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Disipado el humo de la explosión del atentado en la Escuela de Policía General Santander del pasado 17 de enero, sus nefastas consecuencias apenas empiezan a vislumbrarse.

“Pero el humo de la explosión se disipa, el pánico desaparece, un sucesor ocupa el lugar del ministro asesinado, la vida vuelve a sus viejos cauces, la rueda de la explotación capitalista gira como antes: sólo la represión policial se vuelve más salvaje y abierta. El resultado es que el lugar de las esperanzas renovadas y de la excitación artificialmente provocada viene a ocuparlo la desilusión y la apatía.”
León Trotsky, Por qué los marxistas se oponen al terrorismo individual, noviembre de 1911, Der Kampf.

Por CE del PST-Colombia

En comunicado fechado el 19 de enero, el ELN se adjudicó la autoría material e intelectual del atentado argumentando que el gobierno de Duque no respetó el cese de hostilidades unilateral anunciado por ellos mismos para finales de diciembre del año pasado y comienzos de enero. Intentando justificar militarmente su acción, sostuvo que por ser una instalación de la fuerza pública, “no hubo ninguna víctima no combatiente”. Más allá de la discusión en términos jurídicos y militares, esta acción fue un error monumental, un papayazo que la ultraderecha del uribismo y su gobierno han aprovechado para fortalecer su discurso de mano dura, que no sólo irá en contra de ellos, sino que afectará al conjunto de los explotados.

De nuevo el discurso antiterrorista y de la Seguridad Democrática

Toda la retórica antiterrorista volvió a salir a flote. Tras el atentado el Presidente Duque ha salido a retomar el discurso de la Seguridad Democrática y de la unidad contra el terrorismo. Así, políticas como las redes de informantes, o la de jugosas recompensas, que fueron parte fundamental de la Seguridad Democrática durante los dos gobiernos de Uribe, vuelven a ser lanzadas, y luego complementadas con lo que ya conocemos: la estigmatización con el rótulo de terrorista a cualquier manifestación de lucha contra el gobierno o la burguesía, el envalentonamiento del paramilitarismo, los asesinatos a líderes sociales y los falsos positivos. Como en los viejos tiempos de Uribe, seguridad y democracia para los ricos, terror y represión para los pobres.

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La política privilegiada del Uribismo y su idea de paz es la derrota militar de la guerrilla para arrodillarla, y así, en condiciones de rendición total, llevarla a la mesa de negociación. Por eso el gobierno de Duque desde su posesión, mientras incumple sistemáticamente puntos importantes del acuerdo de paz con la FARC, ha presionado al ELN a que entregue a los secuestrados y cese las acciones ofensivas, al tiempo que avanza en la militarización de las zonas controladas por esa guerrilla.

Además de la posibilidad de retomar la política uribista de la Seguridad Democrática, éste atentado le ha servido al gobierno para levantar su imagen, desprestigiada por las luchas estudiantiles, por los recurrentes escándalos de corrupción que involucran a sus amigos y miembros de su gobierno y por el malestar que produjo la ley de financiamiento.

Le ha servido al Fiscal General Néstor Humberto Martínez para tapar, al menos por un momento, los escándalos por su relación con la corrupción de Odebrecht y las sospechosas muertes de testigos claves de este caso. El respaldo del gobierno al desprestigiado fiscal se ha mostrado al darle un relevante protagonismo, pues es él, quien ha salido ante los medios de comunicación a dar los rápidos resultados de la investigación del atentado, y de emitir las órdenes de captura al Comando Central del ELN. Así ha logrado sortear por el momento el movimiento que exige su renuncia que ya había logrado cuajar importantes movilizaciones y actos en su contra.

Unidad contra el terrorismo, disputas en torno a la paz

Los llamados de Duque a la unidad contra el terrorismo le han servido para unificar a la burguesía, incluso a la gran mayoría de partidos de oposición. Pero esta unidad si bien le ha permitido ganar fortaleza amplificando los gritos de guerra de la ultraderecha, no ha podido llevar la unidad más allá de la condena genérica al terrorismo y a la violencia. Con relación a la ruptura de la mesa de diálogo con el ELN en Cuba y el pedido en extradición de sus negociadores, no hay total acuerdo. Acá se vuelve a manifestar la importante disputa entre los sectores de la burguesía, unos a favor de la política de Santos y otros de la de Uribe.

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Exigir al gobierno cubano que extradite a los negociadores del ELN significa el desconocimiento de un principio elemental en cualquier negociación con una organización insurgente, el de garantizar el retorno a la condición anterior a las negociaciones, lo que ha generado problemas con los países garantes. Cuba se niega a capturar y entregar a los negociadores del ELN, acudiendo al protocolo firmado por el gobierno de Santos en 2016. Por parte de los países garantes, Noruega ha declarado que está por el respeto del protocolo y Chile, contrario a lo que ha dicho el gobierno de Duque, al tiempo que rechaza el atentado, respalda el cumplimiento del protocolo.

Rechazo a los métodos terroristas y retomar la lucha contra el gobierno

Si bien es prácticamente inevitable que la consecuencia inmediata del accionar terrorista sea la confusión y la desorganización en las filas de los trabajadores, es necesario que la superemos pronto. No podemos dejar que el gobierno aproveche este grave error del ELN para avanzar en sus políticas antisociales y represivas, no podemos abandonar la lucha contra el gobierno. Pronto presentará el Plan Nacional de Desarrollo y tratará de aprovechar su fortaleza circunstancial para imponerlo.

Para eso tenemos que enfrentarlos con los métodos de la lucha colectiva, de la acción de masas, es decir los métodos de lucha de la clase obrera. Es la huelga, el paro, la movilización de masas y la autodefensa obrera ante la represión del régimen y el paramilitarismo, los métodos que tenemos que usar los trabajadores, para enfrentar al gobierno y conquistar nuestras reivindicaciones. Pero para ello es necesario también hacer un balance crítico del terrorismo, y de una vez por todas, desterrar sus métodos de las filas de los explotados, pues como lo demuestra una vez más éste atentado, toda acción aislada y alejada de las masas, sólo produce desorganización y retraso en la conciencia. Y no solamente es cierto para el terrorismo en el sentido estricto de la palabra, también lo es para el guerrillerismo como estrategia político-militar. Este atentado no solamente ratifica el fracaso del terrorismo, también de las guerrillas y el profundo daño que le han causado a la lucha por el socialismo en Colombia y el mundo. A pesar de estas profundas diferencias, no compartimos en absoluto la política de tierra arrasada de Duque y el Uribismo.

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