma pensional, la contratación por horas, etc, amenazan directamente nuestra propia subsistencia. Debemos organizarnos sindicalmente si no lo estamos, en los sindicatos debemos exigir a nuestros dirigentes la inclusión de nuestras reivindicaciones en los pliegos, exijamos a las centrales obreras un plan de acción unificado y una agenda de movilización. La próxima discusión del salario mínimo, farsa anual en la que burócratas sindicales, empresarios y gobierno se sientan a forcejear por dos o tres puntos porcentuales debería ser un escenario no solo para exigir un salario que cubra como mínimo la canasta familiar, sino también que se tomen medidas contra la disparidad salarial.