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Una vez más, a los trabajadores no nos queda alternativa distinta a la de votar en blanco en las elecciones regionales del próximo octubre y, en contraposición, organizar la lucha contra los planes del gobierno de Iván Duque.

Por: Comité ejecutivo PST, agosto de 2019

El panorama es verdaderamente desalentador para los explotados y los pobres del país. La crítica situación económica y social que nos aqueja no encuentra respuesta en ninguna de las alternativas políticas reformistas que se disputan el apoyo de la población pobre. En ningún terreno. Ni en el democrático burgués de las elecciones, ni en el del enfrentamiento directo a la situación de hambre, desempleo y represión política.

Las propuestas electorales burguesas, como siempre, se reducen a concretar las maniobras clientelistas que les garantizan a las mafias regionales el saqueo del presupuesto público. En todos los departamentos y ciudades, los politiqueros burgueses tejen toda clase de acuerdos para colocar a los trepadores corruptos que por décadas se han enriquecido a costa de perpetuar la pobreza, el abandono y el atraso económico y social. Dejando de lado todas las diferencias sobre los acuerdos de paz, el manejo del régimen y la represión política, los partidos burgueses que apoyan al gobierno y los autoproclamados independientes han concretado frentes electorales para asegurarse el control de gobernaciones, alcaldías, asambleas y concejos.

Lo que resulta desconcertante para los trabajadores es la respuesta de las organizaciones políticas reformistas –Polo y Colombia Humana– y de los partidos de izquierda que se escudan detrás de estas organizaciones. Su objetivo no es el de unir a los explotados contra los planes del gobierno, el imperialismo y la burguesía sino la disputa caudillista y burocrática por los puestos de privilegio en las candidaturas y las listas. Sin importarles en lo más mínimo las angustias de los pobres y sus expectativas unitarias contra los explotadores, no han dudado en llegar a apoyar candidatos burgueses, en lugar de sumar esfuerzos contra los planes del gobierno.

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Las características antidemocráticas del régimen político colombiano, consagradas en la Constitución de 1991, les impide a las organizaciones políticas minoritarias de los trabajadores presentar candidatos a las elecciones burguesas. Ese privilegio está reservado a los partidos de los explotadores y a las organizaciones reformistas que se han incorporado a ese régimen, a cambio de su renuncia a combatir el capitalismo y sus lacras. Esa es la explicación de por qué no hay una propuesta claramente obrera y socialista que levante un programa para solucionar los problemas más agudos y urgentes de los millones de pobres, nacionales y venezolanos, que se debaten en medio del hambre y las privaciones y que ven, con impotencia, como son asesinados por decenas sus dirigentes. Las propuestas que desde estas páginas le hicimos al pasado Congreso de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT, de configurar listas obreras y populares con los mejores dirigentes de las luchas sindicales, campesinas y populares, alrededor de las cuales cerráramos filas todos los que estamos en contra de este gobierno y sus planes, fueron abiertamente desconocidas por la dirección de la Central. Algo similar ocurrió con nuestra propuesta de incorporar en puestos de privilegio de las listas de oposición a los líderes amenazados. Para todas esas organizaciones las prioridades están dadas por como ellos les administran los negocios a los capitalistas. De otra manera no es posible explicar que la “razón” última de la división en Bogotá entre Claudia López y Gustavo Petro sea la construcción de una u otra modalidad del tren metropolitano, y no la suerte de los setecientos mil desempleados de la ciudad, los tres millones de marginados que se hacinan en los barrios subnormales o las centenas de luchadores amenazados.

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A los trabajadores y a los activistas de las organizaciones socialistas y revolucionarias que no podemos levantar nuestros propios candidatos no nos han dejado más alternativa que la de dedicar todas nuestras fuerzas a la organización de los trabajadores tercerizados y no sindicalizados, a la difusión del programa del socialismo y a la búsqueda de la unidad de todos los que estemos dispuestos a luchar abiertamente contra los planes de explotación de la burguesía y de exterminio de los luchadores sociales.

Frente al actual proceso electoral, llamamos al voto en blanco ante la ola de asesinatos de luchadores en medio de un régimen y un gobierno que no dan garantías. El voto en blanco debe ser nuestro voto de protesta contra los planes de Duque, contra todos los candidatos de la burguesía y contra los acuerdos oportunistas del reformismo.