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El Socialista entrevistó al Dr Pablo Martínez, médico quien desde hace cerca de 20 años trabaja y acompaña a las organizaciones de autoridades tradicionales indígenas en la búsqueda de la garantía de un derecho a la salud en un marco de diálogo sociocultural, sobre la situación de la Amazonía en medio de la crisis por la Covid 19.

Por PST-Colombia

  • ES: Pablo, gracias por tu disposición a colaborar con nuestro periódico, en primer lugar cuéntanos un panorama general de la situación.
  • PM: Gracias por la invitación. En primer lugar, señalar que la Amazonía colombiana es una región compuesta por los departamentos de Putumayo, Caquetá, Amazonas, Vaupés, Guaviare y Guainía, con algunas partes colindantes del Vichada. A la fecha, 4 de estos departamentos reportan casos, siendo el más notorio el caso de Amazonas, donde ya superan los 1200 casos.

Si uno ve las cifras, no pareciese una cifra importante, pero si tenemos en cuenta las poblaciones respectivas, nos encontramos con que departamentos como Amazonas, tiene la tasa de contagio por 100.000 habitantes más alta del país, la mortalidad asociada igualmente más alta, con un comportamiento del contagio de ascenso muy rápido. Este comportamiento se esperaría que fuese semejante en otros departamentos si no se toman medidas adecuadas.

Un tema importante es que la información con la que contamos corresponde a los lugares con una relativa buena comunicación: Leticia, Puerto Nariño, Mitú, San Vicente del Caguán, Puerto Asís. Si tenemos presente la alta dispersión de la región amazónica, en la cual habitan mayoritariamente pueblos indígenas, de la cual no tenemos información, y no tendremos en un corto plazo, podemos afirmar que va a ser muy difícil hacer seguimiento al impacto real que tendrá esta pandemia.

  • ES: ¿Cómo llega el virus a la Amazonía siendo un territorio alejado de Bogotá que fue el centro inicial del brote? ¿Se podría decir que la política del presidente Bolsonaro está afectando a Colombia?
  • PM: Hay que entender que si bien la Amazonía por el desconocimiento general parece un territorio alejado, realmente se encuentra interconectada globalmente. Desde las exploraciones enmarcadas en la búsqueda de El Dorado, y posterior al ciclo del caucho, la región hace parte de los diferentes circuitos de capital legal e ilegal. El narcotráfico, la minería ilegal, el turismo, el auge del capitalismo verde y los mercados de carbono, por mencionar algunos pocos, la exponen a estos fenómenos.

En el caso de Leticia y Puerto Nariño, su ubicación en el margen del rio Amazonas, un gran eje de comercio entre todos los países de la cuenca, y la estrecha relación con Perú y Brasil, lógicamente la expone a lo que ocurra en el vecindario. La respuesta de Brasil ha sido bastante débil, pese a que cuenta con mejores infraestructuras que Colombia y Perú.

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Indudablemente el manejo político dado a la pandemia por Jair Bolsonaro ha afectado la manera como la pandemia se ha propagado en la región, pero tal vez lo más importante es que su negacionismo y la incapacidad de asumir un liderazgo regional, impide que se actúe de forma conjunta y armonizada en toda la región.

  • ES: ¿Qué hace la población amazónica especialmente vulnerable al virus? ¿Es cierto lo que algunos han mencionado que hay riesgo de un etnocidio?
  • PM: Lo primero, es señalar que en la Amazonía, si bien la población es mayoritariamente indígena, también cuenta con colonos y mestizos o “caboclos”, quienes son nacidos en la región bien sea de relaciones entre colonos y entre estos y pueblos indígenas. Para cada una de ellas la vulnerabilidad es variable.

Los colonos y mestizos, esta se da en especial por las deficiencias en acceso a la salud de la región. Lo que ha ocurrido en Leticia, alrededor del Hospital San Rafael, es una buena muestra de la situación actual. Si a eso sumamos las deficiencias en infraestructuras y equipamientos urbanos, servicios públicos, y las enfermedades cíclicas de la Amazonía – malaria, dengue, diarreas diversas y enfermedades respiratorias diversas -, vemos que esta pandemia puede asociarse con otras de ellas, ampliando la vulnerabilidad de la población.

En el caso de los pueblos indígenas es importante separar los entornos. El indígena urbano, es un indígena en las mismas condiciones de muchos colonos y mestizos, que actualmente por su dependencia con la vida comercial, se encuentra principalmente vulnerable por la ausencia de comida, lo que motiva su salida diaria y la ruptura de las instrucciones de aislamiento. El indígena periurbano, presenta una situación semejante a la anterior, con la diferencia que cuenta con un territorio, que permite resolver algunas necesidades urgentes, pero genera otras vulnerabilidades, empezando por un menor acceso a servicios de salud.

Estas dos poblaciones, por la construcción urbana de su identidad, son aquellas que por estas determinaciones reflejan algunas enfermedades que conocemos como crónicas: diabetes, hipertensión, etc., que como hemos visto, cumplen un importante papel en la mortalidad.

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Finalmente tenemos al indígena que habita en el área más dispersa. Este si bien puede responder a una gran cantidad de necesidades, es en extremo vulnerable a las enfermedades nuevas, y sus posibilidades de acceder a los servicios de salud es remoto, por no decir que imposible. Frente a lo primero, la crisis de los Nukak en el Guaviare da unas pistas importantes sobre ello.

¿Estamos ante un posible etnocidio? Es posible. Recordemos que la población mayor es la más vulnerable en esta pandemia. Y el papel de los mayores, hombres y mujeres, en los pueblos indígenas es fundamental para la pervivencia de los sistemas de conocimiento existentes en cada uno de estos. Si los Estados optan por dejar a merced estas diferentes poblaciones, sin hacer algún esfuerzo articulado con las autoridades indígenas, podríamos afirmar que sí.

  • ES: ¿Qué nos puedes decir sobre la situación del sistema de salud, en infraestructura, insumos y situación del personal?
  • PM: Esa es una gran falencia en la Amazonía. Algo que hemos señalado desde hace años diferentes actores e instituciones, así como organizaciones indígenas, es que en esta región el Sistema General de Seguridad Social en Salud tal como está descrito, no funciona. La poca población hace que las EPS no cuenten con recursos para contratar lo que vale prestar servicios adecuados en la región.

Por tanto, las EPS contratan por muy poquito a las Empresas Sociales del Estado, casi que el único prestador en estas regiones. Como el recurso es poco, estas Empresas se contraen en personal, fortalecen algo la prestación urbana, y dejan sin acceso a la mayor parte del área rural. Si a eso le incorporamos las estrechas relaciones de las Empresas Sociales del Estado con las dinámicas políticas locales, encontramos un alto nivel de desfinanciación.

Los resultados saltan a la vista: poco acceso a servicios, infraestructura vieja con poca capacidad para adecuarse a las condiciones que ameritan la pandemia, personal con deudas salariales, escasez de equipos de protección personal, etc.

  • ES: Teniendo en cuenta las particularidades de la región, ¿es posible realizar una real cuarentena?
  • PM: Es muy complicado en los cascos urbanos y periurbanos, donde la vida funciona casi que al diario por la importancia de las cadenas de comercio. Solo aquellos funcionarios públicos cuentan con un ingreso sostenido garantizado. De tal manera, se podría decir que es muy difícil mantener estas en esos escenarios.
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En el caso de los pueblos ya dispersos es hasta el momento la única alternativa de contención. Entre varios actores lo que estamos buscando es reducir al máximo las necesidades de salir a los entornos urbanos a aprovisionarse.

  • ES: ¿Qué habría que hacer para mitigar el impacto del virus en esta región? ¿Cuáles serían las medidas consecuentes para proteger a las personas? ¿Las medidas que está tomando o ha tomado el gobierno de Duque, son apropiadas y suficientes a tu juicio?
  • PM: Básicamente es importante un enfoque regional, ya que las fronteras departamentales en esta región son ficticias y han servido de argumento para no garantizar el acceso a servicios de salud. Hay que tener presentes las diferencias entre poblaciones, tal como lo he mencionado, para ajustar las estrategias. E, indudablemente, tenemos que hacer participe a la población indígena, a sus formas organizativas y autoridades en la respuesta. Existe experiencia previa en muchos lugares, que podría ser útil en el marco de la pandemia.

La respuesta del gobierno Duque se ha concentrado en las principales ciudades y departamentos, aquellos que producen el crecimiento del PIB. Por eso no es raro que el debate se haya ido hacía la apertura inteligente de sectores. Más allá de la cantidad de decretos y demás, no existe en el gobierno una mirada territorial diferente, y parece que ha entrado a una etapa de esperar que surja el incendio y salir a apagarlo, como ha sido el caso de Leticia.