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Del 27 al 29 de junio se reúne en Medellín la 49 Asamblea General de la Organización de Estados Americanos, OEA, el mecanismo de coordinación política del imperialismo yanqui y las burguesías latinoamericanas. Todas sus medidas, sin excepción, están dirigidas a mantener las condiciones de sometimiento político, de explotación económica y de control social de los trabajadores y los pobres del Continente.

Por PST-Colombia

La OEA y la Organización de las Naciones Unidas, ONU, fueron creadas por el imperialismo mundial, encabezado por los EE.UU., para enfrentar los alzamientos revolucionarios que sucedieron a la Segunda Guerra Mundial, y de prevención de los que pudieran venir en adelante impulsados por la devastación que produjo ese gran conflicto interimperialista. No es ninguna casualidad que la ONU naciera en San Francisco, California, el 24 de octubre de 1945 y que tenga su sede en Nueva York. Como tampoco es casualidad que la OEA lo haya hecho el 8 de mayo de 1948 en Bogotá y que tenga su sede en Washington. Las dos organizaciones se construyeron recién terminada la Gran Guerra bajo la conducción y la tutela del imperialismo yanqui, y esa paternidad se mantiene hasta el día de hoy.

La OEA se ha comportado, desde entonces, como una agencia norteamericana para el dominio semicolonial al servicio de los intereses de las multinacionales y de los gobiernos del imperialismo y de las abyectas burguesías latinoamericanas. Sus agencias, consejos, comités y pactos colaterales cumplen con los dictados yanquis en todos los terrenos de la vida económica, política, social, jurídica y militar de los pueblos de América. El TIAR, Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, firmado en Río de Janeiro el 2 de septiembre de 1947, es un tratado que obliga a los gobiernos del Continente a estar del lado de cualquiera de los países firmantes cuando uno de ellos sea atacado. Sin embargo, el gobierno de Washington se puso del lado de los ingleses contra Argentina en el conflicto por Las Malvinas, alegando que fueron los australes los agresores. Además, ese tratado no ha sido obstáculo para las decenas de agresiones e invasiones armadas protagonizadas por los yanquis contra los latinoamericanos. Cuba, Panamá, Nicaragua y Grenada son los casos más recientes y conocidos de la agresión militar abierta del imperialismo contra los países latinoamericanos, sobre los cuales la OEA ha guardado silencio cómplice.

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Papeles igualmente cómplices cumplen el Consejo Interamericano Económico y Social, el Comité para la Educación, la Ciencia y la Cultura y el Comité Jurídico Interamericano que, por norma general, adecúan los planes económicos sociales y educativos continentales a los intereses de las multinacionales, y que emiten los fallos y pronunciamientos jurídicos y políticos conforme a los dictados del Departamento de Estado yanqui. La aplicación unilateral del tratado de extradición con Colombia es apenas una muestra de eso. Decenas de colombianos son enviados cada año a las prisiones de los EE.UU., y ni uno solo de los mercenarios o de los grandes narcotraficantes yanquis que delinquen en el país es extraditado en compensación.

La actual política intervencionista del imperialismo en los asuntos internos de Venezuela y Cuba es abiertamente apoyada por la OEA, a través del llamado Grupo de Lima, que encabezan Colombia y Chile, ratificando que, setenta años después de fundada, sigue siendo una agencia de dominación en las semicolonias al servicio de Washington.

No obstante, el enorme ascenso revolucionario internacional que se abrió al finalizar la Segunda Guerra con la derrota del nazismo, el imperialismo pudo construir estos aparatos contrarrevolucionarios porque contó con el aval de la burocracia soviética encabezada por Stalin que, como parte de los acuerdos firmados con F.D. Roosevelt y W Churchill, en representación de los yanquis y los británicos, aceptó disolver la Tercera Internacional. Stalin renunció a la tarea de extender la revolución proletaria y liquidó el mecanismo construido por Lenin y el Partido Bolchevique para coordinar la lucha obrera internacional. A cambio comprometió a la URSS y a China en la construcción de la ONU, haciendo parte de los gobiernos de los 51 países que la fundaron. A pesar de los constantes roces que tuvieron con los gobiernos capitalistas al interior de la ONU, su presencia en el organismo legitimó los planes intervencionistas y contrarrevolucionarios que el imperialismo lanzó durante setenta años contra los trabajadores de todos los países. El resultado de esa colaboración está a la vista: el dominio del imperialismo se ha extendido y la burocracia soviética y china restauraron el capitalismo en todos los países donde la burguesía había sido expropiada.

Un papel similar cumplieron los movimientos y gobiernos nacionalistas que, bajo el rótulo de “progresistas”, han desviado la lucha de los explotados contra el capitalismo, manteniéndolos en el campo del reformismo burgués, tratando inútilmente de construir un capitalismo humanista, sin llamar a la expropiación de la propiedad privada y sin tomar medidas contra el imperialismo que los está atacando. Con esta política solo han conseguido prolongar la agonía del capitalismo decadente y profundizar la pobreza y los padecimientos de los miles de millones de pobres de los cinco continentes. El estalinismo y todas las variantes reformistas y nacionalistas le han hecho el favor al imperialismo y a los capitalistas, abierta o veladamente, de alejar al proletariado y a los trabajadores de la necesidad de mantener su independencia política y de organizarse por fuera de todos los aparatos burgueses de conciliación de clases, que controlan e impiden la irrenunciable y urgente necesidad de luchar por la abolición del capitalismo a nivel mundial.

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Ningún obrero con conciencia de clase, ni ningún revolucionario honesto puede negar que un balance objetivo y clasista de los gobiernos de Lula en Brasil, de Evo Morales en Bolivia, de Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela y de Daniel Ortega y el sandinismo en Nicaragua solo puede arrojar que, después de muchos años al frente de sus países, no han hecho nada distinto a mantener las bases capitalistas de la explotación, y que no han dudado en recurrir a la más abierta represión a los trabajadores para sofocar sus huelgas y sus luchas, y para sacar adelante los planes antiobreros de sus burguesías, de las cuales son parte integrante.

Esta nueva realidad coloca a los trabajadores de todos los países ante la tarea de reconstruir la Internacional obrera como el mecanismo autónomo de coordinación de sus luchas, para enfrentar los aparatos de coordinación de la contrarrevolución mundial: la ONU y la OEA. Una Internacional que además se decida a combatir políticamente a los llamados “gobiernos progresistas” que han enlodado las banderas del socialismo y que han desprestigiado la lucha y los objetivos del proletariado y los explotados, dándole una mano ideológica y política a la burguesía más reaccionaria -como el uribismo en Colombia o el bolsonarismo en Brasil-, empeñada en defender las formas más degradadas y degradantes del capitalismo y la explotación. Una Internacional que levante abiertamente el programa de la Revolución Socialista Mundial y de la liquidación del capitalismo imperialista, que ha colocado a la humanidad ante la perspectiva de su propia destrucción y de la destrucción del hogar común que nos ha donado la evolución de la vida en el Planeta.

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Por tal motivo, los trabajadores debemos utilizar la oportunidad que nos brinda la realización de la 49 Asamblea de la OEA para denunciar su papel contrarrevolucionario y para explicar la necesidad de la organización nacional e internacional independiente de los trabajadores que levante un programa obrero y socialista de combate a todas las expresiones imperialistas, burguesas y reformistas.

¡Abajo la OEA, la ONU y todos sus organismos de control imperialista!

¡Fuera el imperialismo yanqui y sus sirvientes de la OEA de Venezuela!

¡Contra el intervencionismo yanqui, unidad obrera y popular!

¡Por la movilización autónoma de los trabajadores contra los gobiernos nacionalistas burgueses!

¡No más propaganda reformista de defensa del capitalismo!

¡No hay un campo capitalista de la vida y otro de la muerte!

¡No hay un campo capitalista por la paz y otro por la guerra!

¡Hay un solo sistema de explotación capitalista imperialista mundial al que debemos oponer el campo obrero por la revolución socialista!

¡Ni Maduro ni Guaidó! ¡Por una Venezuela obrera y socialista!

¡Romper el TIAR y todos los tratados que nos unen al imperialismo!

¡No pagar la fraudulenta deuda externa!

¡Por la reconstrucción del partido mundial de la revolución!

¡Viva la Revolución Socialista Mundial!

¡Viva la Liga Internacional de los Trabajadores -Cuarta Internacional [LIT-CI]!

¡Viva el partido Socialista de los Trabajadores de Colombia, PST!