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Es un hecho que el partido ganador de las elecciones presidenciales es el Centro Democrático (CD) dirigido por el expresidente y actual senador Álvaro Uribe Vélez. La estrecha relación entre éste y el electo presidente Iván Duque es inocultable. Alicia Arango, jefe de debate de Duque afirmó categóricamente que “Uribe es nuestro jefe” y Alberto Carrasquilla, ex ministro de Hacienda del gobierno Uribe, es el jefe del equipo de empalme entre los gobiernos saliente y entrante. Qué tanto será Duque títere de Uribe, está por verse, pero es indiscutible que su política está en la misma línea del viejo uribismo.

Por: PST – Colombia

Iván Duque no se ha posesionado pero ya la bancada del CD y sus aliados en el Congreso, obtienen un primer triunfo en la reglamentación de la ley estatutaria de la Justicia Especial para la Paz (JEP) al introducir modificaciones como la creación de una sala especial con magistrados distintos a los de la JEP –utilizando el argumento de que los magistrados de la JEP son de “izquierda”– para juzgar a los militares. Lo que busca el uribismo es impunidad para militares y paramilitares, y por supuesto cubrir a su Jefe de nuevas acusaciones, además, que todos los excesos de la guerra los paguen solo la Farc. Sobre las modificaciones aprobadas queda todavía parte del trámite y falta la opinión de la Corte Constitucional, si son o no constitucionales.

A la vez anuncia, que impondrá nuevas condiciones para negociar con el ELN, el retorno a la fumigación aérea de los cultivos de coca, otra reforma tributaria para favorecer a las grandes empresas, a los trabajadores del sector público amenaza con un severo recorte del gasto y una reforma pensional que afectará a todos los trabajadores y, que según dice, no aumentará la edad de pensión, pero acabará con el régimen de prima media para igualarlo al de los fondos privados de pensiones. La seguridad dice ser una de sus prioridades. La pregunta es ¿desmovilizada la guerrilla, encontrará justificación para mantener la misma política de Seguridad Democrática de Uribe?

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Es evidente que Duque y la nueva generación de uribistas están empeñados en aparecer como algo distinto de Uribe. Como tecnócratas jóvenes, preparados y eficientes, no como el terrateniente, domador de caballos y jefe paramilitar. Es el nuevo ropaje de la derecha mundial, pero con un discurso que raya con el fascismo, defendiendo abiertamente sus posiciones. Su discurso de triunfo electoral estuvo centrado en la unidad y el demagógico slogan de un gobierno para todos. Se permite este tono conciliador sobre la base de su triunfo, después de agitar durante su campaña contra los que “destruyen” y los que siembran “el odio de clase”, de azuzar el odio contra las guerrillas, contra los despojados de sus tierras, contra los que luchan por sus derechos, ahora, que ha logrado el triunfo dice que hay que dejar atrás los odios, las rencillas y que hay que pasar la página. Peligroso y hábil, porque se apoya en el sentimiento de hastío de la población más pobre y golpeada por tantos años de guerras de aparatos, de muerte y de impunidad.

Prepararnos para profundizar la lucha

El uribismo ganó, pero se nota cierto desgaste. A diferencia de las dos elecciones en las que triunfó Álvaro Uribe, en 2002 y 2006, quien ganó en primera vuelta y con amplio margen, Duque tuvo que pasar por dos vueltas y ganar la segunda a un competidor identificado como de izquierda, que creció porcentualmente mucho más que él. Entre la primera y la segunda vuelta Petro crece más no solo en términos porcentuales sino en votos absolutos. Este hecho reviste muchísima importancia. Hemos venido afirmando que Petro logró canalizar un proceso de rompimiento de sectores importantes de trabajadores con los partidos tradicionales, con los partidos de la burguesía, un proceso de bronca creciente, de cansancio ante tanta desigualdad social, potenciado por la unidad de todos los partidos de la burguesía para la segunda vuelta, quedando de manera nítida como la unidad de los de arriba por la defensa de sus intereses de clase.

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Ese proceso que se expresó en los más de 8 millones de votos contra Duque, es el punto de partida para organizar un gran movimiento de los trabajadores, que de manera independiente y en unidad con los campesinos pobres, indígenas, comunidades afro empobrecidas, y sectores populares, se levante como un solo puño para combatir desde el primer día a su enemigo número uno: el gobierno de Iván Duque y a su política de acuerdos con el imperialismo yanqui. Hay que preparar desde ya un gran Encuentro Nacional, Obrero y Popular que enfrente y derrote las reformas tributaria y pensional. Sigamos el camino de los trabajadores, argentinos, brasileros, nicaragüenses, venezolanos y hondureños que han enfrentado con la movilización permanente las políticas de sus gobiernos en contra de su nivel de vida y de los derechos del pueblo trabajador. Gustavo Petro tiene una enorme responsabilidad con esos millones de trabajadores que votaron por él contra la burguesía y con los que lo votamos críticamente. No se puede quedar en la anunciada oposición parlamentaria, allí no se va a lograr nada. Solo la movilización callejera, la huelga, el paro nacional podrán derrotar a este gobierno e impedir que esta ruptura que se está produciendo con los explotadores se pierda y retroceda.

Junio 25 de 2018
Comité ejecutivo del PST

Declaración publicada en El Socialista n.° 717, PST-Colombia.