Compartir

El Paro Nacional ha sido una necesidad imperiosa de la clase trabajadora, del campesinado, de los pobres y demás sectores sociales afectados por las políticas neoliberales de los gobiernos, al servicio de los más ricos, pero en especial del gran capital imperialista y sus multinacionales.

Por: PST, Colombia

Luego de muchos anuncios y postergaciones, de varias rupturas del Comando Nacional Unitario y de varios intentos por desviar la lucha social hacia las elecciones, con las vacilaciones de la dirección de la CUT y de Fecode, en cabeza del MOIR, los dirigentes reunidos en el Encuentro Nacional Obrero, Sindical y Popular del 8 y 9 de febrero, presionados por sus bases, golpeadas por el costo de vida y la violación sistemática de sus derechos, por fin le pusieron fecha al paro y el día ha llegado: el 25 de abril.

Razones para salir sobran, bastaría la ola de asesinatos selectivos desatada desde la elección de Duque, o el incumplimiento de todos los pactos y acuerdos con distintos sectores sociales incluidos maestros, campesinos, pobladores del pacífico, desmovilizados, etc. De igual manera, el gobierno de Duque ha cumplido un papel de lacayo de Trump en su intervención a Venezuela, que vive una crisis humanitaria con Maduro atornillado en el poder. Por eso llamamos a la clase trabajadora inmigrante venezolana a que se sume a este Paro Nacional, porque no será el imperialismo el que solucione los problemas del pueblo venezolano sino la clase trabajadora misma la que debe echar a Maduro, para evitar que Guaidó entregue los recursos petroleros a las multinacionales.

Sin embargo, la necesidad de lucha y la situación apremiante por mejores condiciones de vida, derechos laborales y humanos, contrastan agudamente con la falta de preparación del paro – muy pocas asambleas de base en los sindicatos, no se organizaron comandos de paro en barrios o comunas, casi ni se vincularon trabajadores del sector privado–,  y lo que podríamos considerar el talón de Aquiles del movimiento: existe un divorcio entre la clase obrera industrial –única capaz de parar la producción y propinarle un golpe al gobierno y la burguesía– y la dirección del paro, que son en general organizaciones políticas de izquierda, dirigentes populares, campesinos, indígenas y la CUT, cuya mayoría son maestros.

Lea también  Colombia | La cara oculta de los acuerdos entre Fecode y el MEN

Un ejemplo de esta situación de desarticulación es la salida de la Minga casi un mes antes de la fecha del paro nacional acordada en el encuentro nacional, entendiendo las necesidades y urgencias de cada sector, sin medrar nuestro respaldo incondicional a los mingueros que luchan, es importante ver que allí se manifiesta la dificultad para coordinar en el tiempo las agendas de distintos sectores. En este momento, cuando se requeriría de la lucha unificada la Minga está recuperándose del desgaste natural de su lucha reciente. Sin embargo, como el gobierno no ha solucionado estructuralmente ninguno de sus problemas, persiste la necesidad de que indígenas, afros y campesinos se unan a la lucha nacional.

Es justo además decir que una sola acción de paro no será suficiente para lograr este propósito, pero lejos de desanimarnos debemos prepararnos para nuevas jornadas de lucha, tomar el ejemplo de Argentina donde han tenido que hacer sucesivas huelgas generales para contener la arremetida de Macri, igualmente el ejemplo de los chalecos amarillos en Francia que sábado a sábado han salido en revueltas cada vez más radicales.

Los socialistas estamos hoy en las calles porque creemos necesario un Paro Nacional y la jornada de hoy debe ser el primer paso, porque solo la movilización podrá derrotar los planes de Duque que se concretan en su Plan Nacional de Desarrollo contra los trabajadores y campesinos al servicio de las multinacionales y el imperialismo, en él se anuncia una nociva contrarreforma laboral, el despojo de derechos para indígenas, lgbts, mujeres y afros; el desmonte de los ya recortados derechos de salud y educación; y en particular la entrega de los recursos naturales al extractivismo minero energético. Por eso enarbolamos de manera unitaria la consigna: Abajo Duque y su Plan de Desarrollo.