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Declaración inocua y “statu quo” organizativo.

Las conclusiones del pasado congreso de la CUT serán indiferentes para la mayoría de sus afiliados y los trabajadores en general. Es comprensible esta actitud, pues la dirigencia burocrática de la central hace mucho tiempo que no refleja las angustias cotidianas de la mayoría de los trabajadores colombianos.

Por CE del PST-Colombia

La discusión fundamental debería haber sido cómo acabar definitivamente con la tercerización laboral, o cómo luchar por un incremento sustancial del salario mínimo y por mejorar realmente las condiciones de existencia de la mujer trabajadora, e igualdad salarial para mujeres y jóvenes. De esa discusión se habría desprendido la necesidad de un plan de acción para derrotar el Plan Nacional de Desarrollo de Duque y sus consecuencias en el terreno laboral, educativo, de salud, pensiones, impuestos y medio ambiente. Y ese plan de acción no puede ser otro que preparar un Paro Cívico Nacional o una Huelga General de la producción y los servicios.

Si bien en la Declaración Final se enumeran muchos de esos problemas y otros que afectan al pueblo trabajador, es una declaración inocua, que la burocracia usa como taparrabo para esconder su sumisión a los planes del gobierno y el imperialismo.

Del “paro nacional” del 25 de abril…

El VII Congreso de la CUT tuvo como preámbulo el llamado “paro nacional” del 25 de abril y el Primero de Mayo, que no pasaron de ser movilizaciones de protesta del magisterio público y algunos sindicatos estatales. Pasada la coyuntura del masivo paro universitario de 2018 y la Minga Indígena de marzo de este año, que paralizó el suroccidente del país, sólo los ingenuos podían creer que se iba a realizar un Paro Cívico Nacional como el de 1977. El llamado a paro sólo tenía como objetivo maquillar a la dirigencia sindical que se encontraba a la cabeza de la negociación de los pliegos de Fecode y los sindicatos estatales, sin obtener mayores compromisos por parte del gobierno.

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Una evidencia de eso es que las negociaciones con el gobierno no se suspendieron durante las deliberaciones del Congreso de la CUT y finalizaron poco después con un acto protocolario en el que la dirigencia de la central sirvió de decoración para la foto con Duque, mientras se presentaba el acuerdo con los sindicatos como “histórico” y el gobierno se comprometía –en el papel– a acabar con las plantas paralelas en el sector estatal –calculadas en un millón de trabajadores tercerizados o bajo la figura contractual de ODS– “a costo cero”, o sea sin elevar el presupuesto de las entidades gubernamentales, eso sí, “siempre y cuando sean actividades misionales”. Junto con estas promesas de papel el gobierno anunció que el reajuste salarial sería del 4.5% para el sector estatal, lo que simplemente equivale al IPC de 2018 y la inflación de los primeros meses de 2019.

Los trabajadores estatales saben lo que significa “formalización a costo cero”: abrir concursos para proveer cargos que dejan sin empleo a los trabajadores que han laborado durante años sin estabilidad laboral, al ponerlos a competir por el cargo que han desempeñado con los millones de desempleados sobre-capacitados en universidades públicas y privadas.

… a la conciliación con el gobierno de Duque

Desmovilizados los estatales por un buen tiempo, la lucha social obrera, popular, estudiantil, indígena y campesina, volverá a expresarse como lo ha hecho en los años recientes: de manera coyuntural, sectorial y desarticulada. La verdadera preocupación de la burocracia de la CUT en el Congreso de la central era legitimar los cargos obtenidos en unas elecciones plagadas de irregularidades y fraudes descarados, y poder dedicarse a las elecciones de juntas administradoras locales, concejos, alcaldías, asambleas departamentales y gobernaciones, poniendo los recursos de la central al servicio de la politiquería local y los acuerdos entre los llamados partidos de izquierda y cuanto politiquero oportunista esté dispuesto a negociar avales y repartición de cargos públicos.

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Por eso el llamado Plan de Acción para concretar un Paro Nacional no pasará de esporádicas convocatorias de la llamada Coordinadora de Organizaciones Sociales y eventuales jornadas de protesta que saquen presión a la olla del descontento social, dándole margen al gobierno de Duque a que sortee la crisis política que corroe a un régimen que se hunde en la podredumbre de la corrupción, mientras continúa el genocidio de los líderes sociales.

A esta política conciliadora de la burocracia sindical, desde las bases de la central debemos oponer la coordinación de las luchas de los trabajadores y los demás sectores sociales empobrecidos, independiente de a qué central se pertenezca. Ese proceso de base será el verdadero camino para recuperar a la CUT para la lucha.