Compartir

Escribo este llamado de socorro desde mi propia realidad como médica, desde la angustia de mis compañeros y compañeras de trabajo por sus vidas y las de sus familias, recojo las denuncias en redes de cientos de colegas a lo largo del país ante la desprotección en que nos encontramos, con desigualdades claro, algunos como yo con el “privilegio” de un contrato de trabajo con cierta garantía de medios de protección y un salario regular, otros sin siquiera eso, pero todos inermes ante la realidad de una enfermedad que no nos enseñaron en la facultad.

Por: María Paula Houghton M. Ginecóloga UN

Pero por si la propia enfermedad ya no fuera tenebrosa, por si el fantasma de ver caer a nuestros pacientes uno a uno, el temor a infectar a nuestros seres amados o a la propia muerte no fueran suficientes, tenemos un problema mayor todavía: el sistema de salud privatizado.

La ley 100 de 1993 privatizó la salud y la entregó a intermediarios que se apropian de los recursos y hacen negocios con ellos mientras que miles de usuarios ruegan en enormes filas y call center por una autorización. Destruyó los grandes hospitales públicos y dejó a los otros en un estado de crisis permanente al instaurar un modelo de subsidio a la demanda (pago por cabeza a las eps) en lugar de a la oferta (financiación directa de los hospitales).

En los trabajadores de la salud tuvo efectos devastadores, durante los últimos 30 años la precarización y tercerización son el día a día, la enorme mayoría del personal de salud misional sigue contratado por prestación de servicios aunque hagan labores misionales, cumplan horarios y estén subordinados. Muchos han sufrido la epidemia de impagos como es el actual caso de los trabajadores del hospital de Florencia. Muchos trabajan en zonas de alto riesgo de orden público sin ninguna protección para su vida. La mayoría trabajan en dos y hasta tres sitios para poder completar unos ingresos dignos para su familia. Los contratos de planta con todos los derechos se volvieron la excepción.

Por eso estamos tan asustados, porque además de enfrentarnos a una enfermedad desconocida y mortífera debemos ir a esta guerra sin armas, o con armas muy precarias. De todas las clínicas y hospitales del país se escuchan denuncias sobre la falta de implementos suficientes de protección personal, escasean tapabocas, trajes de bioseguridad, alcohol, etc. En muchas partes han optado por racionarlos dándonos uno por turno, en otras les han indicado comprar sus propios elementos de protección, las mascarillas N95 son un lujo a tal punto que en una clínica de Medellín les han indicado compartirlo. Se conoció hace poco la denuncia de unas auxiliares a las que les dijeron que igual se iban a enfermar y que por su edad no les iba a pasar nada. No somos tontos, hemos visto las cifras de médicos y enfermeros caídos en China y en Italia, sabemos que ellos llevaban implementos de protección y aun así se infectaron y algunos murieron, qué será entonces de nosotros.

Lea también  Contra la Nakba continua, resistencia permanente

Durante los días que llevamos entre simulacro y cuarentena no nos ha sido garantizado el transporte hacia y desde nuestras casas, auxiliares de enfermería y personal del aseo que viven en barrios alejados de las clínicas han tenido que caminar horas para llegar a sus casas, en Medellín, Bogotá y Cartagena se ha denunciado esta situación, las rutas de transporte son muy escasas, no tenemos garantía para volver a nuestros hogares.

Varios hemos preguntado qué sucede si nos enfermamos, todo indica que las ARL no piensan responder, argumentando que si nos infectamos es por culpa nuestra por no usar los elementos de protección, mismos elementos que ellos no nos dan, mismos que igual pueden fallar. Si nos enfermamos por hacer nuestro trabajo ¿quién cubrirá nuestra incapacidad?, si lo hace la EPS solo recibiremos el 66% del salario en caso de ser de planta, descontando bonos de transporte y alimentos; peor aún le irá a quienes trabajen por OPS que recibirán ni la mitad de su salario. A una médica en Medellín que se le indicó guardar cuarentena de 14 días la IPS le canceló el contrato, es decir, ¡la despidieron! Fue gracias a la presión mediática que pudo recuperar su empleo y legalizar su situación. Todas las denuncias son anónimas, nadie quiere ser despedido.

Tampoco tenemos certeza de tener suficientes implementos e instalaciones para nuestros pacientes, tenemos miedo de que no alcancen los ventiladores y nos toque decidir a quién dejar morir, tenemos miedo de no dar abasto y no poder atenderles a todos. Por eso cualquier irresponsabilidad individual o cualquier demora del gobierno en tomar medidas la sentimos como una afrenta personal. Las personas denuncian en redes que en las líneas de atención nunca contestan, por eso aparecen en la puerta de nuestro hospital exponiéndonos a todos para recibir ayuda. En las líneas los envían a las EPS, ya sabemos que de ellas nada bueno puede esperarse más que barreras, filas y negación de derechos.

Lea también  Mujer y COVID-19: ¡muchos derechos están por (re) conquistar!

Nos dicen que somos héroes para subirnos la moral y que nos enfrentemos a retos que claramente nos superan apelando a nuestro compromiso, a nuestros juramentos y confiados en nuestro espíritu de sacrificio, tememos que de héroes pasemos a mártires.

Los aplausos y mensajes de ánimo que nos dan nuestros vecinos y pacientes los recibimos con amor y agradecimiento, los entendemos como un reconocimiento justo y nos llenan de esperanza. Los saludos, bendiciones y menciones especiales provenientes del gobierno de Duque y sus ministros son en cambio la expresión del cinismo, del Estado no requerimos saludos ni discursos, sino recursos y derechos. El presidente ha anunciado una prima especial para nosotros, un reconocimiento muy merecido, aún no sabemos si la prima es para todos o solo para quienes trabajan de planta o solo para los que están en urgencias de hospitales públicos; sin embargo entre los colegas hay molestia, porque una prima no cambia nuestras condiciones salariales y contractuales de base, no cambia el modelo de salud privatizado, y tampoco nos sirve para protegernos del virus. No queremos caridad, sino derechos.

Por eso es necesario que los trabajadores de la salud nos unamos y que hagamos un proceso de sindicalización masivo de emergencia (que los sindicatos sean de todos, y no de una pequeña élite privilegiada), somos nosotros y no el personal administrativo de la EPS quienes debemos estar al frente de la gestión de la crisis, optimizando los recursos pero en beneficio de todos y no en defensa de la ganancia de los mercaderes. Debemos unirnos ya en la exigencia de medidas inmediatas como:

  • Contratación de todo el personal sanitario necesario, no debemos doblarnos de turnos porque eso aumenta la exposición al virus, que se contrate ya a quienes están desempleados.
  • Convalidación inmediata de los títulos obtenidos en el exterior sin tanta burocracia, baste que el título sea homologable y lo emita una institución acreditada.
  • Contrato de trabajo a término indefinido para todo el personal de salud nuevo y antiguo, no más a las ilegales OPS ni cooperativas.
  • Además de la prima extraordinaria, aumento salarial acorde al riesgo que corremos.
  • Garantía de alimentación durante el turno.
  • Pago inmediato de los salarios y honorarios atrasados con el correspondiente interés.
  • Seguro de vida y funerario universal en caso de que lleguemos a morir a causa de la epidemia.
  • Garantizar a todos los trabajadores y trabajadoras de la salud los elementos de protección como mascarillas incluidas las N95 en cantidad suficiente, monogafas, gel antibacterial, etc. No al racionamiento de los implementos en detrimento de nuestra seguridad.
  • Control estatal e incautación de todo el material sanitario en manos privadas para evitar mafias y especulaciones con mascarillas y demás insumos. Importación sin condiciones, y producción estatal de estos implementos.
  • Derogatoria inmediata de la ley 100, que las EPS devuelvan el dinero de la salud y lo centralice el Estado bajo la veeduría de los trabajadores de la salud y las asociaciones de pacientes.
  • Garantizar la atención como enfermedad laboral por la ARL a todas las personas que se infecten con ocasión de su trabajo.
  • Las cuarentenas deben considerarse tiempo de incapacidad y de ninguna manera vacaciones o licencias no remuneradas.
  • Inyección de recursos y fortalecimiento inmediato de la red pública de hospitales, que las EPS devuelvan el dinero de la salud. Subsidio a la oferta YA!
  • De ser necesario impulsar un plan de obras públicas para la construcción de hospitales y pabellones de aislamiento de pacientes, creación de nuevos cupos de cuidado intensivo con la infraestructura y dotación necesaria.
  • Reubicación de puestos de trabajo de los trabajadores de salud mayores de 60 años o con enfermedad crónica, que ninguno tenga que estar en primera línea contra el virus.
  • Implementación de rutas que garanticen realmente el transporte de los trabajadores de la salud durante la cuarentena, pagadas por las IPS o por los entes territoriales.