Compartir

La pandemia del covid-19 ha sacado a flote muchos problemas laborales que no se habían manifestado en forma tan clara. Uno de ellos, el grado de precarización laboral, en particular de trabajadores de la salud y trabajadores de la construcción civil que se expresó a través de protestas exigiendo formalización laboral. Además, con la pandemia vienen despidos, y muerte de muchos trabajadores que deben ir a producir ganancia para los capitalistas. Por eso debemos enfrentar la pandemia y sus consecuencias con sindicalización masiva y lucha organizada.

Por Alejandro Pereira

Las conquistas se están perdiendo

La contratación laboral precaria es cada vez más generalizada en todos los países. Ese ha sido el resultado de la ofensiva del capitalismo con la caída de los Estados obreros y la restauración del sistema de explotación de la fuerza de trabajo y privatización de los medios de producción en esos países, que pasó a tener como objetivo la ganancia y la acumulación de capital por parte de un pequeño porcentaje de nuevos ricos que emergieron apoderándose de la riqueza social que se había conquistado mediante la revolución socialista.

El resultado en los países capitalistas fue la eliminación paulatina de las conquistas laborales que los trabajadores habían arrancado −y que los burgueses habían concedido para frenar la revolución y así evitar perderlo todo−, además de las privatizaciones de empresas estatales, la privatización de la educación, la salud y los servicios públicos.

Junto con lo anterior, las luchas de resistencia no fueron lo suficientemente fuertes y las direcciones políticas y sindicales de los trabajadores traicionaron concertando los planes y colaborando con los gobiernos.

Aumenta la productividad pero no disminuye la jornada laboral

Cuando los trabajadores debíamos estar mejor, nuestra situación ha empeorado. Desde la revolución industrial, hace alrededor de 250 años, la productividad ha aumentado en forma extraordinaria debido al desarrollo de la tecnología, pero no ha estado al servicio de la sociedad y de los trabajadores, sino de un pequeño sector (el 1%) que ha acumulado ganancias y capital. La jornada laboral debía estar en unas 15 o 20 horas a la semana, sin embargo, hay jornadas de hasta 60 horas, incluso en Japón, uno de los siete países imperialistas de gran desarrollo tecnológico, donde los trabajadores mueren de karoshi (muerte por exceso de trabajo).

A cambio de distribuir el trabajo entre toda la población económicamente activa, se concentra en unos pocos que son superexplotados y el desempleo aumenta, siendo uno de los mecanismos para chantajear a los trabajadores con el propósito de que acepten las condiciones precarias y los salarios miserables.

La platica está mal repartida

Como la razón de ser del capitalismo es la ganancia y con ello la acumulación de capital, la desigualdad social es normal, y puede aumentar o disminuir dependiendo de la lucha de clases. En las últimas décadas, con el llamado neoliberalismo, la desigualdad se hizo cada vez más grande. Por ejemplo, el banquero colombiano Luis Carlos Sarmiento Angulo, puesto 153 de los más ricos del mundo, quien no produce nada de riqueza, se apropiaba en 2012 de 1.293 dólares cada segundo, mientras un trabajador de salario mínimo, de ese año, solo ganaba 200 dólares laborando un mes. Para que un trabajador de salario mínimo se ganara lo que Luis Carlos Sarmiento Angulo ganaba en un minuto, tenía que laborar 34 años. En 2020 seguramente la diferencia es mucho mayor. Entonces, el problema no es la falta de riqueza; es que la riqueza está mal repartida.

Lea también  Argentina | ¡Abajo el pacto social contra el pueblo trabajador!

Somos muchos, pero sin organización para luchar, no somos nada

Lo que explica, en parte, que los trabajadores de la salud y de la construcción civil sean tan explotados, es que no están organizados para luchar e imponer condiciones laborales. La experiencia demostrada en la historia del movimiento obrero es que si no se lucha y se busca imponer las mejores condiciones posibles para la contratación laboral y el mejor salario posible, son los capitalistas los que imponen sus condiciones.

Los trabajadores organizados podremos imponer condiciones favorables de trabajo. No olvidar que nuestro punto fuerte es el número (o sea que somos más que ellos). En una empresa pueden laborar miles de trabajadores para un solo patrón. Pero si la relación es individual perdemos. Si los miles están sindicalizados la balanza se inclina a favor de los trabajadores. Organizados somos poderosos, desorganizados no somos nada.

Cómo recuperar las conquistas y eliminar la explotación

El secreto de cómo enfrentar el problema de la explotación se descubrió hace más de 200 años. No se necesita mucho esfuerzo para entenderlo. Lo que sí se necesita es fuerza. Con el surgimiento de la revolución industrial se formaron las clases sociales, burguesa y trabajadora, dando origen a la explotación capitalista y la lucha de clases en esta sociedad. Los trabajadores fabriles ensayaron muchas formas de confrontación contra esa explotación, pero siempre buscaron hacerlo en forma organizada. En el caso de Inglaterra a través de sociedades de correspondencia clandestinas, con el ludismo destruyendo máquinas y fábricas para doblegar a los patronos, luego con el cartismo para buscar imponer leyes laborales favorables, y con sindicatos, que es la forma más conocida hoy en día. El camino para eliminar de raíz la explotación fue la revolución socialista, y el primer gran ensayo la Revolución Rusa de 1917.

Hoy debemos volver a retomar esa lucha. Tenemos a nuestro favor la historia y con ella la experiencia que dejaron las generaciones que nos antecedieron, además del número, pues al contrario de los que dicen muchos charlatanes, de que la clase trabajadora ha desaparecido, la pandemia del covid-19 está demostrando que no es así. Los capitalistas han puesto el grito en el cielo exigiendo que millones de trabajadores salgan a producir ganancia. No hay producción posible sin obreros y no es posible la prestación de servicios sin trabajadores. La sociedad puede sobrevivir y existir prescindiendo de los capitalistas, pero no de los trabajadores.

Lea también  “Marginal” y “terrorista” es el gobierno Bolsonaro que promueve un genocidio en el país

Sindicatos clasistas para la lucha, no para el acomodamiento y el individualismo

Los sindicatos de hoy poco tienen que ver con los que surgieron a comienzo del siglo dieciocho. Los capitalistas han sabido institucionalizarlos y con ello controlar la lucha, además de contaminarlos con el individualismo burgués. En esa época no existían sectores privilegiados de trabajadores y por lo tanto no había espacio para la burocracia sindical; la solidaridad era extraordinaria y el sentido de la lucha colectiva era muy fuerte. Era impensable la existencia de sindicatos patronalistas y muy raro que dirigentes sindicales colaboraran con los patronos. Hoy existen hasta burócratas-empresarios que contratan con las empresas −a través de la figura de contratos sindicales− administrando las nefastas Cooperativas de Trabajo Asociado (CTA) disfrazadas de sindicatos. Uno de esos casos está en el sector petrolero con la UTEN, afiliada a la CGT; en Seatech, la fábrica de atún Van Camps de propiedad de la vicepresidenta Marta Lucia Ramírez, el exalcalde Enrique Peñalosa y el expresidente Uribe, existe el sindicato patronal Sintramar, afiliado a la CGT.

En algunos países los sindicatos lograron, por ejemplo, negociar tarifas de salarios y horarios de trabajo, pero sobre todo que ningún empresario contratara trabajadores si no estaban sindicalizados. Eso es lo que hay que volver a lograr. Los sindicatos hoy están postrados cuidando las miserias de conquistas que quedan y no se preocupan por los tercerizados, por organizarlos y luchar unificadamente por contratación directa. Esto también sucede en las empresas del Estado, donde la contratación precaria puede ser peor que en el sector privado.

Pero es necesario construir sindicatos, o recuperar los que hay, con principios de independencia de clase y como instrumentos de lucha. Las conquistas se logran en una correlación de fuerzas favorable, no colaborando con el patrón. Otros principios que hay que rescatar son: la solidaridad, el internacionalismo y la democracia sindical; también hay que desterrar el burocratismo, el oportunismo y expulsar las burocracias sindicales. Todo esto en la perspectiva de acabar con el sistema de explotación y luchar por el socialismo, organizándonos también políticamente en partidos de los trabajadores, a cambio de apoyar a los patronos votando por sus partidos y candidatos, cada cuatro años. La alternativa es: la ganancia de los capitalistas o el bienestar de los trabajadores y la población pobre, distribuyendo la riqueza.

Sindicalización masiva de todos los trabajadores

Es comprensible que haya miedo a perder el empleo, la estabilidad laboral y el ingreso. Pero esto será inevitable si los trabajadores no luchamos unificada y organizadamente. La táctica de los patronos será dividirnos, como siempre lo han hecho, entre empleados y desempleados por un puesto de trabajo. Por eso hay que organizar, no solo a los que están empleados, también a los desempleados de cada sector, exigiendo la distribución del trabajo entre todos y reduciendo la jornada laboral sin rebaja salarial.

Lea también  Argentina | El hambre aumenta cada día

Solo pensemos en un sindicato clasista donde estén afiliados los 1.400.000 trabajadores de la construcción civil; un sindicato donde estén afiliados todos los cientos de miles de trabajadores de la salud; uno de la educación que afilie no solo a los estatales, sino que incluya a todos los docentes y trabajadores de la educación privada; lo mismo con los trabajadores del sector industrial de la alimentación, la metalurgia, el agro, y de todas las empresas de servicios, etc.

En medio de la pandemia, la sindicalización masiva se debe hacer al calor de la lucha, porque para los capitalistas no hay cuarentena que valga para despedir trabajadores, rebajar salarios y precarizar aún más la contratación laboral. Los trabajadores que hoy están acomodados, porque tienen un contrato directo e indefinido, que no se sindicalicen y luchen, serán tercerizados o despedidos, y si los sindicatos actuales no buscan organizar a los demás trabajadores de cada rama de la producción y los servicios, desaparecerán por sustracción de materia.

Responder a la matanza con la huelga

En lo inmediato hay otro problema a enfrentar; la crisis sanitaria originada por la pandemia durará varios meses, hasta que se produzca una vacuna que sea aplicada a la población entera. Por eso la situación en los próximos meses será crítica. A millones de trabajadores los enviarán a los centros de producción a generar ganancia a costa de sus vidas, es decir los enviaran a una matanza. En el mundo morirán millones. Las cifras serán altas o bajas dependiendo de la resistencia, y está dependerá de la organización. El ejemplo lo han dado los obreros del sector de la industria en Italia que comenzaron a realizar huelgas en muchas fábricas para intentar parar esa matanza.