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El pasado 27 de julio se cerraron las inscripciones para las elecciones regionales. Coaliciones, candidaturas por firmas y la compra y venta de avales fueron las constantes en una coyuntura electoral marcada por la disputa entre el uribismo y sus aliados en el gobierno y los partidos reformistas que se disputan desde ya las candidaturas presidenciales.

Por: Antonio Romero

El escenario que se repite es el de las candidaturas de la derecha respaldadas por el uribismo y el santismo, en un acuerdo no oficializado que se repite tanto en las principales alcaldías como en las gobernaciones. El Partido Liberal, la U y Cambio Radical –llamados partidos independientes– han hecho una serie de acuerdos electorales con los partidos de gobierno: el Centro Democrático, el Partido Conservador y la ASI. Han constituido un frente de hecho en el que, a pesar de mantener diferencias en los asuntos de la paz, se unifican en la defensa de los intereses económicos y políticos de la burguesía.

Por su lado, los partidos reformistas se disputan los 8 millones de potenciales votantes que respaldaron la candidatura de Gustavo Petro en segunda vuelta. Por una parte, el Polo y la Alianza Verde siguen proponiendo un acuerdo con un sector del empresariado encabezado por Sergio Fajardo y, por otra parte, la Colombia Humana y la UP tratan de mostrarse como una oposición más a la izquierda, pero sin trascender en un programa que se fundamente en la lucha contra la corrupción y en defensa de los acuerdos de paz, sin confrontar el régimen político y mucho menos proponer la lucha contra el capitalismo.

El frente electoral burgués

Los partidos burgueses aparecen divididos frente a la implementación del proceso de paz, pero en los temas cruciales han mostrado unidad –aprobación del Plan Nacional de Desarrollo y del presupuesto y ascensos de militares cuestionados por violaciones de derechos humanos– y en las elecciones regionales parece que seguirán aliados.

Hay disputas internas por consolidar bancadas en los concejos distritales y municipales y en las asambleas departamentales, como en el caso de Bogotá donde el Partido Liberal y Cambio Radical se disputan el botín electoral de los cristianos. Pero en las candidaturas a alcaldías y gobernaciones se han unificado en torno a candidaturas fuertes, sobre todo en las ciudades en las que Gustavo Petro logró importantes votaciones.

En el caso del Centro Democrático, en casi todas las regiones, el uribismo repitió el modelo capitalino. Motivó a sus bases más radicales a inscribirse, los hizo recorrer las calles, someterse a encuestas y asistir a debates para, finalmente, apoyar a un candidato de una alianza no oficial entre los partidos uribistas y los santistas.

Así, en Bogotá aspiraron sus más reaccionarias voces –Samuel Hoyos, Diego Molano y Ángela María Garzón– y se sometieron a una encuesta que proclamó a esta última como candidata. Sin embargo, el Centro Democrático le retiró el aval, faltando unos días, para apoyar a Miguel Uribe, candidato de la derecha a la Alcaldía de Bogotá.

El control de las ciudades

Las elecciones regionales no son solo las ‘previas’ de las elecciones presidenciales, lo que allí está en juego es el control de los presupuestos, los contratos y la burocracia. Por ello, la apuesta de la burguesía ha sido controlar las principales ciudades.

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En Barranquilla, la Casa Char impulsa a Jaime Pumarejo para la alcaldía y a Elsa Noguera, para la gobernación, unificando a todos los partidos burgueses que internamente se disputan por el fortín electoral de los Char en el Caribe, pensando en las próximas elecciones presidenciales.

Para el caso de la alcaldía de Medellín el nombre más fuerte es el del Centro Democrático, Alfredo Ramos, que reúne apoyos de los partidos burgueses, y en Antioquia, la candidatura del liberal Aníbal Gaviria es la que reúne los apoyos de los partidos burgueses y a pesar de que el Centro Democrático tiene candidato, puede correr la misma suerte de Ángela Garzón en Bogotá. En este caso, la Alianza Verde ha dado la espalda a la candidatura que impulsa el fajardismo y ha optado por apoyar a Gaviria.

En Cali, el candidato del ‘frente burgués’ es Roberto ‘Chontico’ Ortiz, que se enfrenta al verde Jorge Iván Ospina, mientras el fajardismo apoya al empresario de los ingenios azucareros, Alejandro Éder. Para la Gobernación del Valle, la Colombia Humana ha decidido a apoyar la ex ministra del Trabajo, Griselda Restrepo, por encima de su propio candidato, lo que ha causado división al interior de Colombia Humana en la región.

En Cartagena, las candidaturas más fuertes del frente burgués son las de William García a la alcaldía y Vicente Blel a la gobernación por parte de la Alianza Social Independiente, ASI. Aunque el Partido de la U respalda a Yolanda Wong y el Centro Democrático a Fernando Araujo, es posible que se den movimientos, pues se habla de una presunta inhabilidad de García Tirado.

El reformismo

Mientras el frente burgués está relativamente unificado, a pesar de las disputas internas y de que están en juego para ellos también las elecciones presidenciales, en el campo del reformismo y de las llamadas fuerzas alternativas las cosas están más difíciles.

Comenzando por Bogotá, donde el Polo y la Alianza Verde impulsan la candidatura de Claudia López, que lidera todas las encuestas y que ha manifestado públicamente que su alcaldía será el primer paso para el triunfo de Sergio Fajardo a la presidencia, defendiendo los postulados de Enrique Peñalosa y su modelo de negocios para la ciudad, en particular el del metro elevado.

Claudia López, que fue funcionaria de la primera alcaldía de Enrique Peñalosa, sostiene que se distancia de la actual administración en el discurso de derecha, pero está dispuesta a continuar con el modelo neoliberal. El discurso de los Verdes de la lucha contra la corrupción es solo para quien se apropia del erario, pero no contra quienes lo ponen al servicio de los empresarios y las transnacionales.

Por otra parte, Gustavo Petro trata de no diluir la Colombia Humana – UP en el acuerdo del Polo, los Verdes y Sergio Fajardo. Su apuesta era con Ángela María Robledo que no aceptó la postulación, lo que lo obligó a apoyar al candidato del MAIS, Hollman Morris, que enfrenta con mayor claridad el llamado ‘modelo de ciudad’ de Peñalosa, pero que ha tenido cuestionamientos por las denuncias que ha hecho su exesposa por inasistencia alimentaria, y múltiples denuncias por acoso sexual. Un sector de mujeres de Colombia Humana – UP se ha distanciado de esta candidatura sin manifestar un apoyo abierto a Claudia López.

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Pero no es solo el caso de Bogotá, en las principales ciudades se repite esta división. Ya mencionamos los casos de Medellín y Cali en los que incluso la Alianza Verde y Sergio Fajardo están en orillas distintas.

En el caso de Cartagena, los candidatos ‘alternativos’ están mucho más dispersos: el empresario Nabil Baladí recibió el aval del Polo Democrático, la Colombia Humana – UP se decidió por la liberal Adelina Covo, el fajardismo apoya a Claudia Fadul, quien ha trabajado con el sector empresarial de la ciudad, y AICO ha avalado al liberal Germán Viana. En Barranquilla, por el contrario, el reformismo se ha unificado en torno a Antonio Bohórquez a la alcaldía y Nicolás Petro a la gobernación.

La democracia al interior de los ‘alternativos’

Muchos sectores minoritarios de izquierda y dirigentes de organizaciones sociales han puesto sus esperanzas en estas elecciones, con la idea de que se puede repetir en las urnas un escenario como en las pasadas presidenciales. Tras el fracaso del Polo Democrático Alternativo como escenario de unidad de la izquierda ahora surge la alianza Colombia Humana – UP, en la que un Gustavo Petro sin aval aspira a replicar su votación con una UP que tiene personería jurídica.

Pero las cosas no han sido como las bases del petrismo lo esperaban, el otorgamiento de avales estuvo marcado por el autoritarismo burocrático, por la absoluta ausencia de democracia y por la inexistencia de estructuras organizativas mínimas en las qué dar las discusiones.

En Bogotá, Gustavo Petro dio el respaldo a Hollman Morris como una respuesta a la derechización de Claudia López no solo en su apoyo a los negocios de movilidad de Peñalosa sino de su respaldo a la campaña presidencial de Sergio Fajardo. Pero sin tener en cuenta los cuestionamientos que tienen sectores de mujeres sobre Morris, comenzando por su fórmula vicepresidencial, Ángela María Robledo.
En el Caribe Colombiano la situación no fue distinta. En el departamento del Atlántico. Gustavo Petro avala a su hijo Nicolás Petro, quien no tiene ninguna trayectoria política en la región, pero que –cual delfín– puede canalizar la importante votación que obtuvo su padre. En el caso de Cartagena, por encima de las bases que buscaban una candidatura alternativa, Petro les anunció por redes sociales que avalaría a Adelina Covo, una liberal samperista que lo acompañó en su pasada campaña presidencial.

Por lo lados del Polo Democrático hay mucho menos que decir, el MOIR continúa en su reajuste programático, cada vez más alejado de sus viejos discursos contra el imperialismo y más cercano a la defensa de sectores burgueses, como el Grupo Empresarial Antioqueño del que proviene Sergio Fajardo. En principio, habían planteado listas unitarias de las candidaturas ‘alternativas’, pero el oportunismo electoral está por encima de esa apuesta. Como en el caso de Cartagena, debido a sus pocas posibilidades, el Polo y Colombia Humana – UP hacen un acuerdo al concejo, pero a la alcaldía mantienen dos candidaturas diferentes: Adelina Covo por el petrismo y el empresario Nabil Baladí por el Polo.

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Votar en blanco contra el oportunismo

En el pasado Congreso de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT, los socialistas propusimos que se hicieran asambleas de trabajadores y organizaciones sociales para acordar candidaturas y que en esas mismas asambleas se discutiera el mecanismo para avalar esas listas. Además, que una forma de visibilizar a los líderes y luchadores sociales era que hicieran parte de las listas, pero esta propuesta fue tirada al cesto de la basura y ni siquiera puesta a consideración por la burocracia sindical.

En la selección de candidatos se ha privilegiado a sectores burgueses o de capas medias y a la burocracia sindical y social, en medio del oportunismo electoral y el mercado de avales. Sin embargo, algunos luchadores sociales hacen parte de las listas y salen a disputar los votos, con la esperanza de arrancar a los partidos burgueses unos cientos de votos y alcanzar una curul desde la cual continuar sus luchas.

Para lo anterior, aceptan toda clase de alianzas, acuerdos con sectores que son enemigos de sus luchas sociales, pero que en el escenario electoral se apoyan en la clase trabajadora y los pobres. Así, el oportunismo se convierte en el denominador común de las candidaturas alternativas, que tal vez logren arrancar algunos de los 8 millones de votos que en las presidenciales se expresaron en contra del uribismo.

Contra la violencia del régimen a los luchadores sociales, contra la falta de garantías para la participación electoral de las minorías, contra los partidos burgueses que apoyan los planes de Duque, contra el oportunismo electoral del reformismo, la opción es votar en blanco y preparar las luchas.