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Colombia Humana y la Unión Patriótica han anunciado una alianza que se plantea que irá más allá de las próximas elecciones territoriales y que aspiran a reunir una convergencia de los sectores que apoyaron a Gustavo Petro en las presidenciales. Por lo pronto, anunciaron una reforma estatutaria y un cambio de logo, que permitirá que las dos organizaciones participen en las próximas elecciones.

Por Alonso C.H.

Pero este acuerdo es en esencia electoral, es producto de la imposibilidad de una reforma política que permita la participación de minorías, de las limitaciones que impone la ley a la creación de partidos (50 mil firmas, costosas pólizas) y de la negación de la personería jurídica de la Colombia Humana. En este acuerdo el petrismo pone sus bases electorales y la UP su personería jurídica.

Gabriel Becerra, secretario general de la UP, había manifestado en el pasado mes de febrero en el Semanario Voz: “La dirección de la UP mantiene abierta la posibilidad de avanzar en un proceso de fusión, empezando por una primera etapa de alianza electoral donde inclusive, estaríamos dispuestos a promover reformas estatutarias relacionadas con el cambio de nombre y la toma de decisiones compartidas para definir avales y coaliciones para las elecciones locales. Si podemos ayudar a derribar obstáculos para que los líderes identificados con el ideario de Colombia Humana puedan ejercer su derecho a participar, estamos abiertos a mirar opciones”.

¿Cuál es el programa político de esta nueva alianza?

Para la Unión Patriótica será la defensa de los acuerdos de paz, la unificación de los sectores reformistas en torno a una bancada y unas administraciones locales que defiendan la implementación como fue acordada con Santos.

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Para la Colombia Humana es la modernización del capitalismo y de la democracia liberal, la conversión industrial a energías alternativas y de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en los procesos de explotación.

Para la clase trabajadora, ninguno de estos dos programas responde a sus necesidades, al contrario, son programas que promueven la posibilidad de un ‘capitalismo con rostro humano’, de un ‘trabajo decente’, como si lo indecente no fuera la explotación capitalista.

Crisis del reformismo

A pesar de la votación de Gustavo Petro, que expresa un proceso de disposición de las masas a la lucha política, los partidos reformistas no han podido consolidar ese potencial, pues sus programas responden a intereses de la pequeña burguesía que aspira a un Estado liberal moderno y no a las necesidades de la clase trabajadora, que en su mayoría tiene empleos precarios e informales.

El mismo Gustavo Petro ha optado por proponer candidaturas liberales como la de Alejandro Gaviria en Bogotá y Adelina Covo en Cartagena, en vez de promover a los luchadores sociales que son víctimas de la masacre sistemática con la que el establecimiento pretende controlar la movilización de las comunidades.

Por otra parte, el Polo y la Alianza Verde siguen apostando a su acuerdo con sectores burgueses como lo hicieron a la presidencia con Sergio Fajardo, quien hoy apoya a los terratenientes azucareros a la Alcaldía de Cali.

¿Más allá de la Colombia Humana?

En las pasadas elecciones el Partido Socialista de los Trabajadores dio su voto crítico a Gustavo Petro, proponiendo ir más allá de la Colombia Humana, es decir, más allá de las propuestas que pretenden maquillar el rostro de esa tragedia de la humanidad que es el capitalismo.

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Por ello, el reformismo está tan preocupado por la ‘crisis institucional’, por la defensa del Estado Social de Derecho y la Constitución del 91, porque quieren garantizar el funcionamiento ‘moderno’ del capitalismo. Al contrario, la clase trabajadora requiere destruir el sistema de explotación y debilitar esas instituciones.

Este acuerdo entre la Unión Patriótica y la Colombia Humana resuelve las limitaciones que impone el régimen electoral al petrismo y la existencia jurídica de la UP, incluso para algunos liderazgos sociales que muchas veces deben entrar en el mercado de avales de partidos como el MAIS y la Alianza Verde, pero no las necesidades de la clase trabajadora de tener una expresión electoral con un programa político que responda a sus luchas.