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Desde El Socialista, hemos venido siguiendo de cerca la situación de la pandemia, así como a los principales expertos en el tema. Nuevamente, al acercarse el nuevo plazo del 31 de mayo, se revive el debate sobre la cuarentena y sobre el control del virus. Hace poco Iván Duque anunció que piensa levantar gradualmente lo que queda de la cuarentena desde el 1 de junio.

Por María Houghton M.D / PST-Colombia

¿Está controlada la curva? ¿Ya pasó el peligro? ¿Qué ha pasado en los países donde han abierto la producción y el comercio? Todas estas cuestiones deben conocerlas y debatirlas todos los trabajadores, es nuestro asunto directamente y debemos tomar conciencia de eso para evitar ser títeres del “destino”.

¿Cómo vamos? ¿qué tan peligrosa es la pandemia?

Contrario a quienes detrás de un discurso antisistema niegan el peligro de la pandemia y promueven teorías conspirativas, nosotros los socialistas nos apoyamos en la ciencia. Una de las científicas colombianas que se han destacado por su seriedad durante esta crisis es la doctora Zulma Cucunubá, reconocida epidemióloga, según sus palabras para poder saber cómo vamos es necesario que existiera acceso libre a datos actualizados en tiempo real sobre camas totales, camas ocupadas covid confirmado, camas ocupadas covid sospechoso, camas ocupadas por otras patologías. Igualmente ella presenta un panorama teniendo en cuenta la transmisibilidad, la letalidad y las acciones de control1.

La transmisibilidad del virus (a qué tantas personas nuevas infectan cada contagiado), explica, se puede bajar mediante las medidas de aislamiento, el uso del tapabocas y el lavado de manos, esto controla la cantidad de personas que se infectan al tiempo y determinaría el impacto de la pandemia, con un riesgo de infección del 80% de la población en corto tiempo si no se tomara ninguna de estas medidas. Cualquier transmisibilidad mayor de 1, o sea con que cada infectado contagie a más de una persona va aumentando el riesgo de que colapsen los sistemas de salud, en el caso de la covid 19, un solo infectado infecta en promedio a 4 personas.

En cuanto a la letalidad (la muerte con relación a los contagios), si bien la forma de medir los contagiados puede tener muchos sesgos, una letalidad que parezca baja como el 1 ó 3% en realidad se convierte en un número altísimo de personas si la transmisibilidad no se controla. La letalidad aumenta en hombres, en personas con comorbilidades y en personas con bajo acceso o barreras de acceso a servicios de salud, lo que desmiente que la pandemia afecte a todos por igual.

Por lo que es necesario tomar acciones de control radicales, no basta con acciones de mitigación como en la pandemia de AH1N1 que tenía una mucho menor transmisibilidad y por lo tanto era de más fácil control. Por lo que la propuesta que defiende la doctora Cucunubá y varios de sus colegas, es que se realice una estrategia de supresión, es decir, la cuarentena o cierre radical; con el objetivo principal de evitar el colapso del sistema de salud, ellos mismos advierten que el levantamiento de las medidas va a producir un rebrote, por lo que el objetivo como lo hemos dicho es la preparación de dicho sistema, entendiendo que la cuarentena no se puede mantener por un tiempo indefinido. Aun así advierten la necesidad de realizar nuevos cierres en cuanto aumenten los contagios.

Es decir, para los sistemas de salud de nuestro país y región, son necesarios cierres mucho más severos y prolongados que en países con mejores sistemas de salud. También ha dado resultado en algunos países la estrategia de las pruebas masivas y el aislamiento de los positivos asintomáticos y sus contactos cercanos, pero eso solo se puede hacer teniendo las pruebas masivas que no tenemos, y manteniendo por tiempo indefinido las medidas de comportamiento como el uso de tapabocas, no acercarse a menos de 2 metros a otras personas, etc.

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Cuarentena a medias y con hambre

Todos los días Duque sale en su programa personal hablando de lo humano y lo divino, prometiendo ayudas, aportes y dineros, sin que esto se haya traducido en mejoras para la vida de la población. En los barrios la gente sigue saliendo a pelear por un mercado, en las grandes empresas el pan de cada día son los despidos, las bajas de salario y las extensas jornadas. Los alivios y regalos del gobierno a las empresas en impuestos, pago de pensiones, etc., no se han traducido en la prometida estabilidad laboral, han cogido el dinero e igual han despedido a los trabajadores o les han bajado el salario.

Ante esta situación, sumada a los efectos mentales esperados del confinamiento, es apenas natural que una persona del común pueda estar pensando que es hora de dejar la cuarentena atrás y de que “nos dejen trabajar”, desde luego es un reflejo de supervivencia pensar en obtener ingresos. Todos queremos salir al parque, regresar a visitar a nuestra familia y amigos, e incluso queremos volver a marchar como a fin del 2019.

El presidente mantiene la cuarentena de nombre, pero la realidad es que está levantada desde el 11 de mayo para una gran cantidad de la población, trabajadores de la construcción y la manufactura se sumaron las ya múltiples excepciones, en sectores de las capitales todo fluye como un día normal.

El precio de la reapertura

Pero esto ya ha tenido sus consecuencias, se han tenido que cerrar las obras en Hidroituango y el Túnel de la Línea a causa del brote de la Covid 19, cientos de trabajadores y sus familias están en riesgo, sin embargo, esta alerta parece no tener importancia para el presidente.

También son conocidas las noticias de varios países donde han tenido que volver a la cuarentena total luego de que la apertura o flexibilización disparase los contagios y las muertes, tal es el caso de Chile que volvió a la cuarentena total tras un rebrote y de Francia donde tan solo una semana después del regreso a las aulas, estas tuvieron ser cerradas de nuevo tras comprobarse un brote de al menos 70 contagiados.

Y es que para cualquiera resulta extraño o paradójico que las autoridades colombianas nos mandaran a cuarentena total con menos de 100 casos (decisión que era acertada por el riesgo inminente), nos dijeran que era peligroso salir a la calle, ir a la escuela e ir al trabajo en ese momento, y que nos digan que hoy con cerca de 17 mil casos y más de 600 muertes, de repente ya no hay tanto peligro y estamos listos, o casi listos, incluso empiezan a hablar de protocolos para abrir el sector del entretenimiento.

¿Sirvió la cuarentena?

Es cierto que la cuarentena parcial ha servido, eso es innegable, hemos logrado a un precio muy alto de empleos y hambre ralentizar el contagio, es decir, la curva asciende y avanza, pero a menor velocidad que si no se hubieran tomado estas medidas. Colombia, gracias a la presión ciudadana, es uno de los países que tomó medidas más tempranas y se logró modificar la pendiente de la curva de contagios, mostrando en la última semana un nuevo comportamiento al alza en relación a la flexibilización de la cuarentena.

Tenemos un comportamiento diferencial con una situación grave en Amazonas y una curva totalmente en alza en ese departamento. Aun así, tenemos un menor número de muertes que en otros países de la región como Brasil y el mundo, por ejemplo en el caso de Suecia que se usa como ejemplo de caso de éxito sin cuarentena, la realidad es que esta “estrategia” ha cobrado la vida de casi 4000 personas, con la mortalidad per cápita más alta de Europa, y lo peor es que parece ser que no ha servido para ayudar a la economía que va en caída igual que la de sus vecinos.

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La cuarentena, aún incompleta como la hemos tenido sirve, salva miles de vidas. Pero no elimina el peligro por arte de magia, es como un tratamiento médico que al suspenderse se corta su efecto. De no haber hecho la cuarentena nuestro sistema de salud habría colapsado a mediados de mayo, pero esto aún puede pasar y depende de las medidas futuras, dado que hemos aplazado el pico unos dos meses.

¿Listos para salir de la cuarentena?

Cuando vemos a Duque hablando de abrir más sectores y del regreso a las aulas nos preguntamos, ¿es que acaso hubo un cambio drástico en el sistema de salud?, ¿Ya tenemos las UCI suficientes para afrontar un pico como los que han tenido que ver en Italia o el vecino Brasil? ¿Ya llegó la bioseguridad a todos los trabajadores de la salud?, ¿ya están pagos todos los salarios atrasados y las deudas de las EPS con los hospitales? ¿Ya se están realizando pruebas masivas para aislar a los contagiados asintomáticos? Nos parece que la respuesta a cada una de estas preguntas es NO.

El gobierno, de la manera más irresponsable, movido por el interés económico de industriales y banqueros habla todos los días desde un país irreal donde no hay un brote activo ni una curva en ascenso. Basta ver la situación carcelaria y la situación de la región amazónica para darse cuenta de que Colombia está bien lejos de tener el brote bajo control a pesar de lo que se ha logrado.

El problema es que, si bien se aumentó la capacidad instalada tanto en diagnóstico como tratamiento, esta capacidad es aún muy insuficiente. En pruebas diagnósticas se pasó de tener 4 laboratorios a 40, pasando a tener 120 pruebas por 100 mil, mientras que países como Corea del Sur tienen 280, por lo que aún no se puede hablar de que estemos haciendo pruebas masivas. En materia de cuidados intensivos pasamos de 5000 camas a 6200, pero las 9000 que se necesitarían estarían listas para agosto y se desconoce el nivel de ocupación actual de esas unidades que es otro indicador muy importante.

Por el momento la mejoría de la capacidad del sistema se sigue concentrando en las capitales, de tal suerte que vía las barreras geográficas y sin contar con las diferencias de clase, etnia y aseguramiento 20 millones de colombianos en la práctica no tienen acceso a hospital de 3 nivel, ya que 70% de las UCI están en las capitales.

La Ley 100 sigue cobrando vidas

Hasta ahora sigue en vigencia la Ley 100 y el modelo de salud basado en el subsidio a la demanda, es decir, el sistema de intermediación de las EPS que parasitan los dineros de la salud y mantienen en quiebra las clínicas y hospitales. Los giros millonarios que el gobierno anuncia siguen llegando a EPS y ARL y de ello muy poco se destina a infraestructura, insumos y salarios. Continúan casi a diario las denuncias de personal de salud sin bioseguridad, sin salario hace 7 meses, e incluso hay despidos y bajas de salario en el sector. Mientras que no exista un sistema de salud verdaderamente público y centralizado, difícilmente habrá garantías de ser atendido en caso de enfermedad, de hecho, más de la mitad de los fallecidos, murieron sin haber llegado a una UCI.

Está pendiente mayor educación sobre el manejo del riesgo individual (por ejemplo, en las calles se observan cientos de personas con el tapabocas bajo la nariz o en el cuello), igualmente hemos recibido cientos de denuncias de que los trabajadores no se les ha dado la bioseguridad ni se cumplen los cacareados protocolos. Faltan los test masivos y falta un plan para aumentar la capacidad instalada del diagnóstico y manejo hospitalario en las regiones más vulnerables como la Amazonía, el Pacífico y Guajira, así como la frontera con Venezuela donde prácticamente estamos igual o peor que al principio.

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Tampoco hay avances en llevar agua potable a la Guajira, a los barrios de invasión y demás lugares de Colombia rural y urbana donde no la hay, y que suman una población de 2 millones de personas.

¿Hacia dónde vamos?

Si bien la Covid 19 es una enfermedad que estamos conociendo y la pandemia es hasta cierto punto un hecho inédito dada las particularidades de interconectividad, concentración de población urbana, etc., tenemos elementos para inferir que Duque está tomando una decisión irresponsable con la flexibilización, y peor aún será si se levanta la cuarentena completamente. Corremos el riesgo de un rebrote mortífero de consecuencias devastadoras.

Esta mortandad, y la crisis social secundaria en Colombia tendrá igual que en el resto del mundo un impacto diferencial de clase, de raza y de género. De no tener oposición y contrapeso el gobierno continuará privilegiando las ganancias y destinando los recursos de la emergencia a salvar la economía, pero no nuestra economía, sino la de los bancos y grandes empresas. Estaremos ante el desvío de los recursos vía la corrupción o los robos legales como las transferencias de dineros públicos a los fondos privados. La protesta que ha existido, ha sido fuertemente reprimida aún por los alcaldes alternativos. Pero esto no es motivo para desmoralizarse ni una mirada catastrofista, nosotros estamos convencidos de que es posible intervenir en la realidad.

Los trabajadores, los pobres, los padres de familia debemos empezar a pensar en tomar el destino en nuestras manos. Hay que organizar acciones de lucha unificadas y contundentes. Debemos realizar asambleas en las empresas donde se inicie el trabajo, haya o no sindicato, organizar comités para exigir las medidas de bioseguridad y exigir una veeduría permanente. De ser necesario ejercer la desobediencia civil organizándonos para no llevar los niños a las aulas, e incluso para la huelga de brazos caídos o huelga en casa para evitar el contagio y la muerte, al tiempo que exigimos una cuarentena sin hambre con renta básica universal, adecuación real del sistema de salud y un verdadero plan para salvar a la gente. También debemos exigir democratización de la información, datos reales abiertos al público y menos discursos demagógicos. Las decisiones en salud pública se deben tomar con base a argumentos científicos y no al servicio de las ganancias.