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El próximo 27 de octubre se llevarán a cabo las elecciones territoriales y la clase trabajadora acudirá a las urnas para elegir alcaldes, gobernadores, diputados, concejales y miembros de las juntas administradoras locales. Con las pasadas elecciones presidenciales, con ocho millones de votos a favor de la izquierda, son muchas las expectativas de cambio que se tienen, pero estas elecciones son distintas, el margen de voto de opinión se hace más estrecho pues las mafias políticas tienen mucho más control en este proceso electoral.

Por Alonso CH.

Lo que está en juego en estas elecciones es el control sobre los impuestos territoriales, las regalías del petróleo, los contratos de infraestructura, las concesiones de las empresas de servicios y el presupuesto de funcionamiento, miles de órdenes de prestación de servicios que son ofrecidas como compensación al apoyo electoral.

La clase trabajadora, debería participar en estas elecciones protegiendo estos recursos y poniéndolos al servicio de sus luchas y de su bienestar, pero el régimen político no permite su participación. El sistema de formación de partidos en Colombia exige que las organizaciones se conformen con un número de firmas igual al que se necesitaría para ser elegido y además con el pago de una millonaria póliza.

Por ello, es necesario que sindicatos y organizaciones de los sectores populares inicien una discusión acerca de la participación en las elecciones territoriales, más allá de la lucha por un puesto en la lista de avalados.

El rompecabezas electoral

El panorama político que ofrece el régimen es contradictorio, a nivel nacional aparecen dos bloques: el Centro Democrático y sus aliados, el Partido Conservador y otros partidos pequeños como los cristianos o lo que tienen su origen en sectores de la parapolítca, y por otra los que se plantean como oposición en defensa del acuerdo de paz. Partido Liberal, Partido de la U y Cambio Radical. Pero en las elecciones territoriales estos bloques no funcionan, pues los intereses por apropiarse del botín de los recursos públicos, hace que estas mafias electorales hagan acuerdos distintos.

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En los llamados sectores alternativos o reformistas sucede algo parecido, porque lo que se pone en juego es la próxima candidatura presidencial. La alianza de Centro firmada entre los Verdes, el Polo Democrático y Sergio Fajardo, aspira a quedarse con la Alcaldía de Bogotá, para eso intenta conquistar la votación de la derecha mostrándose como una alternativa al petrismo.

Pero Gustavo Petro hace algo parecido, busca un candidato que lo despoje de la imagen de izquierda radical, invitando a un neoliberal como el ex ministro de salud, Alejandro Gaviria, para apoyarlo por encima de los candidatos de Colombia Humana. En el caso del Polo Democrático, el MOIR está jugado a su alianza con los Verdes, pero para los otros sectores es difícil sostener un acuerdo con un uribista como Sergio Fajardo, que apoyará en Cali a la alcaldía al heredero del Ingenio Manuelita, mientras dos senadores del Polo han estado apoyando las luchas de los trabajadores y las comunidades contra los ingenios.

Esta política de conciliación de clases o de alianzas con sectores burgueses, lo único que produce es desmoralización en la clase trabajadora, que ha depositado su esperanza en un cambio que nunca llegara, pues esta política ayuda a la burguesía a mantener su poder político, económico e ideológico sobre la mayoría de la población pobre y explotada.

¿Y la clase trabajadora?

En las pasadas elecciones, la clase trabajadora le dio un decidido respaldo a la candidatura de Gustavo Petro, en medio de una polarización histórica en el que se decidió entre el continuismo encarnado en la candidatura uribista y una opción que aparecía a la izquierda. Pero en estas elecciones territoriales, la clase trabajadora tiende a tener menos en cuenta sus ideas e intereses colectivos y vota por motivaciones más personales: por los vecinos, por los amigos o por el politiquero que promete ayudar, sin importar que hagan parte de los partidos tradicionales y que de esta manera apoyen la corrupción y las políticas patronales.

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Se asume el voto como un favor o como una forma de contribuir a solucionar un problema inmediato individual o colectivo, pero no se busca en las elecciones locales una forma de apoyar las luchas que hace en la fábrica, en la universidad o en la comunidad.

En este Congreso de la CUT, la principal central de la clase trabajadora en el país, las elecciones deberían ser un punto fundamental, no para hacer propaganda de las candidaturas de los alternativos y reformistas, sino para discutir la participación política de la clase obrera y los sectores populares con programas y candidaturas propias.

Este programa, no debe partir de la ilusión de humanizar el capitalismo, al contrario, debe ser un programa que confronte al capitalismo, que se convierta en una alternativa a la derecha y al reformismo, que luche contra la corrupción como un producto de la economía capitalista, contra el hambre y la miseria, contra el desempleo y la precarización laboral, por la estatización sin indemnización de las empresas privatizadas, contra el asesinato de dirigentes sindicales y populares y contra toda forma de opresión y discriminación.