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A partir del 21 de noviembre, los más diversos sectores sociales han venido librando una gran batalla a lo largo y ancho de Colombia. Las banderas que enarbolamos son un factor de unidad frente a las maquinaciones del régimen que afectan a hombres y a mujeres, a jóvenes y a viejos, a empleados y a desempleados del pueblo colombiano. Su juventud, en este movimiento, ha constituido el contingente más decidido y mayoritario, y las expresiones artísticas de inconformidad brotan por doquier marcándole ritmos a esta lucha.

Declaración ante el Encuentro Nacional Sindical, Social, Popular y Étnico realizado en Bogotá los días 6 y 7 de diciembre de 2019
Las organizaciones sindicales, sociales y políticas, abajo firmantes, declaramos:

La indignación crece a diario contra las atrabiliarias políticas consistentes en envilecer y degradar los salarios y el contrato laboral hasta hacerlo desaparecer, cargar los tributos a los trabajadores y capas medias de la población y conceder subsidios a los oligopolios nacionales y extranjeros disminuyendo, además, sus impuestos.

Han convertido los derechos conquistados, como la salud y la educación, en negocios y fuentes de rentas extraordinarias para los financistas, en tanto que al pueblo se le despoja de estos derechos y se le abruma con matrículas y pagos, copagos y tasas de interés ruinosas. Del ahorro acumulado de pensiones, se lucran los dos más grandes grupos económicos de Colombia y al régimen público se le quiere expedir el certificado de defunción.

Los haberes públicos se someten a subasta y una camarilla se enriquece saqueando los recursos del Estado, el que a la vez que contrae mayores empréstitos, causa de nuevas imposiciones a los colombianos pertenecientes a las clases empobrecidas y a los sectores medios. Los servicios públicos se encarecen a causa del pillaje y hasta la alimentación escolar es víctima de estafa. El presidente pretende agudizar y exacerbar tales desafueros, y ha creído que, con la más brutal represión desatada, la penalización de la protesta, las amenazas a la vida, el sistemático asesinato de los luchadores sociales y la negativa a escuchar el clamor popular, va a poder terminar de imponer la apuesta de las clases dominantes.

El malestar de las mayorías y la obstinación de los mandamases no es un fenómeno exclusivo de Colombia. Como los pueblos de Chile, Francia, Ecuador, Haití, entre muchos otros, libramos una lucha sin cuartel contra disposiciones del mismo origen. La verdadera causa es la crisis profunda del capitalismo y del imperialismo, en particular la del imperialismo norteamericano, que, marcado por el exceso de capital en busca de utilidades, tiende la trampa del endeudamiento a naciones, empresas y hogares para someterlos a la servidumbre y al chantaje. Además, la enconada rivalidad entre las potencias, así desplegada, apremia a cada una a intentar consolidar su manejo de regiones y países. Los organismos multilaterales como el FMI, el BM, la OCDE sirven de mampara a esos intereses y obedecen a sus orientaciones.

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El antagonismo es evidente: los banqueros y los enormes consorcios transnacionales, en alianza con los magnates de cada país, no descansan en la búsqueda de maneras de incrementar su rapiña con rentas extraordinarias, legales e ilegales. A los pueblos sólo nos queda levantarnos y resistir. No hay conciliación posible. Quien siembre la ilusión de que los monopolistas y el pueblo tienen intereses comunes que se pueden “armonizar” mediante el “diálogo social”, caen en la trampa. De ahí el acierto del Comité Nacional de Paro que, obedeciendo a la presión de las bases, rechaza categóricamente las “conversaciones” con las que Duque quiere embaucar el movimiento de protesta. Es necesario avanzar en el camino que se niega a concertar las regresivas reformas laboral, pensional, de salud; es necesario concretar de inmediato que el salario mínimo se negocie con el respaldo de las manifestaciones de los afectados y, que, en lugar de ceñirse a las consideraciones de los tecnócratas, pongamos en primer plano la consigna de igualarlo, al menos, al costo de la canasta familiar.

Los partidos oligárquicos no son, ni podrán ser garantes, ni socios de esta lucha histórica. Por si alguien tiene dudas al respecto, el proceso de la reforma tributaria lo demuestra una vez más.

Es de vital importancia mantener y fortalecer el movimiento, de tal manera que abarque más trabajadores formalizados o no, tanto a los que pertenecen a sindicatos como a los que no (porque no están afiliados o porque la legislación les niega esa posibilidad); y que se extienda a nuevas capas de la población, como a los pequeños comerciantes golpeados por la reforma tributaria en curso, y a los lesionados por los cambios del Sisben IV. Corresponde al Comité Nacional de Paro y a las formas organizativas que surjan y se consoliden (asambleas, cabildos, comités de solidaridad de sectores en conflicto, entre otros) impulsar las actividades para que estas tareas sean coronadas.

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Consideramos que hay la necesidad de fortalecer esta lucha nacional, más aún, en estos tiempos en que, cuando termina el año, quieren aprovechar, como lo han hecho tradicionalmente, para aplicar las medidas regresivas, como es hoy el paquetazo y su concreción con el salario mínimo, el holding financiero, la reforma pensional y la reforma laboral en curso.

Mantengamos la lucha con el llamado a la “navidad en la calle”. Las declaraciones que se apresuran a decretar la suspensión inmediata o inminente de las batallas en curso, no tienen cabida. Ellas, siembran la desconfianza y pretenden desmoralizar a los que luchan.

Más importante aún, una batalla de la magnitud de la que se está desarrollando, no puede concluir con un acuerdo cualquiera. No se trata de agarrar a las volandas la primera carnada que arroje el acosado régimen. La responsabilidad no consiste en darles un contentillo a los marchistas, y salir a mostrar una baratija como gran triunfo. Es necesario poner en jaque la política de los enemigos del pueblo, arrancar unas reivindicaciones substanciales y proseguir sin descanso la denuncia, la agitación y la organización que apunten, en el terreno de la resistencia, a reconquistar lo perdido en décadas de conciliación; avanzando hacia nuevas conquistas.

Adicionalmente, cualquier acuerdo decisivo, debe requerir la refrendación del Comité de Paro en pleno y la decisión de las bases, por ejemplo, en un encuentro de emergencia. Éste es un caso en que es preferible continuar ventilando los grandes pleitos que tiene el pueblo contra el régimen, que llamar a tranzar con cualquier migaja. El efecto político de estas jornadas es devastador para los mandamases. Proponemos que se avance en la concreción del paro nacional de la producción incluida la agraria, de los transportes y del comercio.
A la terquedad del gobierno hay que responderle con la mayor decisión. A los asesinatos hay que responderles con la defensa organizada de las movilizaciones, y la generación o generalización de las guardias indígenas, las guardias cimarronas, las guardias campesinas y la posibilidad de las guardias obrero-populares como forma organizada. Nos unimos a la exigencia del desmonte del Smad y rechazamos la militarización.

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Por último, fortalecer el Comité de Paro también implica respetar los procedimientos de la democracia conquistada históricamente por las organizaciones de base, y que no se pueden manejar con hechos cumplidos ni con negociaciones secretas a espaldas de las masas.

Habrá, seguramente muchas cosas en las que no nos podremos poner de acuerdo, pero la unidad en la lucha es esencial.
El encuentro de enero 30 y 31, hay que concretarlo para reagruparnos, realizando asambleas de base que definan sus voceros.

¡Viva el paro Nacional!
¡Salario mínimo que cubra la canasta familiar!
¡por el desmonte del ESMAD!
¡Abajo la reforma laboral!
¡abajo el Duque y su paquetazo!
¡Viva la unidad!

Comité de Solidaridad de la Cut-Valle de Cauca, Comité de Solidaridad Oziel Tapasco Quintero, Coordinadora de Solidaridad de Cartagena, Partido Socialista de los Trabajadores, Comité Nacional con las Pensiones No y Salario Digno, Nueva Cultura, ASPU-UIS, Notas Obreras.